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14 mayo 2018

CIBELES EN FRÓMISTA

Cibeles en Frumentum



Conocemos por Dionisio de Halicarnaso, el origen frigio de Kybele, diosa de la fertilidad y de la vida salvaje, cuyo culto se expandió por el Peloponeso cuando Frigia es conquistada. 

A menudo se la llamó "La Madre de los Dioses" o "La Gran Madre" siguiendo la tradición de su antecesora la diosa Kubada de Asia Menor, diva de grandes pechos, gestante y sedente junto a dos felinos. (1)  

Según Tito Livio (Períocas ab urbe condita) su culto se introduce en Roma con la construcción de un templo dedicado a ella en el monte Palatino en el año 204 a.C., personificada como diosa de la Naturaleza, la Fertilidad de la tierra, las plantas y los animales salvajes.

Latinizado el nombre como Cibeles, se representa normalmente con una corona en forma de muralla, símbolo de la protección que prestaba a las ciudades que la adoran, con un cetro, signo de poder sobre la tierra que fertiliza y en un trono flanqueado por dos leones o tirado por ellos como símbolo de superioridad sobre todos los seres vivos.

Pues bien, en la arquería izquierda de la nave central del sobradamente conocido templo románico de San Martín de Frómista existe un curioso capitel a la par que sorprendente, incomprendido e inexplicado. En él, aparece tallada en su parte central una mujer desnuda con prominente vientre gestante que sujetando un bastón de mando regenta sobre dos leones que la flanquean.




Sin duda esa es la representación de una Diosa Madre, imagen pagana que podría pasar a formar parte de las muchas indefinidas que el románico ha estandarizado, a no ser por los detalles humanos que acompañan a sus leones, los rostros de un hombre y una mujer que forman parte de las bestias.

A pesar de otras tradiciones diferentes del mito de Cibeles (Apodoloro, Pausanias, Calímaco, etc.), Ovidio fue responsable de la difusión más popular sobre sus dos leones al escribir las Metamorfosis, en concreto, el episodio de Atalanta e Hipómenes que aquí resumimos muy brevemente:

Atalanta, a la que el oráculo de los dioses había profetizado que se convertiría en animal si perdía la virginidad, optó por retar a sus pretendientes en una carrera. Si resultaban vencedores se casaría con ellos pero si era al revés, morirían. Nadie consiguió vencerla nunca puesto que era la más veloz y esquiva de las cazadoras, hasta que Hipómenes, con la ayuda de tres manzanas de oro que le proporcionó Venus y que iba arrojando para que Atalanta se detuviera a recogerlas, consiguió la ventaja necesaria para llegar primero a la meta. Enamorada Atalanta a la vez de Hipómenes, en un receso del camino donde se encontraba un antiguo recinto sagrado custodiado por el sacerdote de Cibeles, los dos amantes se unieron sexualmente profanando la voluntad divina, por lo que los castigó convirtiéndolos en leones al servicio de la diosa:

"Así pues, unas amarillas melenas cubren sus cuellos antes lampiños,
sus dedos se encorvan en forma de garras, 
los hombros se convierten en patas delanteras,
todo su peso se desplaza hacia el pecho y 
barren con sus colas la superficie de la arena;
su gesto expresa ira, en vez de palabras profieren gruñidos,
en vez del tálamo frecuentan bosques, son objeto de temor para otros,
estos leones aprietan el freno de Cibeles, con boca esclavizada"
(Metamorfosis, X, 697-704)



Escena del lateral izquierdo del capitel. En esta imagen aparece Atalanta en su transformación, en cumplimiento del oráculo profetizado por los dioses. La descripción de la mutación en las Metamorfosis de Ovidio parece ser fiel al capitel, incluso las garras representadas se asemejan a dedos humanos. 

Junto a la transformación de Atalanta vemos al guardián del recinto, personaje que describe Ovidio en el mismo capítulo de dicha obra literaria y al que designa como su "sacerdote, de leño", nombre con el que se conocía al consorte de Cibeles, el dios Attis y posteriormente a los "gallis", sacerdotes eunucos de la diosa.

"De luz exigua había cerca un receso,
semejante a una caverna, de nativa pómez cubierto,
por una religión primitiva sagrado, adonde su sacerdote,
de leño, había llevado muchas representaciones de viejos dioses" 
(Metamorfosis X , 690-694).



