14 mayo 2018

CIBELES EN FRÓMISTA

Cibeles en Frumentum



Conocemos por Dionisio de Halicarnaso, el origen frigio de Kybele, diosa de la fertilidad y de la vida salvaje, cuyo culto se expandió por el Peloponeso cuando Frigia es conquistada. 

A menudo se la llamó "La Madre de los Dioses" o "La Gran Madre" siguiendo la tradición de su antecesora la diosa Kubada de Asia Menor, diva de grandes pechos, gestante y sedente junto a dos felinos. (1)  

Según Tito Livio (Períocas ab urbe condita) su culto se introduce en Roma con la construcción de un templo dedicado a ella en el monte Palatino en el año 204 a.C., personificada como diosa de la Naturaleza, la Fertilidad de la tierra, las plantas y los animales salvajes.

Latinizado el nombre como Cibeles, se representa normalmente con una corona en forma de muralla, símbolo de la protección que prestaba a las ciudades que la adoran, con un cetro, signo de poder sobre la tierra que fertiliza y en un trono flanqueado por dos leones o tirado por ellos como símbolo de superioridad sobre todos los seres vivos.

Pues bien, en la arquería izquierda de la nave central del sobradamente conocido templo románico de San Martín de Frómista existe un curioso capitel a la par que sorprendente, incomprendido e inexplicado. En él, aparece tallada en su parte central una mujer desnuda con prominente vientre gestante que sujetando un bastón de mando regenta sobre dos leones que la flanquean.




Sin duda esa es la representación de una Diosa Madre, imagen pagana que podría pasar a formar parte de las muchas indefinidas que el románico ha estandarizado, a no ser por los detalles humanos que acompañan a sus leones, los rostros de un hombre y una mujer que forman parte de las bestias.

A pesar de otras tradiciones diferentes del mito de Cibeles (Apodoloro, Pausanias, Calímaco, etc.), Ovidio fue responsable de la difusión más popular sobre sus dos leones al escribir las Metamorfosis, en concreto, el episodio de Atalanta e Hipómenes que aquí resumimos muy brevemente:

Atalanta, a la que el oráculo de los dioses había profetizado que se convertiría en animal si perdía la virginidad, optó por retar a sus pretendientes en una carrera. Si resultaban vencedores se casaría con ellos pero si era al revés, morirían. Nadie consiguió vencerla nunca puesto que era la más veloz y esquiva de las cazadoras, hasta que Hipómenes, con la ayuda de tres manzanas de oro que le proporcionó Venus y que iba arrojando para que Atalanta se detuviera a recogerlas, consiguió la ventaja necesaria para llegar primero a la meta. Enamorada Atalanta a la vez de Hipómenes, en un receso del camino donde se encontraba un antiguo recinto sagrado custodiado por el sacerdote de Cibeles, los dos amantes se unieron sexualmente profanando la voluntad divina, por lo que los castigó convirtiéndolos en leones al servicio de la diosa:

"Así pues, unas amarillas melenas cubren sus cuellos antes lampiños,
sus dedos se encorvan en forma de garras, 
los hombros se convierten en patas delanteras,
todo su peso se desplaza hacia el pecho y 
barren con sus colas la superficie de la arena;
su gesto expresa ira, en vez de palabras profieren gruñidos,
en vez del tálamo frecuentan bosques, son objeto de temor para otros,
estos leones aprietan el freno de Cibeles, con boca esclavizada"
(Metamorfosis, X, 697-704)



Escena del lateral izquierdo del capitel. En esta imagen aparece Atalanta en su transformación, en cumplimiento del oráculo profetizado por los dioses. La descripción de la mutación en las Metamorfosis de Ovidio parece ser fiel al capitel, incluso las garras representadas se asemejan a dedos humanos. 

Junto a la transformación de Atalanta vemos al guardián del recinto, personaje que describe Ovidio en el mismo capítulo de dicha obra literaria y al que designa como su "sacerdote, de leño", nombre con el que se conocía al consorte de Cibeles, el dios Attis y posteriormente a los "gallis", sacerdotes eunucos de la diosa.

