20 julio 2020

Soplo de aire fresco




En el camino de la recién creada Vía Domitia en el 120 a.C y bajo la protección de Marte, se fundó en tiempos romanos la colonia Narbo Martius -actual Narbona-, que resultó ser una de las ciudades más importantes de la recién conquistada Gaule y el segundo puerto comercial más importante del Mediterráneo. Su protector, el dios Marte, fue muy benevolente con ella. 

Posteriormente, en tiempos del cristianismo, se sustituyó dicho dios por un santo obispo, Sant Paulus de Narbona, cuya leyenda apócrifa lo identificaba con Sergius Paulus, procónsul romano que aparece nombrado en los Hechos de los Apóstoles 13,7 y que según la tradición, terminó siendo obispo de esta ciudad.


Aunque la leyenda no tiene ningún fundamento histórico, la sede narbonense se honraba de tener como primer obispo a un compañero directo de los primeros apóstoles, el Santo Pablo-Sergio. Así, sobre la primitiva necrópolis del lugar y donde se suponía también la sepultura del santo, se edificó un templo bajo su advocación.

Tras el paso de los siglos y sufrir la basílica constantes y variopintas modificaciones, no deja de sorprender que su cripta, edificada sobre una parte del extenso cementerio paleocristiano (s.III), sea aún visible, con antiguos pavimentos, mosaicos y con varios ataúdes de piedra.





De todos ellos hay uno que destaca llamando la atención de cualquier visitante de este  primitivo habitáculo y que, a continuación, pasamos a detallar:

En el centro superior de la cornisa unos pequeños ángeles sostienen el cuadrado indicador con la epigrafía perdida.



A ambos extremos del frontal superior vemos personificado el rostro de la Luna y del Sol. Este último, lamentablemente, ha perdido su característico tocado de rayos.

Las antiguas mitologías refieren a Helio y Selene (Sol y Luna) como dioses gemelos que rigen en el ciclo diario. Ninguno de ellos prevalece sobre el otro ya que después que Helios termine su viaje a través del cielo, Selene comienza el suyo cuando la noche cubre la tierra.

Ese recorrido de este a oeste guarda una evidente similitud con la existencia humana, pues como sol transitamos en la realidad consciente y como luna en la durmiente. Y por extensión y de igual modo, han de regir en la vida y la muerte.

No es de extrañar por tanto que los interesados escogieran a esos dioses como representación de tránsito de vida.




Junto a estos dioses y resaltando tras un bello cortinaje aparecen los dos titulares, vestidos con refinada elegancia sujetan el rollo cerrado donde llevan expuestas las acciones realizadas en la historia de su vida y que a modo de credencial han de presentar a los guardianes del umbral.

Las causas, consecuencias y desenlaces de todas sus obras serán juzgadas allí en su destino.


La cara ancha sepulcral, está decorada con las típicas ondulaciones que remiten al fluir onírico del durmiente y que son conocidas con el nombre de strigils. Estos parten desde el centro donde se abre un espacio de forma almendrada.

En su interior hay esculpida una pequeña figura alada sobre una especie de nube y que con un buril ha anotado lo siguiente: X LEG EFI LICI TER.

Esta figura, muy común en la iconografía oficial romana y conocida como Victoria, solía acompañar al dios Marte como uno de sus atributos. Era un símbolo de triunfo sobre la muerte pues determinaba quién tendría éxito durante la guerra.


Sus apariciones en los sarcófagos representaban más al espíritu de la victoria que a la propia diosa. Por lo que aquí, esta pequeña y alada escribana evoca al alma victoriosa.

Sobre la inscripción que aparece marcada y tras consultar con varios licenciados en clásicas, no parece haber quórum sobre el significado literal de la locución. Personalmente creemos intuir lo siguiente: "EXLEGE" (por ley o por mandato) "FILICITER" (afortunadamente, por suerte). Una máxima cargada de buenos deseos.

Sin embargo, porque creemos en las personas que nos las han proporcionado, Marga y Chis, hay unas opciones que deseamos anotar y que no podemos descartar. Son las siguientes:

* Apuesto por el imperativo del verbo Lege "lee tú". La X podría ser una forma de encabezar la inscripción, sin significado. Lege Feliciter "lee tú, por suerte" (estás fuera del sepulcro y aún puedes hacerlo)

** Dándole vueltas se me ocurre que (X LEG) puede ser Décima Legión. Consultando, veo que la X Legión fue enviada por Julio César precisamente a la Galia Narbonense.(Legio X Gemina). No soy capaz de rematar la hipótesis anterior con el resto de la epigrafía, pero podría asociar dicha Legión a la fortuna, "afortunadamente". LEG(ion)E, en ablativo indica circunstancia de lugar, tiempo, causa...etc "en, por...Felizmente, por la X Legion" (?)

