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22 septiembre 2013

Para qué quiere un centauro cazar una sirena?

En la edad media, cuando la suerte común del ser humano era la pobreza y bastante tenía el hombre con seguir subsistiendo, es lógico suponer que intentaban aprovechar cualquier oportunidad para sacarle a la vida alguna que otra satisfacción y, el erotismo, era aquello más inmediato y placentero que tenían a su alcance.





En contrapartida, la ideología religiosa del momento predicaba precisamente todo lo contrario, viendo en la carne, y especialmente en la de la mujer, el enemigo fundamental del alma y el camino más rápido para hacerse acreedor de la condena eterna. 

Y así, mientras unos defendían virulentamente esta condición, otros, se revelaban ante lo que consideraban una hostil represión. 

Entre ellos había un colectivo de intelectuales, clérigos desencantados y universitarios pícaros que, proscritos y vagabundos conocidos como goliardos, que promovieron, en el siglo XII, una poesía de corte popular que, contrapuesta al caballeresco y galante "amor cortes" -de la narración trovadoresca-, celebraba la satisfacción carnal y el amor sensual, pues mientras el trovador canta a la dama, el goliardo lo hace a la mujer.





Según la colectividad goliarda, el proceso amoroso se estructura a través de un código que aúna tanto elementos espirituales como sociales y cuyo procedimiento, se asocia a un concepto de estrategia militar o de cacería: la conquista amorosa como asalto a una plaza fortificada o con la captura de la presa tras una larga persecución. 

Así, inspirándose en modelos legendarios, el instruido pero libertario hombre medieval, establecerá unos cánones delimitados que enumeran cinco fases en el amor pasional (1)"Visus et alloquium, contactus et oscula amantum; postremus coitus, luctati clausula belli"

"Vista, diálogo, contacto, besos y, finalmente, la cópula, coronación de la enconada guerra" ("Fecunda ratis" Egberto de Lieja)



"Mittit pentagonos nervo stribente sagittas, quod sunt quinque modi, quibus associamus amori: visus; colloquium, tactus; compar laborium necatris alterni permixtio, comoda fin; in lecto quintum tacite Venus exprimit actum."  


"Lanza con tu arco cinco silbantes flechas,
son los cinco modos a los que asociamos el amor
miradas, palabras, tacto, fusión de labios
alternando y compartiendo esta mixtura llega el complaciente final,
en la cama, el quinto acto, representa tácitamente Venus"

(Carmina Burana -poema 154, hexámetro 6-10)

"Lanza con tu arco cinco silbantes flechas..."
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Siendo la intención amorosa una constante en el pensamiento del hombre medieval, algunas mentes talentosas utilizaron su ingenio para manifestar ese anhelo sin ser amonestadas, encubriendo lo prohibido bajo otra apariencia y de forma sutil, dejar constancia de su filosofía.

Algunas veces, como irónica burla, en la casa propia de los perseguidores:


Un ejemplo de ello lo tenemos en este par de figuras aparentemente independientes: un arquero en posición de disparo y una doncella arrodillada. Nada parece indicar que una escena tenga que ver con la otra. 

Sin embargo, si en lugar de un arquero y una joven mujer se tratase de un centauro y una sirena, lo tendríamos mucho más claro, puesto que ambos suelen protagonizar una escena muy conocida en el románico: el centauro con su arco dando caza a la sirena. 

Foto: Ray

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Y aquí entra la genialidad de este maestro de la piedra que supo combinar muy bien el símbolo y la alegoría.

Si observamos detenidamente a la doncella, veremos sus largos cabellos cuál coqueta sirena, también nos percataremos que la forma de permanecer arrodillada consigue simular con su vestido una cola de pez y que, con su mano izquierda, levanta uno de los atributos que suelen a acompañar a las sirenas: el espejo.


Así que para aquellos que siempre nos hemos preguntado para qué quiere un centauro dar caza a una sirena, saldremos de dudas sarcásticamente hablando, a la vista de la siguiente foto, pues la evidente alusión a las intenciones del arquero queda patente a la vista de su cinturón.


Y es que quizá, un  "goliardo tallador", nos dejó su irónica respuesta.