"De luz exigua había cerca un receso,
semejante a una caverna, de nativa pómez cubierto,
por una religión primitiva sagrado, adonde su sacerdote,
de leño, había llevado muchas representaciones de viejos dioses" 
(Metamorfosis X , 690-694).



Escena del lateral derecho. En esta imagen, por voluntad de la diosa Cibeles, que aparece en segundo plano sujetando el báculo y con una mano sobre su abultado vientre, el joven Hipómenes se transforma en león. 

"y coronada de torres la Madre, en la honda Estigia
a los pecadores duda en sumergir. Condena poca le pareció.
Así, unas amarillas melenas cubren sus cuellos antes lampiños,
sus dedos se encorvan en forma de garras..."
(Metamorfosis X, 695-697)


La imagen frontal del capitel con la diosa flanqueada por los leones, nos evoca a la conocida representación clásica y triunfal de Cibeles.


Finalmente incidir sobre el origen etimológico de la localidad de Frómista, de la que algunos historiadores defienden de origen romano, derivado de "frumentum", grano, trigo o cereal, apoyándose en la constancia del asentamiento romano en ese lugar, como respalda la existencia de la calzada que unía Aquitania con Astorga (posterior Camino de Santiago), así como la existencia de villas romanas próximas ocupadas posteriormente por godos y visigodos.

Así pues, la fuerza fértil y vital de la Naturaleza ha sido entendida y representada desde tiempos inmemoriales como la gran Diosa Madre y, encontramos en este preciso lugar, Frumentum, cuyo nombre evoca la generosa fecundidad de la Madre Tierra, una representación de Cibeles, madre universal y madre de los dioses, figuración de la Naturaleza en su poder fecundo, vegetativo y de estado salvaje.



Sin duda esa es la representación de una Diosa Madre, imagen que como podría pasar a formar parte de las muchas estandarizadas a no ser porque ahora ya hemos descubierto su nombre: se trata de una primerísima CIBELES, junto a Atalanta e Hipómenes en el momento de su transformación a leones, según la narración de las Metamorfosis de Ovidio. Toda la talla del capitel coincide con el poema clásico.  

Creemos que poder identificar a la diosa Cibeles en un capitel románico es una excepcionalidad que no debería ser ignorada. 





Salud y Románico


28 abril 2018

Autorías y eventualidades: "El rapto de la autoría"

Capitel del rapto de Proserpina en Covet




Es curioso enterarse por la prensa que, aquello que nosotros habíamos anunciado hace una década, es motivo principal para promocionar la visita cultural al templo románico de Santa Maria de Covet. 

En efecto, en mayo del 2008 cuando pudimos acceder al interior del templo para contemplar su majestuosa nave y sus capiteles esculpidos, fuimos los primeros y únicos, hasta la fecha, en plantear que en el interior de ese magnífico templo se encontraba un capitel con la mítica escena del Rapto de Proserpina, lo que comunicamos en una publicación en nuestro blog:




Posteriormente, en julio de 2013, volvimos a insistir en ello, publicando de nuevo en la red una explicación un poco más detallada de los elementos que componen esa escena del capitel e, insistiendo, en que al ser el único caso del románico conocido convertía ese templo y capitel en un sitio muy exclusivo y especial. Lamentablemente a nadie le pareció tan relevante como a nosotros.




Y finalmente, en febrero de 2017, publicamos y compartimos en facebook un pequeño vídeo que elaboramos para seguir dando a conocer tan exclusivo capitel, comprobando a la vez, que nuestro empeño seguía sin dar muestras de que a alguien le pudiera sorprender o interesar.




Un par de meses más tarde a la publicación del vídeo en facebook se celebró el "Tercer Aplec de Covet". Este es un festejo de reciente creación que reúne a vecinos y visitantes en torno a la iglesia para realizar algunas actividades y potenciar el encuentro fraternal entre ellos.

Nos resultó también curioso comprobar como el cartel que anunciaba dicho evento, tenía como protagonista de honor, la imagen central de Proserpina en el momento de su rapto.  



