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Y es que, si su nombre primitivo no bastara para probar esa teoría, ni tampoco la escena esculpida en la portalada meridional en la que aparecen las tres Marías ante el Sepulcro, insisten en recalcar los defensores de dicha opinión, en la donación del templo que hizo en su día Alfonso VII a la Orden del Santo Sepulcro de la encomienda de Miraflores. Y ya no solo eso, sino en resaltar los trabajos que aseguran que la planta de esta edificación se levantó en recuerdo al Santo Sepulcro de Jerusalén, que a su vez, se construyó a imitación del santuario islámico de la Cúpula de la Roca, lugar reconocido también como santo por los credo judío y cristiano.
Y es en realidad este último apunte, el que ha atraído toda nuestra atención.
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| Planos de los templos Vera Cruz y Cúpula de la Roca |
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| Plano del S.IX del Santo Sepulcro de Jerusalén |
Sabido es, que no tan solo la Cúpula de la Roca o el Santo Sepulcro de Jesrusalén han sido comparados con la Vera Cruz de Segovia, sino también otros muchos templos de factura circular, pero, casi siempre, esas comparaciones se basan en señalar las influencias arquitectónicas entre unos y los otros, obviando el por qué de la predilección teológica por ese diseño de planta en particular.
Realmente, es complicado de sintetizarlo en toda su magnitud. Por tanto, para esclarecer un poco lo que no se puede definir con palabras, intentaremos vislumbrarlo con la imagen:
Con la peculiaridad de ser el único códice de su género que no fue copiado para un monasterio, sino que fue encargado por unos reyes cristianos para mantenerlo en su aula regia, el Beato de Fernando I y Sancha es todo un compendio de sabiduría. En él, se encuentra esta miniatura con una de las escenas más misteriosas y bellas de todas.
Su iluminador fue alguien muy cuidadoso. A buen seguro, debió ser gran conocedor de aspectos teologales precisos no accesibles a todo el mundo. La fuerza cromática junto la refinación de la disposición antigua de esta misma escena de otros códices anteriores, han hecho de esta composición una obra maestra de la miniatura que ha conseguido superar a todos sus anteriores modelos.
Con dibujo firme y preciso y siguiendo un esquema estereotipado de simbolismo, el miniaturista nos muestra en este conjunto de figuras, la Visión Cósmica de Dios.
Custodiado por dos enormes ángeles, en la parte superior de la gran Rueda, se muestra, sedente, la personificación del escriba, Juan, quien observa y da testimonio de la visión.
El círculo exterior y azul que agrupa la gran rueda macrocósmica, está animado con 24 estrellas (número de los ancianos apocalípticos) que aluden a las eternas y celestiales potencias cósmicas, que establecen y limitan el espacio de manifestación.
Dentro del segundo círculo, el más amplio y repleto de los tres, se insinúan dos ejes en forma de cruz que está formada por los 4 seres del tetramorfos o "evangelistas" que tienen ruedas para evocar la rotación. Junto a ellos, hay otras 12 figuras o "apóstoles" que oran y portan instrumentos musicales en señal de vibración y sonido.
En este espacio circular, cuyos personajes reflejan actividad constante, se encierra la idea de lo animado por el "Espíritu Santo"; principios incorpóreos o elementos constituyentes del alma que están en continua oscilación y movimiento; son los integrantes de una gran rueda cíclica que está en perpetua actividad rotatoria que se contrapone al centro estático o de reposo, el lugar central o microcosmos, resultado de la interacción entre los círculos anteriormente descritos y donde se concentra toda la Gloria Divina.
El Cordero, qué duda cabe, es Cristo, el dios manifestado, que aparece como muerto, pero no lo está, porque en ese lugar se encuentra el don de Dios que acoge la Creación y donde se manifiesta la fuerza de Vida. He ahí el lugar del Santo Sepulcro.
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No puede ser causal que la miniatura medieval en la que se escenifica la Visión Cósmica de Dios, tenga un croquis exacto al de un templo concebido para favorecer esa misma visión.
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Sabemos que son infinitos los trabajos existentes de comparativas y dictámenes varios sobre relaciones, suposiciones y confrontaciones entre las diversas fábricas circulares de los templos que han podido existir, dentro y fuera de nuestra geografía varia.
A pesar de esos numerosos y diversos trabajos, creemos que nunca se habia comparado la planta de la Vera Cruz de Segovia con una imagen del miniaturismo medieval.
Y si aquí radica la originalidad de este trabajo, también creemos que eso puede ser lo más próximo a una explicación luminosa para entender la razón mistérica del porqué de ese diseño plantar en particular.
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| Santo Sepulcro de Jerusalén. Creyentes en la rotonda que envuelve el Santo Sepulcro, lugar donde según la tradición Jesucristo estuvo sepultado y donde resucitó al tercer día de su muerte. |
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| La Kaaba, Los fieles en movimiento rotacional, alrededor de la piedra negra o "casa de Dios",
el lugar donde lo divino está sepultado en lo terrenal.
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Cúpula de la Roca -Jerusalén- |
Los musulmanes creen que esa roca central es el punto desde el cual Mahoma ascendió a los cielos para reunirse con Dios. La tradición judía sostiene que dicho lugar se relaciona directamente con la Shejiná o presencia divina. No en vano, los credos cristiano y judío, afirman que ese es el lugar donde Jacob vió la escalera por la que los ángeles subían y bajaban y que conectaba la tierra con el cielo.
En el caso de la miniatura anteriormente comentada, la roca, sería la zona donde aparece el cordero y, en el caso de la Vera Cruz de Segovia, la roca o "sepulcro", se encontraría en la zona superior al edículo, el centro exacto del templo.
Conclusión:
La Vera Cruz de Segovia, al igual que la Cúpula de la Roca, la Kaaba y el Santo Sepulcro de Jerusalén, no está diseñada para ser un templo relicario donde se venera la cruz de la pasión, sino que está concebido como templo ceremonial de ritual siempre presente, donde las fuerzas de las que nos habla la miniatura se escenifican sobre el plano trazado: elementos que se mueven alrededor de un punto central que no es otro que el lugar o "sepulcro" donde reposa la sustancia que ha de ser vivificada.
No hay duda que el nombre de este templo no puede ser otro que el de Santo Sepulcro. Por algo concibieron así su fábrica, los constructores.
Salud y románico







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Esta es la única representación de este mito en el románico peninsular que sepamos hasta el momento.