NOTA - En septiembre de 2024 la señora Isabel Mellèn ha publicado su tesis de "el sexo en tiempos del románico". En la página 81 de su recopilación aparece esta misma escena del capitel con un párrafo bajo ella que indica el detalle del falo semioculto en el cinturón. La observación que apuntamos aquí hace nueve años forma ahora parte de su tesis. En la cincuentena de paginas que ocupan la bibliografía de su manual no encontramos mención de como la autora pudo averiguar que esta talla poseía tan sutil miembro viril. 

Ya sabemos que estamos en la época de la indolencia, pero aunque no seamos merecedores de su deferencia nosotros si agradecemos que se haya percatado de nuestra pequeña aportación al reconocimiento de este mordaz capitel. Y aquí lo expresamos ya que como ella misma indica en la cita que escogió como introducción: "El silencio de las silenciadas se rellena con la palabra de aquellos que la tienen y el hecho del silencio cae en el olvido". Sea pues! no quede nuestra observación en el olvido. 



Salud y Románico.





01 mayo 2012

* GEMINIS, GEMINIS.


“Avanzada la noche, Leda, hija del rey de Etolia, dormía como una reina muerta. Súbitamente, unas batientes alas vinieron a verter sobre ella perfume de ambrosia. Despertó sobresaltada, y vio bajo su lecho un cisne resplandeciente. El blanco plumaje del pájaro brillaba como el alba, y el largo cuello acariciaba su rostro.

-Mujer -le dijo el cisne-, No temas. Soy el dios de la luz y quiero que seas la ilustre madre de dos hijos iguales. Vivirán como viven el sol y la luna, cediéndose mutuamente el sitio. Se llamarán Cástor y Pólux, vendrán a ser dioses y su benevolencia endulzará la pena de la muerte.

Nueve meses después, Leda puso un huevo milagroso en la espesura de un bosque. De él salieron dos niños enteramente iguales. Desde su nacimiento, la misma estrella brilló sobre sus cabezas, y más tarde cabalgaron ambos sobre el mismo corcel y sus manos blandieron la misma lanza".(1)

Esta breve sinopsis relatando el nacimiento de los gemelos mitológicos es el punto de origen de un arquetipo que se va reiterando a lo largo de los siglos: la controvertida estructura dual del hombre. 


Esta idea arcaica encontró su representación bajo la apariencia figurativa de dos seres iguales, los dióscuros (hijos de Zeus), cuya imagen condensa perfectamente el paradójico concepto de la "igualdad diferente" de lo mismo.

Según la mitología grecorromana la relación de ambos hermanos era ejemplar, siempre estaban juntos y unidos con un amor fraternal era tan inquebrantable que incluso supero a la muerte. Ambos presidian los Juegos espartanos y eran famosos por su habilidad con los caballos como por su destreza en la lucha cuerpo a cuerpo. 

La imagen de dos jóvenes muchachos exactamente iguales y semblante cordial fue adoptada como insignia del mito y su concepto. Podían figurarlos sentados o de pie, pero siempre en emblemática unión fraternal.


   Dióscuros s.II aC.                Signo zodiacal de Géminis s.XII


Ellos dieron lugar a la constelación de Géminis y al signo zodiacal del mismo nombre. A pesar que en la actualidad su imagen reside en el vano vaticinio de un horóscopo, hubo tiempos en que su aparición era producto de un saber y un desear, la necesidad de indicar un elevado conocimiento ideológico. Noche y dia, cuerpo y alma, eternidad y muerte, dos aspectos de la misma naturaleza.



En algunas tallas románicas aparecen escenificados en fraternal unión. Sin embargo, la postura corporal de los hermanos agarrados entre sí se suele confundir con la colocación que los competidores en la lucha de agarre hacen propia; campeonato que, en la edad media, era practicado y altamente aplaudido en fiestas y conmemoraciones populares. Seguramente hay muchos géminis románicos en nuestros templos a los que se les ha negado esta calificación al asimilar su gesto al de los tradicionales luchadores, tomándolos por ellos y obviando la fuente de su existencia. 

Sin embargo, lo sorprendentemente es que, precisamente esta postura corporal es el signo por el que se les reconoce pues, ese vínculo inquebrantable que ejemplifican los Géminis converge, de forma simbólica, en la liturgia iniciática del gremio de los constructores, que fue expresada con precisos detalles en algunos de sus capiteles románicos. 