Precisamente esa es una fotografía muy trabajosa de conseguir. Es el lado del capitel más oculto y complicado, puesto que a su posición elevada y oscura se añade la difícil accesibilidad para fotografiar. Fue por ello toda una satisfacción para nosotros poder conseguir ese encuadre frontal donde aparece la diosa agarrando un manojo de espigas.



Esta fotografía tan concreta y explícita había sido incluida en el vídeo compartido meses antes en facebook y, del cual, nadie nos comentó nada en absoluto ni pareció darle importancia notoria.

Por supuesto, tampoco nadie pidió permiso para utilizar ninguna imagen ni mucho menos la idea.




Por eso también nos pareció curioso que la primera actividad de la jornada anunciara una charla de "la representación del rapto de Proserpina en un capitel de Covet" a cargo de un conocido Doctor en Historia de Arte Antiguo y Medieval de la Universidad de Lleida, que a buen seguro explicó y gestionó perfectamente.

No tenemos nada que decir a que se prefiera para la charla el renombre de un conocido profesor a la de aquellos que fueron los primeros en ser conscientes de lo que representaba y han procurado insistir y dar a conocer el significado del capitel.

Pero si tenemos algo a decir por cuanto nuestra autoría no ha sido respetada, ni en la fotografía utilizada ni en la idea aportada. No creemos que sea tan difícil hacer una mención o ponerse en contacto con nosotros a modo de gentileza ya que, tras tantos años de insistir en ello, nos hubiera agradado mucho estar presentes la primera vez que esta interpretación era "presentada en sociedad".

Todas estas reflexiones expresadas aquí nos estimularon a presentarnos este año en el IV Aplec de Covet para manifestar a sus organizadores nuestra disconformidad.



No revelaremos si sus excusas nos convencieron o no, pero sí aceptamos sus disculpas y su propuesta de compensación, invitándonos el próximo año a ser nosotros quienes hagan la explicación del capitel cuyo "derecho primero nos correspondía" según palabras de nuestro interlocutor, asegurándonos que a partir de ahora se mencionará nuestra autoria y que en su próximo memorándum se hará una rectificación escrita acompañada de un artículo nuestro sobre el tema.

Así que esperando que todo ello se cumpla, deseamos que a quién pueda interesar tome nota en su agenda para que, el próximo aplec, venga con nosotros a contemplar este capitel tan peculiar.




Recreación de la escena del capitel del rapto de Proserpina en Covet
Autora: Laura Alberich-Pintura medieval


Salud y Románico


01 marzo 2018

Nutrix desbordada o la dama del mal yantar





Las personificaciones de los vicios o de los viciosos mismos son imágenes muy recurrentes del imaginario en las iglesias románicas. Una de estas escenas está esculpida en un capitel de Saint Pierre de Blesle (France), en el que tres personajes desnudos muestran todos los signos de dedicarse a las malas tendencias. La mujer central, por ejemplo, está etiquetada por los estudiosos del símbolo como la figuración de la lujuria.

La Lujuria, en el marco de la moral sexual, está entendida como un apetito excesivo de placeres sexuales, un deseo sexual desordenado e incontrolable. Existe, no obstante, un sentido no sexual de la lujuria, que se refiere a un exceso o demasía en alguna cosa, cualquiera que sea esa otra cosa.​ (Lujuria, del latín luxus: 'abundancia', 'exuberancia') (1)  

No tiene que ser esa última acepción forzosamente un pecado, pues dependerá de la abundancia de lo propuesto. Si por ejemplo hablamos de abundancia o exuberancia de belleza, podría incluso tratarse de una visión divina. Por contra, si hablasemos de exuberancia o abundancia de ignorancia, eso ya no sería nada bueno.

Entonces, a qué tipo de lujuria se refiere el capitel, a la lujuria sexual o a la lujuria exuberante de alguna otra cosa?


Nos llama la atención que esa señora no tiene aspecto de una lujuriosa sexual. Aunque en cuclillas, no muestra sus genitales ya que están ocultos tras un ornamento vegetal. No hay rastro de cópula ni de fornicación. Su única acción es la de amamantar y parece que de forma bastante serena por cierto, a un reptil y a un anfibio, a los que agarra con sus manos manteniéndolos firmes en el lugar.