Anillo de plata de soldado romano
con el numeral correspondiente a su legión.  

Siguiendo con la descripción del sepulcro y rematando el frontal simétricamente en ambos extremos, se encuentra la representación de un joven con cayado de pastor, que porta un carnero sobre los hombros y un perro guardián a los pies.

Al verlo, todos hemos pensado en la imagen del "buen pastor", una típica escena de las catacumbas cristianas que simboliza a Cristo, como pastor del rebaño, que vuelve con la oveja perdida. Escena que algunos también relacionan con el acto de conducir al fallecido al más allà, igual que hacían Mercurio y Hércules psicopompos con las almas. 


Pero teniendo en cuenta los dioses tutelares que lo preceden y que al "buen pastor" nunca se le ha representado acompañado de un perro, no podemos descartar la figura de otro pastor que también solía representarse en sarcófagos romanos y cuya historia se relacionaba con el eterno descanso: el pastor Endimión.

Velando el rebaño y siempre junto a su perro, animal que los clásicos relacionan como guardián del inframundo, se solía representar a Endimión, joven de gran belleza y amado por la Luna al que todas las noches visitaba para besarlo.

Según la mayoría de las fuentes tradicionales Endimión colmó su aspiración de mantener tanto su juventud y su belleza mediante el descanso eterno, concesión que Júpiter le confirió y que le libraba igualmente de la muerte.


Sarcófago romano s.II.
Escena en la que Endimión es inducido al sueño.

Mosaico romano s.III.
Endimión yace lejano y feliz en un sueño sin retorno mientras es contemplado por la Luna.

Vemos que el nombre de Endimión proviene del latín inducere, inducido, lo que para los antiguos se refería a somnun et inducto "sueño obligado". Así por tanto es también símbolo de la buena muerte o un afortunado tránsito feliz. 

Quizá el Ex Lege de la inscripción tenga algo que ver con ese mandato afortunado que cincela el alma victoriosa en el epitafio. Sería como el beso que cada noche Selene ofrece a su amado durmiente, un soplo de vida en la muerte.



Sin duda el carácter funerario de este sarcófago relaciona el ciclo de la vida con la eternidad, probando la creencia del difunto en la inmortalidad del alma.

Sea Endimión en tiempos del dios Marte o el Buen Pastor en tiempos de San Paulus-Sergius, es una bella muestra de hibridación narbonense entre los dioses romanos y el mensaje cristiano.


Salud y Románico
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01 octubre 2019

EL UNICORNIO QUE NUNCA EXISTIÓ - Colegiata San Isidoro de León-



Que el hombre es reacio al cambio y dejándose influir por la primera información que recibe suele equivocarse constantemente sin apenas percibirse de ello, es una lamentable pero indiscutible verdad.

¿Cuántas veces, por poner un ejemplo, nos han contado algo malicioso de alguien y, por credulidad fácil, damos por buena e inamovible esa primera versión arraigando y promoviendo el prejuicio? 

Y no solo eso. Si tras ello alguien intenta aportar una versión contraria o alternativa, se rechaza ferozmente puesto que percibir la verdad nos hace ser conscientes de nuestra idiotez, algo que nuestro ego no está dispuesto a permitir. 

Esta reflexión ha surgido a raíz de un interesante estudio que por casualidad llegó a nuestras manos: "Unicornium-Monoceros- Rhinoceros-Cerue-Orix: vaguedades de un historiador del arte idiota frente a la imagen románica (1)" Vaguedades que su autor, el profesor Moráis Morán, hace incidir directamente sobre la talla de un capitel románico ubicado en el Panteón de Reyes de la Colegiata de San Isidoro de León


Foto que ilustra del estudio mencionado

El profesor, en palabras de Fernando Campón (2) -que cuestiona nuestro "devenir idiota" al querer comprender obras de arte que transgreden la razón-, remarca, haciendo gala de un sutil sentido del humor, ese devenir idiota del investigador contemporáneo ante la aparente irracionalidad del capitel mencionado. 

Georges Gaillard, especialista en escultura y arquitectura románica fue quien en 1938 dejó escrita por primera vez la lectura descriptiva de dicha talla: "una escena compleja y que se hace extraña, un personaje cabalgando un unicornio de cuya garganta sale un delfín, con la cabeza cogida y examinada por un segundo personaje, enfrentado al otro"  

Décadas más tarde, en 1990, Marcel Durliat, profesor de la Universidad de Toulouse y autor de varios libros de arte románico, reiteró una descripción similar: "formando una escena extraña, y hasta el momento inexplicable, podemos ver a un personaje cabalgando un unicornio que engulle un pez cuya cabeza es sostenida y examinada por otro personaje"

Seguidamente se menciona en el trabajo una larga lista de profesores y estudios especulativos sobre el significado de dicha escena donde el factor común es la incomprensión de dicha labra y donde los circunloquios giran alrededor del unicornio, de lo que vomita o saca por la boca, si es pez, foca o delfín y la falta de coherencia de la interacción con los otros personajes esculpidos. 