Si sabemos observar bien, conseguiremos distinguir la contienda competitiva de los luchadores jocosos, del vínculo de hermandad y unión encarnado por los dos hijos de Zeus.




Si en el mundo civil los géminis-hijos de Zeus presidían las luchas festivas, también en el velado mundo de los francmasones, presiden la fraternidad entre compañeros. 

Posiblemente una de las más relevantes pruebas por las que el aprendiz atraviesa en su ceremonia de ingreso en la corporación es que, a similitud del combate bíblico que sostuvo Jacob y con el ángel antes de su conversión, el discípulo realiza una lucha simbólica contra su maestro finalizando con el fraternal abrazo de aquel y que permitirá al neófito ingresar en la hermandad.



Este ritual, con pequeñas variaciones, aparece testimoniado en algunos de los libros de los cuales transcribimos a continuación alguno de los ejemplo(2)(3):

*“El iniciado es elevado hacia lo que se conoce como los cinco puntos de comunión... que son pie contra pie, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho, mejilla contra mejilla y mano en la espalda, cinco puntos que aluden a los cinco principales signos que son la cabeza, el pie, el torso, la mano y el corazón, así como a los cinco puntos de la arquitectura y a los cinco órdenes de la Masonería.”

*“¿Cuántos puntos propios hay? –Cinco: pie contra pie, rodilla contra rodilla, mano contra mano, corazón contra corazón y oreja contra oreja.”

“Los cinco puntos de comunión se establecen colocando la parte anterior del pie derecho en la interior del pie del Señor, la parte interior de tu rodilla en la parte interior de la de él, poniendo tu pecho junto al de él, la mano izquierda en la espalda del otro”

 Los cinco puntos de comunión: 
pie contra pie, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho,
 mejilla contra mejilla y mano en la espalda.
-Santa María la Mayor -Uncastillo-



"pie contra pie, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho, mejilla contra mejilla y mano en la espalda, cinco puntos que aluden a los cinco principales signos que son la cabeza, el pie, el torso, la mano y el corazón, así como a los cinco puntos de la arquitectura y a los cinco órdenes de la Masonería.” 
-San Juan Bautista en Moarves de Ojeda, Palencia-. 


Vemos que de alguna forma el concepto dual de los "gemelos" estaba muy presente en la vida de las cofradías medievales y, tanto si eran religiosas como civiles, el privilegio de ingresar en la orden deseada era una declaración manifiesta de unión, fraternidad y ayuda mútua.

Progresivamente, siguiendo la propuesta ideológica de la época y del momento, las ordenes gremiales pasaron por reconvertir a los paganos dioscuros Cástor y Polúx en otro par de "gemelos" de cariz cristiano a los que transfirieron el simbolo y el padrinazgo, se trata de los dos Juanes. Hablamos de San Juan Bautista y San Juan evangelista, a quienes los masones llaman San Juan de Verano y San Juan de Invierno y que, cuyas fiestas, coincidían con los dos solsticios. 

Tal vez para cumplir así el cometido pronosticado en el mito para los gemelos hijos e Zeus que "vivirían como el sol y la luna, cediéndose mutuamente el sitio"



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Dedicado a los herederos del
Imperio del Románico Catalán, Agnès y Martí,
nuestros "sobrinitos románicos"




Salud y románico



(1) “La leyenda dorada de los dioses" (MarioMeunier)
(3) "La puerta-Muerte y Resurrección" Arola Edición

02 enero 2010

Estrella errante

"Soy una estrella que camina con vosotros y brilla desde lo hondo..."




Desde siempre, las estrellas que titilan en el cielo en las noches claras despertaron el interés de todos los pueblos. Su significado ha sido manifestado en muchas civilizaciones como símbolo ancestral de extrema importancia. En un cielo sin nubes, el lucero más brillante era receptáculo de todas las miradas que a la bóveda celeste se dirigían.

En épocas arcaicas, la estrella como símbolo celeste era indicativo de la aparición de un futuro rey o emperador. En la creencia popular, el nacimiento de los grandes soberanos era precedido siempre por una estrella anunciadora. Por ello, la estrella es el símbolo por excelencia de la realeza y está unida no sólo al cielo sino también al poder terreno que los soberanos ejercen sobre la tierra. Así sucedía con los soberanos de Babilonia, Asiria o Roma.