Conocido es el valor venenoso que se les otorga tanto de la serpiente como al sapo por escupir una sustancia urticante, cuando no mortal. En este caso, tanto un animal como el otro toman su alimento de los pechos de la mujer. Ella es su nodriza. Así que, no creemos que estemos ante el pecado de la lujuria entendido como depravación sexual sino de otro tipo, el de la exuberancia y abundancia de alguna otra cosa. Pero, de qué cosa?

Quizá debamos observar a sus acompañantes para poder intuir algo o ver a qué malas tendencias en concreto representan:

La lectura del primer personaje es bastante obvia, puesto que lleva colgando una bolsa que alude, muy probablemente, a las bolsas que los prestadores y cambiadores llevaban siempre al cuello durante sus negocios y que, junto al libro de las cuentas, era característico de ellos. Personifica pues, la usura, algo que en tiempos de Carlomagno (Admonitio generalis, s.VIII) fue declarado delito y que, posteriormente en 1311, el papa Clemente V prohibió totalmente, declarando nula toda legislación secular en su favor. (2)


La usura, considerada actualmente como el cobro excesivo de intereses en un préstamos, ha ido siempre ligada al lucro, al abuso, a la especulación y al desangrado del prójimo en beneficio propio.





El poeta Dante en su Divina Comedia describe de esa forma a los usureros:

"Verás colgada a modo de bichejos, sus bolsas en sus pechos, ¡es su tesoro! Siempre han sido la escoria y el desdoro de la Humanidad. Para ellos, el progreso del mundo se mide según el peso de sus ganancias" (3)




En el lado opuesto, otra figura de gran boca abierta nos muestra el instrumento que lo caracteriza: un cuenco o plato. Generalizando, cualquier recipiente que sirva para contener o cocinar comida. Es emblema de la glotonería o la gula, ese deseo egoísta que busca la satisfacción personal mediante la ingesta exagerada de comida.

Del latín gluttiere (tragar), actualmente la gula se identifica con el consumo excesivo de comida y bebida, pero en el pasado, cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este pecado. El consumo de manera irracional o innecesario de cosas sean las que fueran, sería también un tipo de gula que desemboca en otras formas de comportamiento destructivo (4)

Ejemplificado por el cerdo que come la bellota del suelo y tiene la vista puesta en la que hay colgando de una rama, no disfruta de lo que toma y es incapaz de dominar su ansia entregándose hacia la voracidad animal.

Dante nos da una poética descripción de ello en su Divina Comedia, canto IV:  "Ciacco (cerdo) es mi nombre, caí en la perfidia del comer y el beber, sin otro guía, se fue quedando mi razón vacía y me hundí en la negrura y la desidia"  

En ella, los glotones viven derribados en un barro del que no pueden salir; una lluvia exagerada cae sobre ellos golpeándolos y creando a la vez más barro en su entorno. Es alegoría del que ha enterrado su cuerpo en vida, confundiendo y olvidando la verdadera plenitud que es espiritual. En el mismo poema y refiriéndose al mismo pecador, Virgilio sentencia: "-Se ha apagado del todo. Ahora es barro que ha olvidado su fe, su amor, su causa y sus apegos." (5)



Puesto que no están atormentados y junto a ellos no aparece diablo alguno típico de las escenas infernales, estas figuras encarnan más el sentido del vicio o del pecado que al pecador en sí. Cada uno de ellos se identifica con el animal funesto que sale de su boca y, cuyo apetito, siempre está hambriento.

Vemos pues que la gula, considerada por los padres de la Iglesia como un pecado carnal, expulsa un sapo tóxico de su boca, símbolo del deseo desmedido del cuerpo, que a pesar de estar satisfecho, procede al embotamiento de sus sentidos insistiendo en tragar y tragar hasta la saciedad.

Por contra, la usura es un pecado que atañe al espíritu, por ello le corresponde la serpiente venenosa, que aquí simboliza la codicia del alma. No tener escrúpulos de beneficio propio a causa del sufrimiento de otros. Nunca es suficiente para la usura. Y mientras más se crece en este pecado, en más inhumano se transforma uno.