Foto: Fredinandus

Tras ello, la mayoría de los profesores de este estudio, apuntan que a la luz del Physiologus este unicornio carece de muchos de los atributos que le son propios, aunque, curiosamente, no parecen tener duda en identificarlo: "Prácticamente la totalidad de los investigadores que aludieron a esta iconografía identificaron el cuadrúpedo como un unicornio, basándose en la presencia del prominente y único cuerno que surge de su frente."

Percibimos también que, las vaguedades de este estudio ya sea sobre posibles personajes bíblicos transferidos hacia las figuras del capitel, búsqueda de leyendas locales sobre la capacidad purificadora de este ser fabuloso o los análisis comparativos de animales de uno o dos cuernos entre tallas de otros templos tienen, su punto de fuga, en aceptar a ese animal como "unicornio".


Tan asumida está la idea que incluso en la copia del capitel que se realizó en 1961 ubicada actualmente en el claustro, el tallista quiso rectificar y adecuar en su obra el aspecto convencional del unicornio, centrando y reduciendo de forma considerable su enorme cuerno, cambiando los incisivos puntiagudos típicos de los carnívoros por los lisos y uniformes del equino herbívoro y perdiendo, sin ser consciente de ello, el significado de la imagen.



Así pues, la primera identificación que se hizo de esta figura ha sido indiscutiblemente tomada como válida, influenciando todos los estudios posteriores y ocasionando, ante su interpretación, ese devenir idiota con el que ironiza el profesor, abarcando no solo a los investigadores del arte sino también a las reinterpretaciones artísticas del copista tallador.

No obstante, pensamos que se podría seguir ahondando en la hermenéutica de esta imagen variando, como si de una palabra polisémica se tratara, la manera de leer su trazo.

Porque si, como se comenta en el estudio, el mismo San Martino de León, canónigo del monasterio y prácticamente contemporáneo del capitel unicorniano también devenía idiota ante la lectura de los textos bíblicos, no fue, hasta recibir esos mismos textos pero en otro soporte inmaterial cuando obtuvo súbitamente la iluminación: "sucedió el milagro de darle a comer San Isidoro en sueños un libro, con que de idiota que antes era, quedó después con gran sciencia infusa".  

Se dice que a partir de entonces San Martino comprendió el significado profundo de esos contenidos y se convirtió en un gran teólogo. Lo que indica realmente que consiguió aprender una forma de leer en la que no participa la razón.


*Unicornio? ...y un cuerno!

Así pues, al dejar de lado la razón y disfrutar simplemente de la contemplación de la imagen se nos revelará una coherente apreciación:  



Tras el aparente y pronunciado cuerno se oculta en realidad la prolongación del tronco de una serpiente que es apresada con los dientes por un carnívoro cazador.


La composición en esta perspectiva plana muy característica del románico junto a la falta de cromatismo diferenciador, puede ser interpretada por ciertos observadores como una extraña incongruencia, pero si leemos con atención comprendemos que son dos cuerpos separados.



Esbozo: Pintura medieval-Laura Alberich

No hay duda que el trabajo artístico que llevo ejerciendo desde hace dos décadas y en las que he recreado cientos de imágenes románicas es un buen entrenamiento a la hora de discernir el trazo románico que se oculta bajo algunas apariencias.

Ya sea como el fiel perro adiestrado para este tipo de caza o el fiero león mostrado en el zodiaco de la misma Colegiata que, curiosamente, también muerde una serpiente, discernir si quien apresa con sus dientes es un lobo, oso o león será, una vez ya liberada la concepción unicorniana, otro estimulante estudio a debatir. 





Salud y románico








01 enero 2019

MEMENTO MORI




El ser humano está abocado, por su inquietud espiritual, a cuestionarse por el fundamento último de lo real y por la razón que lo impulsa a existir.

Por este motivo y a lo largo de la historia, los hombres han expresado en diferentes soportes literarios, escultóricos y pictóricos, su propio canto a la fragilidad humana, la banalidad de los placeres mundanos y lo insustancial que resulta todo ante la muerte.

Empezando por los tiempos bíblicos donde se declara el célebre "Vanidad de vanidades" del Eclesiastés (Vanitas vanitatum omnia vanitas), pasando por el "memento mori" (recuerda que has de morir) de la Antigua Roma y posteriormente hasta el barroco con las "vanitas" (todo en vano), que no alude a la noción de orgullo o arrogancia sino más bien a lo ilusorio de la vida y al sinsentido de las posesiones mundana.