Escena del lateral derecho. En esta imagen, por voluntad de la diosa Cibeles, que aparece en segundo plano sujetando el báculo y con una mano sobre su abultado vientre, el joven Hipómenes se transforma en león. 

"y coronada de torres la Madre, en la honda Estigia
a los pecadores duda en sumergir. Condena poca le pareció.
Así, unas amarillas melenas cubren sus cuellos antes lampiños,
sus dedos se encorvan en forma de garras..."
(Metamorfosis X, 695-697)


La imagen frontal del capitel con la diosa flanqueada por los leones, nos evoca a la conocida representación clásica y triunfal de Cibeles.


Finalmente incidir sobre el origen etimológico de la localidad de Frómista, de la que algunos historiadores defienden de origen romano, derivado de "frumentum", grano, trigo o cereal, apoyándose en la constancia del asentamiento romano en ese lugar, como respalda la existencia de la calzada que unía Aquitania con Astorga (posterior Camino de Santiago), así como la existencia de villas romanas próximas ocupadas posteriormente por godos y visigodos.

Así pues, la fuerza fértil y vital de la Naturaleza ha sido entendida y representada desde tiempos inmemoriales como la gran Diosa Madre y, encontramos en este preciso lugar, Frumentum, cuyo nombre evoca la generosa fecundidad de la Madre Tierra, una representación de Cibeles, madre universal y madre de los dioses, figuración de la Naturaleza en su poder fecundo, vegetativo y de estado salvaje.



Sin duda esa es la representación de una Diosa Madre, imagen que como podría pasar a formar parte de las muchas estandarizadas a no ser porque ahora ya hemos descubierto su nombre: se trata de una primerísima CIBELES, junto a Atalanta e Hipómenes en el momento de su transformación a leones, según la narración de las Metamorfosis de Ovidio. Toda la talla del capitel coincide con el poema clásico.  

Creemos que poder identificar a la diosa Cibeles en un capitel románico es una excepcionalidad que no debería ser ignorada. 






“Que hayamos destrozado sus estatuas,
que las hayamos arrojado de sus templos,
no quiere decir que las diosas esten muertas”

Constantino Kavafis

Salud y Romanico 

01 enero 2012

* Los enigmáticos capiteles de Teza de Losa




Sin duda las merindades burgalesas atesoran unos exponentes románicos de incomparable belleza. Y templos de grandes tallas alzan la voz en numerosas guías del románico burgalés con el afán de atraer al gran público.

Sin embargo, en las merindades también existe un románico escondido, tímido, que nos enmudece al contemplarlo y que nos fascina con su genuino simbolismo cosmogónico.

La modesta parroquia del s.XIII de San Nicolás, en la localidad de Teza de Losa, es prueba de ello. Tras su austero espacio exterior y el cerrado atrio, se encuentra una portalada de dos arquivoltas que descansan sobre unos capiteles labrados, de especial simbologia, que fueron el objetivo principal de nuestra visita a la parroquia.

La consecución fotográfica de ellos fue para nosotros toda una hazaña épica, nunca mejor dicho, pues su guardián, el párroco Porfirio, nos lo puso muy complicado. Aunque al final la cordialidad prevaleció y la conversación que compartimos sobre los capiteles y la historia del lugar, fue todo un placer mutuo. 



***

Después de anhelarlos y perseguirlos durante más de dos años, tenemos la satisfacción de poder dedicar a nuestros colegas románicos las imágenes de unos peculiares capiteles que, prácticamente han permanecido "virtualmente ocultos", hasta el momento. 

Los enigmáticos capiteles de Teza de Losa:




En el primero de ellos hay tallada una figura femenina desnuda que lleva toca medieval. Se mantiene hieráticamente erguida mientras dos enormes serpientes que rodean su cuerpo están nutriéndose de sus senos. La mujer se sujeta el vientre con las manos y parece señalar una peculiarísima espiral perfectamente trazada con su núcleo en el ombligo. Dos pájaros en simetria descansan sobre cada una de las serpientes. 



En el otro capitel, la figura femenina está en clara posición paritoria. Su cabeza esta mutilada por una cruz que posteriormente labraron para aprovechar el capitel como pila benditera. Aún así parece deducirse que llevaba toca y que de su boca, surgen unos tallos ornamentales enlazados hacia ambos lados. La mujer sitúa su mano izquierda sobre su pecho mientras que su brazo derecho lo extiende, de manera natural, hacia abajo.