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Trío de "estrellas", las más brillantes del firmamento.

También en Egipto se daba ese simbolismo, pues conocida por todos es la importancia vital que sus habitantes daban al desbordamiento del Nilo, cuyas aguas fertilizaban año tras año las tierras negras de su oasis fluvial, acontecimiento del que dependían sus vidas. Se sabe también que el inicio de dicha inundación era anunciado astronómicamente por la aparición en el este de la estrella conocida como Shotis (Sirio), estrella consagrada a la diosa Isis. Para ellos, ese era el momento del origen del mundo, cuando la gran diosa se elevaba por el horizonte.

Asimismo, en la cultura judía, la fiebre astrológica acerca del Mesías anunciado por una estrella, también tenía apoyo profético en sus textos sagrados: “una estrella sale de Jacob, un cetro surge de Israel;...." (Nm. 24, 17,19) y en Isaías : " Caminarán las naciones hacia la luz, los reyes hacia el fulgor de tu aurora" y en el Testamento (Leví, 18-3) " Su estrella se levantará como la de un rey". Así pues, la estrella debía aparecer cuando el Mesías naciera en Israel.

Este clima mesiánico ligado a la estrella, no cesaría con la aparición de éste, sino que el mismo jefe de guerra de los judíos contra los romanos, Simón Bar Kosiba, en el año 135, cambió su nombre por el de Bar Kokeba, cuyo significado es "hijo de la estrella”.

Y así fue que, como en asociación de creencias culturales, se sostuvo ya desde los primeros tiempos que el nacimiento de Jesús fue anunciado también por una estrella, pues si el modo de narrar el nacimiento de un héroe comportaba siempre algo de maravilla, la Estrella de Belén forma parte de lo maravilloso del Nacimiento de Jesús en el Evangelio de Mateo (Mt.27:11) “..vimos su estrella en el este"



Y en cuanto a forma de anunciarse o de manifestarse lo divino, la estrella es también el lugar de donde, precisamente, baja para reencarnarse la divinidad. De ahí lo frecuente en nuestra cultura de personificar la estrella de Belén sobre el pesebre transfiriendo sus rayos al Niño recién nacido.

Hablaríamos, pues, de dos formas distintas de manifestarse la estrella o mejor dicho, de dos estrellas diferentes. La primera sería la estrella que guía a los Magos, la que nos indica el camino a seguir y la que nos anuncia la inminente manifestación de la divinidad en nuestro mundo. Y la segunda, es la divinidad misma en el cielo y desde el cual baja a la tierra para corporificarse.



Al no haber atributos propios para definirlas es tarea complicada diferenciar una de otra por lo que es sumamente fácil quedarnos fijados en la primera y no reparar en la segunda que es mucho más importante. Así que intentaremos seguir unas pautas que nos ayuden a discernirlas.

Hemos visto en figuraciones e imágenes del románico gran variedad de estrellas y tanto las que guían como de las que presencian el nacimiento difieren en formas, tamaños y en número de puntas. Observaremos de forma especial las de seis y las de ocho puntas.






Así como en el Antiguo Egipto la aparición de la estrella Sirio anunciaba el inminente nacimiento del niño divino, Horus, hoy en día el planeta Venus, conocido por todos como la estrella matutina también es indicativo del despuntar del día e inminente nacimiento del astro Rey que nace en el este.

La propia letanía cristiana del rosario considera a la Virgen María Stella Matutina, el lucero del alba, Venus. Algo que no resulta extraño de entender si su estado de buena esperanza anuncia el cercano nacimiento del Hijo de Dios, el "Sol" de los cristianos.

Asimismo, en la cultura mesopotámica, Ishtar, diosa del cielo, también estaba asociada al planeta Venus como la estrella de la mañana y en las fronteras de Babilonia se la representa mediante un estrella de ocho puntas. 





*Alquimia






La aparición de la estrella también es un signo bien conocido en el trabajo alquímico. En códices antiguos que tratan sobre este arte pueden encontrarse diferentes imágenes en las que una estrella aparece en la redoma donde el adepto labora para conseguir la Gran Obra y cuya consecución, se equipará con el nacimiento del Niño divino en la caverna.