La mujer es su nutriente. Abundancia o exuberancia es una cualidad que en sí, ni es buena ni mala sino todo lo contrario ya que, como decíamos antes, todo dependerá de aquello de lo que abunda.

Sería equiparado al elemento líquido de nuestro planeta que, dependiendo de su cantidad o de su salinidad puede beneficiar o puede perjudicar. Si la dosis y el flujo correcto de ello nos trae prosperidad y vida, la carencia o su exceso nos lleva a la destrucción, ya sea languideciendo por su privación o ahogados por su desbordamiento.

Y ese desbordamiento es lo que en éste capitel personifica la mujer, la exuberancia desmedida del deseo, conocida en la moral cristiana también como "concupiscencia". 




Ella es el deseo incontrolado de todo lo imaginable, ya sea de los ingredientes terrenales para colmar los antojos del cuerpo o de las cualidades obtusas y egocéntricas de las que se alimentan las incorrecciones del alma. 

"Nadie diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que lo atrae y lo seduce. La concupiscencia es madre del pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte." (Carta de Santiago 1,13-15 ) 

Por otra parte y como curiosidad, hemos dado con un derecho jurisdiccional muy antiguo donde la historia ha hecho aproximar los dos conceptos pecaminosos que tratamos aquí, el cobro a la gente más desfavorecida y la comida. Creemos que podría ser un nombre jocoso para la madre de estos del capitel: YANTAR.

"Renta que antiguamente se cobraba bien en especies o bien en dinero para el mantenimiento del rey o del señor de esos lugares. Privilegio que acabó extendiéndose a aristócratas y entidades eclesiásticas que, a veces, lo percibían abusivamente. Su uso en el lenguaje popular evolucionó hasta hacerse sinónimo de comer en su acepción primera." (6)  



En cuanto que la concupiscencia o esa dama del mal yantar sea catalogada con la palabra lujuria con todas las connotaciones eróticas que hoy en día proceden, eso es cosa ya de los librillos de otros maestrillos.


Salud y Románico



17 enero 2018

Bla, bla, bla ... BLAS




En una de nuestras escapadas por la comarca de la Auvernia y para ser más exactos, en el pueblo de Blesle(1), topamos con un capitel de escena fascinante del que a pesar de ser tan significativo para el lugar donde se encuentra, apenas se ha escrito, que nosotros sepamos, prácticamente nada sobre él.

Los elementos que integran la minuciosa escena nos despertaron un pertinaz interés: un carnero atacado por un lobo permanece sujeto por su cornadura por un personaje con vestimenta campestre que, en actitud genuflexa, apoya sobre su hombro un bastón de porra. Esta lucha por el ovino, está presidida por la Dextera Domini que surge del espacio superior y bendice al pastor.

Insistimos en que esta escena es muy significativa para el lugar donde se encuentra, ya que se trataría de la inédita y única representación en un capitel románico de uno de los santos más popularmente conocidos, al que se le generalizó culto por toda Europa en los siglos XI-XII, y cuya devoción se extendió rápidamente sobre todo en ermitas rurales.

Sospechamos que ésta es una representación raíz de la personificación de Saint Blaise (San Blas), patrón exhortado en estas tierras y en otras muchas como santo auxiliar y protector del ganado ante las acometidas del lobo.




Sabemos que en todos los pueblos latinos el azote de los rebaños es el lobo. A la vez se cree que los lobos cortan la voz del que los mira para que no pueda llamar y pedir ayuda porque es creencia común que, al ver al lobo, se ponen los pelos de punta y la lengua se bloquea, impidiendo la articulación de cualquier palabra. Cuando alguien balbucea es habitual bromear sobre si ha visto al lobo, es decir, si algún lobo te ha llevado la voz. San Blas, que etimológicamente significa "cojo y tartamudo",  es el abogado de la ronquera y del mal de cuello en general.