La modalidad de las "vanitas", en auge en el barroco influida por el relativismo cartesiano, adopta gran variedad de simbolismo para ornamentar la necesidad de expresar ese vacío existencial: fruta madura, hojas marchitas o relojes como alegoría del paso del tiempo, insectos y podredumbre para indicar la descomposición del cuerpo, cofres de dinero y joyas como símbolo de lo insustancial de los bienes materiales, etc.

Pero el detalle que casi siempre revela la presencia de una escena de "vanitas” es la aparición de un cráneo humano.

Vinculada al "memento mori" de los romanos, la calavera advierte de la fragilidad y fugacidad del ser humano tras el paso del tiempo. Tertuliano, en su Apologético, relata que cuando volvía triunfante un cónsul a Roma, había la costumbre de designar un siervo que le acompañara y cuya misión era sujetar la corona de laurel sobre la cabeza del vencedor mientras le susurraba al oído la frase "recuerda que has de morir", como advertencia que debía comportarse como un hombre, no como un dios, y recordarle que la muerte, que es igualitaria y niveladora, corta con su guadaña todos los privilegios de jerarquía y de fortuna pues, ante ella, el más rico sólo tiene una mortaja.



El cráneo simboliza el verdadero rostro del espectador: "mírate bien en mi, pues soy tu espejo".

Así pues, la presencia de una calavera en la expresión artística indica el “memento mori” o "vanitas", fórmulas ambas que te recuerdan que eres mortal y que inducen a experimentar el desengaño de este mundo o llamado también, fin de la ilusión. 


Virtud sin prudencia es virtud vana

Considerada la Prudencia como la virtud adecuada para descubrir el engaño del mundo, no es por casualidad que el cráneo sea también uno de sus atributos. 


Conocida también como sabiduría práctica o entendimiento, Aristóteles elevó la prudencia al rango de virtud intelectual, argumentando que es su sabia deliberación la que permite distinguir y diferenciar lo bueno de lo malo.

Concepto que tanto Cicerón como Séneca adoptaron: la Prudencia «consiste en el conocimiento, de las cosas buenas, de las cosas malas, y de las cosas que no son ni buenas ni malas» (Cicerón. nat. deor. 3, 138)

Ovidio en sus Fastos (Ov. fast. 1, 89-144) hace referencia a ese tipo de conocimiento a partir de la imagen literaria del dios Jano, cuyo doble rostro le permite observar simultáneamente la entrada (nacimiento) y la salida (muerte), capacidad vinculada también a Hécate, la diosa de triple faz que guarda las encrucijadas de tres caminos, capaz de visualizar las tres fases del tiempo con la sabiduría que ello le comporta, aspectos ambos, que posteriormente heredará la imagen de la prudencia. (2)

Prudencia, Arca di Sant’Agostino a Pavias. XIV
Por tanto, mediante sus diversos rostros y ojos, la prudencia tiene la facultad de conocer los tres estados del tiempo tomando el recuerdo de lo pasado (memoria) para aplicar en el presente (inteligencia) según lo que prevé pasará en el futuro (providencia).

"La Prudencia prevé cuánto puede prever, observa y aleja de ti, mucho antes de que suceda, todo cuanto pueda perjudicarte" (Séneca. epist. 98, 7).

Lo mismo, aunque con más retórica, expone la Iglesia Católica: "es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo" ( Catecismo, 1806).

En definitiva, la prudencia es tener un sano juicio para saber utilizar la medida justa y recta en cada acción. 


Sin duda, sus cualidades se equiparan a la sabiduría ofrecida por los célebres aforismos griegos que persisten en la moderación, "nada en demasía", y en el autoconocimiento, "conócete a ti mismo". Conocerse a sí mismo supone adquirir lucidez sobre tu propia naturaleza y las limitaciones a las que está sujeta.

Y es aquí donde la alegoría de la calavera adquiere sentido como atributo de la prudencia, pues desde el presente el hombre mira al pasado para darse cuenta que su futuro es perecedero, mortal, en definitiva, una calavera. 


Posiblemente, la mejor forma de representar este relevante concepto para conseguir tomar conciencia de ello, es impresionar al personal mostrando aquel que será su rostro tras la muerte, que iguala y arrastra en su ronda a todos los seres humanos sean quienes fueren, sin tener en cuenta su edad y sin considerar su condición social.

Dentro de la diversidad de atributos variables para una misma alegoría y, en contraposición al barroco que mientras más elementos se incluyan en la representación mucho mejor, no fue así en el románico, que buscaba especificar con un mínimo simbolismo la máxima información posible.



Así encontramos un ejemplo en el llamado "cráneo de Adán", a los pies de Cristo crucificado, imagen compendio de diferentes teorías pero que convergen todas, de algún u otro modo, en la presencia y significado de la muerte.

O en la llamada "mujer con calavera" del tímpano de Platerías en Santiago de Compostela, esculpida por uno de los talleres más celebrados del románico, cuya capacidad artística a la hora de representar supera todas las expectativas de sus contemporáneos. En este caso, una hierática mujer con vestimenta grecorromana, permanece sedente en un insigne sitial sosteniendo sobre su regazo un cráneo humano al que señala con su dedo índice.