El proceso del trabajo alquímico, interior a la vez que práctico, imita, reproduce, la Natividad. La aparición durante el proceso de la estrella de Belén es indicadora que la unión del cielo y la tierra representados por dos triángulos superpuestos y formando una estrella de seis puntas, ha dado su fruto. La consecución de la Piedra Filosofal o "Infante Luminoso".

"es el signo de la unión y de la concordia, que es preciso saber realizar entre el fuego y el agua. Superpuestos los dos triángulos (el del Agua y el Fuego), se forma la Stella, (Compo Stella), el sello de Salomón (Sol-Om-On), la unión del cielo y la tierra". (Louis d'Estissac)



"... y la estrella terrestre, antorcha oculta de nuestra Natividad, sera la marca probatoria de la unión del cielo y la tierra" (Fulcanelli- Moradas Filosofales)


Así, la Stella Matutina, Venus, como primera aparición estrellada anuncia la inaplazable llegada del Sol o segunda estrella.

La estrella de ocho puntas es la Santa Naturaleza, el arte capaz de unir el cielo con la tierra para engendrar al Niño Divino y cuyo nacimiento visible es simbolizada por la segunda estrella, la de seis puntas.

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Podría concluirse afirmando que las estrellas fijas del firmamento han sido usadas desde la antigüedad para la orientación nocturna en los viajes donde la orografía no desvela el rumbo a seguir. Sin embargo, en el caso de nuestra estrella, por su singular origen asociado a un fenómeno astronómico, por su excepcional “rareza” y por mostrarse como estrella errante en un firmamento lleno de estrellas alineadas se nos presenta como una guía privilegiada. Guía que conduce a los que creen en ella hacia una meta común. Un objetivo, sin duda, lleno de simbolismo donde el principal estandarte es el amor.

Si la astrología suponía que las estrellas y los planetas ejercían una influencia en el destino de las personas, nuestra estrella errante marca, en la historia y de una manera muy especial, el destino de nuestras vidas.




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Salud y románico.

03 noviembre 2009

* Anotaciones sobre la figura del Maiestas Domini de Taüll




El sentido sagrado del símbolo sólo puede ser percibido por quién tiene experiencia en lo sacro, pues es la concepción sagrada del cosmos lo que determina la significación de las imágenes y no al contrario. El símbolo, pues, expresa lo inenarrable.

Desde este punto de vista el Maiestas Domini no es sino la imagen de una Teofanía abierta, la visión entronizada de Dios. Un Cristo redentor pero también creador y ordenador del Cosmos. Es el Señor de la Creación, ordenador del tiempo y del espacio. El mundo en su último grado de manifestación

Pero como Él no pertenece al mundo aunque el mundo se encuentre en Él, se le representa dentro de una forma geométrica que constituye el espacio sagrado, la almendra mística o mandorla, lo que no es sino el aspecto no manifestado de lo Absoluto. El nimbo es atributo de Santidad. 
Distintivo asimismo de la Luz irradiada.

Y en el silencio y tinieblas del centro, la realidad se vuelve cosmoteándrica. EGO SUM.




Su mano es símbolo de poder y señorío. Mano y manifestación provienen de la misma raíz, siendo manifestado aquello que puede tocarse con la mano. Ejecuta con la derecha la Ley que sujeta con su izquierda.

Al bendecir muestra los dedos índice y corazón, que representan las dos naturalezas de Cristo, divina y humana o Él, como la concepción sagrada de la existencia, el símbolo del UNO que implica la paradoja de la coincidencia oppositorum, pues es, a la vez, inmovilidad y dinamismo, Realidad y Eternidad.



La mandorla o espacio sacro esta dividida en dos medidas, la superior o parte activa, donde interviene la voluntad de Dios (como plenitud del orden cósmico aparece el triangulo trinitario que sentencia la unidad de la trinidad e igualmente la división ternaria de la unidad) y la inferior o parte pasiva, donde se asienta la organización racional (cuadrado-perfección, cuatro puntos cardinales, los cuatro ríos del Edén, los cuatro evangelistas, los cuatro elementos de la creación universal)

Es el Axis mundi, el asiento del Creador, que permite la unión del Cielo y Tierra y que posibilita la Creación al manifestarse como Unidad y Ser.