Para más clara interpretación de estas imágenes contamos con la valiosa opinión de nuestro apreciado amigo Alkaest, cuyo conocimiento sobre el simbolismo de la Magna Mater es inmejorable y cuya interpretación reproducimos a continuación:

"El capitel que nos ocupa (o los dos capiteles) creo que están claramente en la línea de la "Terra Mater", alejada de todo pecado, con los seres de la Naturaleza alimentándose de su fuerza nutricia. El otro capitel no está muy claro, porque al haberle destrozado el rostro, con esa fea cruz judeo-cristiana, no se distingue si es hombre o mujer, y la aparente mutilación de su sexo tampoco ayuda. Se ve claramente que brotan unos tallos vegetales de su boca, lo que parece indicar que se trata de un "hombre verde", pues resulta muy raro encontrar "mujeres verdes", que podría representar el compañero masculino de la Madre Tierra. Si se tratase de una mujer, representaría la fertilidad de la Tierra, por los vegetales que produce, y por la postura que en apariencia semeja la del parto.

Si lo que la "Terra Mater" de las serpientes sostiene entre sus manos es una espiral, indicaría la evolución cíclica de la Naturaleza, que avanza y se repite en las estaciones. Si en vez de espiral, se trata de círculos concéntricos, podría invocar el disco solar, mediante cuya energía la fertilidad de la Tierra se desarrolla.

En fin, el "hombre verde" sería el complemento necesario, para generar la vida. De la conjunción de lo celeste -masculino- y lo terrestre -femenino- surge la vida, en todos los sentidos. Aunque esa dualidad es tan solo simbólica, porque ambos principios son únicamente diferentes facetas del Principio único, que no es ni masculino ni femenino"


Magna Mater



Desde la infinitud de su omnipotencia y anterior a cualquier otro tiempo la divinidad ha imprimido sus huellas tanto en el cosmos como en el corazón humano. Independientemente de que el hombre las vea o no, esas huellas le producen una incesante inquietud espiritual que intenta descifrar.

Siendo así, el hombre veneró el seno fecundo de la Telus (Tierra-Telus), "madre de todas las cosas" (Homero), pero sobre todo se extasió ante el maravilloso e inesperado alumbramiento anual y puntualmente repetido, de la naturaleza en primavera.

Los fenómenos naturales son una teofanía abierta, es decir, la divinidad se manifiesta en la eclosión misteriosa y maravillosa de la naturaleza que encierra en sus entrañas el misterio vegetal del cultivo de los campos, del hombre, de los animales y de todas las cosas que vienen de la tierra y a ella retornan.



Entre todos sus epítetos resalta, por su continuidad y extensión, el de Magna, que dio origen a "la Gran Madre" (Magna Mater), significativa de la divinidad madre en cualquiera de sus múltiples teofanías.

La vegetación fue deificada y personificada. En una primera expresión tomó forma de animal, en concreto de serpiente, a la que los autores greco-latinos, llamaban «hija de la tierra». La serpiente se convirtió en el animal telúrico por antonomasia, pues invernaba aletargada como si estuviera muerta en las entrañas de la tierra para después, “mudar de piel o revivir” en primavera, salir de la tierra y, arrastrarse sobre ella. 

Su imagen podia tener significado ambivalente según representase aspectos diferentes de la divinidad madre: origen de la vida (fecundidad), su cuidado y preservación (salud), prevención de su desarrollo (vaticinio) y subsistencia de ultratumba (alma), donde la serpiente es soporte de lo superviviente del hombre tras la muerte. De ahí los abundantes relieves funerarios en los que el alma aparece encarnada en la serpiente o, al menos, simbolizada por ella en actitud de beber el líquido puesto en un recipiente.


Para el concepto divino, tan acertado puede resultar el nombre de dios como el de diosa, no obstante este último suena a blasfemia a, nosotros, los hombres enraizados en el mundo indo-europeo-semita. 

Sin embargo, los miembros de la religiosidad telúrica y los de la mistérica, se prosternaron ante una divinidad suprema concebida como mujer e invocada con nombre femenino: Cibeles, Isis, etc.

Y como prueba de esa resonancia tenemos los capiteles de Teza, en los que nos hallamos ante la diosa maternal, diosa suprema, motivadora e impulsora del proceso de vida, cuya función básica es la fertilidad agraria y la fecundidad humana.





Salud y románico

Bibliografía:

"La serpiente epifanía y encarnación de la suprema divinidad telúrico mistérica". Manuel Guerra Gómez





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