Y aquí la tenemos, expulsada de su contexto original y recluida en un puzzle de tallas sobrevivientes. Esta magna mujer que señala en su regazo un cráneo humano, hace tiempo que fue despojada de su ambiente y ubicada en un entorno hostil.

Otras gentes, otros tiempos y otros vacuos conocimientos le han otorgado una reputación diferente. Desposeída de su estatus de dignidad es ahora una transgresora, una  mujer adúltera que mortificada en su castigo debe besar diariamente la calavera de su amante.

Paradójicamente, esa docta prudencia que velaba por mantener nuestro entendimiento sano junto a la pureza de nuestra alma, esa reveladora vanitas que en tiempos de sus creadores señalaba con su dedo el inexorable final de nuestros efímeros desvelos, ha experimentado aquello que tanto insiste en avisar, la insustancialidad de los honores, el menosprecio del mundo y la certeza de su muerte.


Magdalena de Francesco Furini s.XVI
Desprovista de su sana virtud, el mismo paso del tiempo ha mudado los símbolos de la prudente vanitas hacia otro receptáculo religioso; concretamente a un personaje bíblico asimilado desde siempre por la Iglesia al pecado, a la vanidad pero también a la salvación, la figura de la Magdalena penitente.

Sin duda, es la escena del momento presente, cuando Magdalena contemplando su futuro en la calavera, vislumbra lo vano de la vida pasada y comprende que su salvación futura recae en la decisión que ponga en marcha en el ahora. Prudentemente, la figura de la Magdalena, nos exhorta a estar preparados en todo momento para comparecer ante Dios quien, el día del Juicio, pedirá rendir cuentas de nuestros actos.


"Mírate bien en mi, pues soy tu espejo."


Salud y románico

14 mayo 2018

CIBELES EN FRÓMISTA

Cibeles en Frumentum



Conocemos por Dionisio de Halicarnaso, el origen frigio de Kybele, diosa de la fertilidad y de la vida salvaje, cuyo culto se expandió por el Peloponeso cuando Frigia es conquistada. 

A menudo se la llamó "La Madre de los Dioses" o "La Gran Madre" siguiendo la tradición de su antecesora la diosa Kubada de Asia Menor, diva de grandes pechos, gestante y sedente junto a dos felinos. (1)  

Según Tito Livio (Períocas ab urbe condita) su culto se introduce en Roma con la construcción de un templo dedicado a ella en el monte Palatino en el año 204 a.C., personificada como diosa de la Naturaleza, la Fertilidad de la tierra, las plantas y los animales salvajes.

Latinizado el nombre como Cibeles, se representa normalmente con una corona en forma de muralla, símbolo de la protección que prestaba a las ciudades que la adoran, con un cetro, signo de poder sobre la tierra que fertiliza y en un trono flanqueado por dos leones o tirado por ellos como símbolo de superioridad sobre todos los seres vivos.

Pues bien, en la arquería izquierda de la nave central del sobradamente conocido templo románico de San Martín de Frómista existe un curioso capitel a la par que sorprendente, incomprendido e inexplicado. En él, aparece tallada en su parte central una mujer desnuda con prominente vientre gestante que sujetando un bastón de mando regenta sobre dos leones que la flanquean.




Sin duda esa es la representación de una Diosa Madre, imagen pagana que podría pasar a formar parte de las muchas indefinidas que el románico ha estandarizado, a no ser por los detalles humanos que acompañan a sus leones, los rostros de un hombre y una mujer que forman parte de las bestias.

A pesar de otras tradiciones diferentes del mito de Cibeles (Apodoloro, Pausanias, Calímaco, etc.), Ovidio fue responsable de la difusión más popular sobre sus dos leones al escribir las Metamorfosis, en concreto, el episodio de Atalanta e Hipómenes que aquí resumimos muy brevemente:

Atalanta, a la que el oráculo de los dioses había profetizado que se convertiría en animal si perdía la virginidad, optó por retar a sus pretendientes en una carrera. Si resultaban vencedores se casaría con ellos pero si era al revés, morirían. Nadie consiguió vencerla nunca puesto que era la más veloz y esquiva de las cazadoras, hasta que Hipómenes, con la ayuda de tres manzanas de oro que le proporcionó Venus y que iba arrojando para que Atalanta se detuviera a recogerlas, consiguió la ventaja necesaria para llegar primero a la meta. Enamorada Atalanta a la vez de Hipómenes, en un receso del camino donde se encontraba un antiguo recinto sagrado custodiado por el sacerdote de Cibeles, los dos amantes se unieron sexualmente profanando la voluntad divina, por lo que los castigó convirtiéndolos en leones al servicio de la diosa:

"Así pues, unas amarillas melenas cubren sus cuellos antes lampiños,
sus dedos se encorvan en forma de garras, 
los hombros se convierten en patas delanteras,
todo su peso se desplaza hacia el pecho y 
barren con sus colas la superficie de la arena;
su gesto expresa ira, en vez de palabras profieren gruñidos,
en vez del tálamo frecuentan bosques, son objeto de temor para otros,
estos leones aprietan el freno de Cibeles, con boca esclavizada"
(Metamorfosis, X, 697-704)



Escena del lateral izquierdo del capitel. En esta imagen aparece Atalanta en su transformación, en cumplimiento del oráculo profetizado por los dioses. La descripción de la mutación en las Metamorfosis de Ovidio parece ser fiel al capitel, incluso las garras representadas se asemejan a dedos humanos. 

Junto a la transformación de Atalanta vemos al guardián del recinto, personaje que describe Ovidio en el mismo capítulo de dicha obra literaria y al que designa como su "sacerdote, de leño", nombre con el que se conocía al consorte de Cibeles, el dios Attis y posteriormente a los "gallis", sacerdotes eunucos de la diosa.

"De luz exigua había cerca un receso,
semejante a una caverna, de nativa pómez cubierto,
por una religión primitiva sagrado, adonde su sacerdote,
de leño, había llevado muchas representaciones de viejos dioses" 
(Metamorfosis X , 690-694).



Escena del lateral derecho. En esta imagen, por voluntad de la diosa Cibeles, que aparece en segundo plano sujetando el báculo y con una mano sobre su abultado vientre, el joven Hipómenes se transforma en león. 

"y coronada de torres la Madre, en la honda Estigia
a los pecadores duda en sumergir. Condena poca le pareció.
Así, unas amarillas melenas cubren sus cuellos antes lampiños,
sus dedos se encorvan en forma de garras..."
(Metamorfosis X, 695-697)


La imagen frontal del capitel con la diosa flanqueada por los leones, nos evoca a la conocida representación clásica y triunfal de Cibeles.


Finalmente incidir sobre el origen etimológico de la localidad de Frómista, de la que algunos historiadores defienden de origen romano, derivado de "frumentum", grano, trigo o cereal, apoyándose en la constancia del asentamiento romano en ese lugar, como respalda la existencia de la calzada que unía Aquitania con Astorga (posterior Camino de Santiago), así como la existencia de villas romanas próximas ocupadas posteriormente por godos y visigodos.

Así pues, la fuerza fértil y vital de la Naturaleza ha sido entendida y representada desde tiempos inmemoriales como la gran Diosa Madre y, encontramos en este preciso lugar, Frumentum, cuyo nombre evoca la generosa fecundidad de la Madre Tierra, una representación de Cibeles, madre universal y madre de los dioses, figuración de la Naturaleza en su poder fecundo, vegetativo y de estado salvaje.



Sin duda esa es la representación de una Diosa Madre, imagen que como podría pasar a formar parte de las muchas estandarizadas a no ser porque ahora ya hemos descubierto su nombre: se trata de una primerísima CIBELES, junto a Atalanta e Hipómenes en el momento de su transformación a leones, según la narración de las Metamorfosis de Ovidio. Toda la talla del capitel coincide con el poema clásico.  

Creemos que poder identificar a la diosa Cibeles en un capitel románico es una excepcionalidad que no debería ser ignorada. 





Salud y Románico


30 abril 2018

Enderezar lo caído





Según creen algunos estudiosos y como indica Alets Marat Torah en su "Cartografía de Lo Que Es", la imagen de la Virgen de Taüll muestra el momento del parto del Niño, la posición de los brazos y manos de la Virgen sugiere el momento en que lo está expulsando de su útero representado por la "uve" azul que forma el manto. Así como la posición de manos y brazos de la diablesa (con exacta posición que la Virgen) sugiere que está ayudando al crío a salir de su vientre.

Entre otras cosas, la iconografía tiene la propiedad de poder plasmar muchos momentos en una sóla escena y sus trazos, colores y formas pueden tener concordancia con las de otra imagen con la que aparentemente no guarda relación alguna. Sus características pueden observarse ontológicamente, es decir, se puede estudiar la consonancia que tienen entre sí los diferentes cuadros o elementos existentes aunque estén alejados tanto en tiempo como en espacio: El universal color rojo, por ejemplo, con el rojo de esa particular flor dibujada o la relación entre una escena y los elementos representados en ella, como, por ejemplo, Jesús convirtiendo el agua en vino y las tinajas, forma, color o número de ellas, entre otras cosas.

Salvando las distancias, podríamos compararlo con la gematria, que interpreta de forma simbólica las palabras a partir del valor numérico de sus letras y viceversa, siendo recíprocas las voces que tienen el mismo valor numérico aunque signifiquen cosas diferentes. Esa es una disciplina que aporta todo un mundo alternativo mucho más trascendente que el extrictamente literal y que no rechaza otras interpretaciones sino que las amplía.