La suma de los lados del triangulo y el cuadrado suman siete, el celebre septenario, número místico por excelencia y que se repite como ningún otro entre la simbología del espíritu (siete dones del Espíritu Santo, siete iglesias, siete sellos, siete días de la creación, etc). 



En este caso queremos hacer énfasis en los siete primeros días del Génesis, que dan lugar al ciclo completo de la creación del mundo, la esfera, el microcosmos donde Cristo asienta los pies y donde el germen de la vida está latente.

De la cabeza de Cristo emana la luz el nimbo crucífero y en donde, de manera evidente, la primera y última letra del alfabeto griego cuelgan a modo de balanza del aspa horizontal de la cruz. Se nos muestra aquí una "psicostásis" que nos transfiere al concepto del pesaje del alma cósmica.



Se trata de una "cosmostásis" global y eterna. El Alfa, principio de toda la vida manifiesta permanece en equilibrio con el omega final: el lugar oculto donde la vida se gesta. Su comprensión y equilibrio sólo se consigue a través de la omnipotencia de Dios, capaz de establecer y de reconciliar el principio y el fin.

Por otra parte y de forma curiosa, observamos que en la tradición cabalista judeocristiana, se dan unos singulares paralelismos conceptuales que parecen coincidir con ciertos esquemas de la imagen del Maiestas Domini de Taüll.



Según la cábala hebrea existen cuatro mundos o planos que van desde la pulsión de la idea divina hasta la materialización física de esa idea. Del más sutil al más denso, esos cuatro espacios, son conocidos como: Emanación, Creación, Formación y Acción.

Toda la concepción del universo pasa por esas cuatro fases, todo lo que vemos o sentimos tiene su origen en un destello que emana de Dios.

En la cábala hebrea, dependiendo donde se coloque la separación entre las letras, la lectura de las primeras palabras del génesis "Berechit Bara Elohim" pueden ser interpretadas tanto como “En el Principio Dios creó” o bien, “En la Cabeza Dios creó”.



La curiosa escuadra blanca que Cristo ostenta como ornamento en el pecho tiene un trazo muy similar a la letra hebrea Resh, cuyo significado es “Cabeza”. Y, la cabeza, siempre es asociada a la Sabiduría.


En cuanto al libro abierto que Cristo apoya en su rodilla y cuya leyenda proclama:“Yo soy la luz del Mundo”, nos lo indica bien claro, ÉL es la luz que permite que veamos entre tinieblas y que aporta la esperanza de salvación.



Por otra parte tampoco podemos dejar de observar que según la lectura hebrea la palabra LUZ tiene un concepto diferente. Su significado es “Almendra”. Percibiendo este término como la simiente o el hueso interior de los frutos que guarda el núcleo del árbol. (“El libro de Adán” de Carlos del Tilo).

Por tanto podríamos también leer: “Yo soy la semilla del Mundo”, entendiendo a Cristo como el germen o grano que abarca y protege en su interior el origen de la vida. Por algo se encuentra dentro de "Almendra Mística" cuya forma de hueso almendrado encierra la esencia de todo: al Maiestas mismo.

Y por último, reparar que no sabemos de ningún otro Maiestas Domini cuyos ropajes tengan una coloración igual a la del de Taüll; colores que pasan por el azul puro de la túnica, al gris del vestido interior mezclado con blanco y moteado de rojo.



Queremos insistir en esta gama cromática puesto que se da la curiosa coincidencia que en el árbol de la vida cabalístico, compuesto por diez esferas o manifestaciones divinas, la segunda de ellas, llamada Sabiduria y la que de alguna manera podríamos comparar con la segunda persona de la Trinidad, el Hijo, se le atribuye una gama de colores que coinciden curiosamente con la vestiduras de Cristo, a saber: Azul puro, gris iridiscente y blanco moteado de rojo. ("Guía práctica Simbolismo Qabalísitico”, Gareth Knigth).

Es posible que todo sea fruto de la coincidencia pero si no fuera así, habría motivos para sospechar que nuestro admirado Maestro de Taüll pudiera tener buenos conocimientos de la cábala judeocristiana, que en aquellos siglos se prácticaba entre los judíos de nuestro país y, especialmente, en la zona pre pirenaica.

Quizá en este posible caso el Maestro de Taüll podría ser judío autóctono de la zona, posibilidad que sospechamos, aún no ha sido nunca contemplada.





Salud y románico


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