En el caso de la representación de la diablesa de Cifuentes, hay una explicación bastante popular en la que se relata que por resentimiento y entuertos familiares, la comitente, irritada, podría haber propuesto representar de esa forma el nacimiento del rey Alfonso X. 



Utilizando el símil de la "gematria iconográfica" e insistiendo en que no se rechazan otras interpretaciones sino que las amplían, volvemos a la Virgen de Taüll para observar su retrato. Vemos al Niño "surgiendo del útero" levantado y enderezado, sentado en su falda (como es lo habitual). Está enderezado y levantado porque "tal como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre" y porque así nos cuenta la Tradición que debemos hacer nosotros para avanzar. 

Nacemos en el mundo de las formas que cual burlona cabecera en la que apoya la partera demoníaca sus pies, nos atrapa en él, invertidos sin darnos cuenta, igual que el hijo de la diablesa, imperfectos, desnudos y sin purificar. Ese es nuestro aspecto y nacemos con el cetro de nuestro poder que podemos utilizar para permanecer así o trascender. 

También nosotros debemos invertir nuestra posición, enderezar nuestra alma para poder ver con los ojos del espíritu y restablecer el conocimiento que perdimos al caer.



Dentro del ábside de Santa María de Taúll, en el punto central y más sagrado del templo se representa a la Madre pariendo a su hijo enderezado; en la arquivolta más exterior del templo de San Salvador de Cifuentes, en el mundo material y pecador, se representa a la madre pariendo a su hijo invertido. 

Foto: Eugenio Alarza


Entremos en el templo con pie firme y sobretodo, ENDEREZADOS.

Salud y románico

01 marzo 2018

Nutrix desbordada o la dama del mal yantar





Las personificaciones de los vicios o de los viciosos mismos son imágenes muy recurrentes del imaginario en las iglesias románicas. Una de estas escenas está esculpida en un capitel de Saint Pierre de Blesle (France), en el que tres personajes desnudos muestran todos los signos de dedicarse a las malas tendencias. La mujer central, por ejemplo, está etiquetada por los estudiosos del símbolo como la figuración de la lujuria.

La Lujuria, en el marco de la moral sexual, está entendida como un apetito excesivo de placeres sexuales, un deseo sexual desordenado e incontrolable. Existe, no obstante, un sentido no sexual de la lujuria, que se refiere a un exceso o demasía en alguna cosa, cualquiera que sea esa otra cosa.​ (Lujuria, del latín luxus: 'abundancia', 'exuberancia') (1)  

No tiene que ser esa última acepción forzosamente un pecado, pues dependerá de la abundancia de lo propuesto. Si por ejemplo hablamos de abundancia o exuberancia de belleza, podría incluso tratarse de una visión divina. Por contra, si hablasemos de exuberancia o abundancia de ignorancia, eso ya no sería nada bueno.

Entonces, a qué tipo de lujuria se refiere el capitel, a la lujuria sexual o a la lujuria exuberante de alguna otra cosa?


Nos llama la atención que esa señora no tiene aspecto de una lujuriosa sexual. Aunque en cuclillas, no muestra sus genitales ya que están ocultos tras un ornamento vegetal. No hay rastro de cópula ni de fornicación. Su única acción es la de amamantar y parece que de forma bastante serena por cierto, a un reptil y a un anfibio, a los que agarra con sus manos manteniéndolos firmes en el lugar.

Conocido es el valor venenoso que se les otorga tanto de la serpiente como al sapo por escupir una sustancia urticante, cuando no mortal. En este caso, tanto un animal como el otro toman su alimento de los pechos de la mujer. Ella es su nodriza. Así que, no creemos que estemos ante el pecado de la lujuria entendido como depravación sexual sino de otro tipo, el de la exuberancia y abundancia de alguna otra cosa. Pero, de qué cosa?

Quizá debamos observar a sus acompañantes para poder intuir algo o ver a qué malas tendencias en concreto representan:

La lectura del primer personaje es bastante obvia, puesto que lleva colgando una bolsa que alude, muy probablemente, a las bolsas que los prestadores y cambiadores llevaban siempre al cuello durante sus negocios y que, junto al libro de las cuentas, era característico de ellos. Personifica pues, la usura, algo que en tiempos de Carlomagno (Admonitio generalis, s.VIII) fue declarado delito y que, posteriormente en 1311, el papa Clemente V prohibió totalmente, declarando nula toda legislación secular en su favor. (2)


La usura, considerada actualmente como el cobro excesivo de intereses en un préstamos, ha ido siempre ligada al lucro, al abuso, a la especulación y al desangrado del prójimo en beneficio propio.





El poeta Dante en su Divina Comedia describe de esa forma a los usureros:

"Verás colgada a modo de bichejos, sus bolsas en sus pechos, ¡es su tesoro! Siempre han sido la escoria y el desdoro de la Humanidad. Para ellos, el progreso del mundo se mide según el peso de sus ganancias" (3)




En el lado opuesto, otra figura de gran boca abierta nos muestra el instrumento que lo caracteriza: un cuenco o plato. Generalizando, cualquier recipiente que sirva para contener o cocinar comida. Es emblema de la glotonería o la gula, ese deseo egoísta que busca la satisfacción personal mediante la ingesta exagerada de comida.

Del latín gluttiere (tragar), actualmente la gula se identifica con el consumo excesivo de comida y bebida, pero en el pasado, cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este pecado. El consumo de manera irracional o innecesario de cosas sean las que fueran, sería también un tipo de gula que desemboca en otras formas de comportamiento destructivo (4)

Ejemplificado por el cerdo que come la bellota del suelo y tiene la vista puesta en la que hay colgando de una rama, no disfruta de lo que toma y es incapaz de dominar su ansia entregándose hacia la voracidad animal.

Dante nos da una poética descripción de ello en su Divina Comedia, canto IV:  "Ciacco (cerdo) es mi nombre, caí en la perfidia del comer y el beber, sin otro guía, se fue quedando mi razón vacía y me hundí en la negrura y la desidia"  

En ella, los glotones viven derribados en un barro del que no pueden salir; una lluvia exagerada cae sobre ellos golpeándolos y creando a la vez más barro en su entorno. Es alegoría del que ha enterrado su cuerpo en vida, confundiendo y olvidando la verdadera plenitud que es espiritual. En el mismo poema y refiriéndose al mismo pecador, Virgilio sentencia: "-Se ha apagado del todo. Ahora es barro que ha olvidado su fe, su amor, su causa y sus apegos." (5)



Puesto que no están atormentados y junto a ellos no aparece diablo alguno típico de las escenas infernales, estas figuras encarnan más el sentido del vicio o del pecado que al pecador en sí. Cada uno de ellos se identifica con el animal funesto que sale de su boca y, cuyo apetito, siempre está hambriento.

Vemos pues que la gula, considerada por los padres de la Iglesia como un pecado carnal, expulsa un sapo tóxico de su boca, símbolo del deseo desmedido del cuerpo, que a pesar de estar satisfecho, procede al embotamiento de sus sentidos insistiendo en tragar y tragar hasta la saciedad.

Por contra, la usura es un pecado que atañe al espíritu, por ello le corresponde la serpiente venenosa, que aquí simboliza la codicia del alma. No tener escrúpulos de beneficio propio a causa del sufrimiento de otros. Nunca es suficiente para la usura. Y mientras más se crece en este pecado, en más inhumano se transforma uno.

La mujer es su nutriente. Abundancia o exuberancia es una cualidad que en sí, ni es buena ni mala sino todo lo contrario ya que, como decíamos antes, todo dependerá de aquello de lo que abunda.

Sería equiparado al elemento líquido de nuestro planeta que, dependiendo de su cantidad o de su salinidad puede beneficiar o puede perjudicar. Si la dosis y el flujo correcto de ello nos trae prosperidad y vida, la carencia o su exceso nos lleva a la destrucción, ya sea languideciendo por su privación o ahogados por su desbordamiento.

Y ese desbordamiento es lo que en éste capitel personifica la mujer, la exuberancia desmedida del deseo, conocida en la moral cristiana también como "concupiscencia". 




Ella es el deseo incontrolado de todo lo imaginable, ya sea de los ingredientes terrenales para colmar los antojos del cuerpo o de las cualidades obtusas y egocéntricas de las que se alimentan las incorrecciones del alma. 

"Nadie diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que lo atrae y lo seduce. La concupiscencia es madre del pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte." (Carta de Santiago 1,13-15 ) 

Por otra parte y como curiosidad, hemos dado con un derecho jurisdiccional muy antiguo donde la historia ha hecho aproximar los dos conceptos pecaminosos que tratamos aquí, el cobro a la gente más desfavorecida y la comida. Creemos que podría ser un nombre jocoso para la madre de estos del capitel: YANTAR.

"Renta que antiguamente se cobraba bien en especies o bien en dinero para el mantenimiento del rey o del señor de esos lugares. Privilegio que acabó extendiéndose a aristócratas y entidades eclesiásticas que, a veces, lo percibían abusivamente. Su uso en el lenguaje popular evolucionó hasta hacerse sinónimo de comer en su acepción primera." (6)  



En cuanto que la concupiscencia o esa dama del mal yantar sea catalogada con la palabra lujuria con todas las connotaciones eróticas que hoy en día proceden, eso es cosa ya de los librillos de otros maestrillos.


Salud y Románico



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