Los pastores de la vertiente francesa del Pirineo adoraban una imagen de Saint Blaise de Prades que, antiguamente, en lugar de báculo, había llevado un cayado o muleta de pastor. Los viejos peleteros y curtidores veneraban a San Blas, tal como una extensión de su protección sobre los rebaños. (2)




Hay que decir de San Blas que, a pesar de ser tan venerado, no hay testimonios documentales confiables, solo leyendas y tradiciones. Se trata pues, de un personaje históricamente incierto. La leyenda, como de costumbre, abunda en particulares varios y nos presenta al anciano obispo viviendo como ermitaño, dentro de una cueva y rodeado de bestias salvajes que lo visitan y le llevan alimento. Al final unos cazadores descubren al santo y lo llevan atado como un malhechor a la cárcel de la ciudad. A pesar de todos sus prodigios, el santo fue llevado a juicio y al no querer renegar de Cristo, fue condenado al martirio: primero lo torturaron con los típicos garfios de hierro o según otros, peines de cardar lana, para posteriormente cortarle la cabeza con una espada.

En el tránsito entre la prisión y el martirio se narran los dos milagros que han conformado principalmente su iconografía: La curación de un niño atragantado con una espina y el de obligar a un lobo a vomitar el cerdo que había engullido, que devolvió vivo e ileso a su anciana dueña. Estando el santo en la cárcel esperando la ejecución, la anciana fue a verlo y le dió dos finas velas de cera para disipar la oscuridad de su celda.

Por eso sus atributos iconográficos suelen ser dos velas cruzadas o bien los peines de lana, instrumentos de su martirio. En ocasiones aparece en una cueva junto a un montón de bestias salvajes y otras veces, llevando atado un lobo amansado.



Pero por qué creemos que esa es la representación de Saint Blaise y no la de otro posible santo con  idéntica aptitud para con los lobos? 

San Antón, por ejemplo, podría ser un buen candidato para esa representación, no en vano, una de sus oraciones reza así: Antonio, Antonio, Antonio! tres cosas sean lo mandado: que lo perdido sea hallado, que el lobo sea alejado, y lo muerto, resucitado” (3)

Otro buen aspirante sería San Norberto, que según su leyenda hizo que un lobo cuidara el rebaño de ovejas después de haberle obligado a soltar una que tenía en sus fauces. (4)

O San Francisco, que transforma el sanguinario lobo que tenía atemorizado al pueblo de Gubbio en el pacífico "hermano lobo" que le acompaña en sus peregrinaciones (5)

Y no olvidemos a San Froilán, cuyo asno fue devorado por el lobo y que, con solo mirarlo el santo, consiguió amansarlo y convertirlo en su fiel acompañante, hasta el punto que le llevaba sus alforjas (6)

Sincretismos aparte y conociendo lo habitual que es en este arte los fenómenos lingüísticos por los cuales un morfema asume más de un valor, nuestra opción pasa por relacionar su nombre con el lugar donde se encuentra el capitel: La Iglesia de Saint Pierre de Blesle.  




El nombre Blesle proviene de una hipotética Villa Blasilla, basado en el antropónimo galo romano Blasillus, derivado del nombre Blasius (7).  

En latín, Blaesus significa "que tartamudea o que balbucea", una dificultad de expresión que, curiosamente, pasó a ser el signo de una comunicación con los dioses, cuyo discurso es difícil de traducir al lenguaje de los hombres. La Tradición Bíblica mantiene que Moisés, considerado un interlocutor privilegiado de Dios, balbuceaba y tartamudeaba: "Ay, Señor, nunca he sido hombre fácil de palabra, ni antes ni después que tú hablas a tu siervo, porque soy tardo en el habla y tartamudo de lengua" (Ex.4:10) 

Así, cual sibila de la antigüedad que profetizaba el oráculo con palabras jeroglíficas e intrigantes, la tartamudez, el balbuceo de Blas, también es indicativo de su capacidad para comunicarse con la divinidad. Blas por tanto, es oráculo de Dios. Por otra parte, el lobo, su adversario en el capitel, que es un animal claramente psicopompo, o sea, un conductor entre este mundo y el otro.

En la iconografía medieval y en el simbolismo universal el “ser tragado por un lobo” es una clara referencia a traspasar el umbral hacía el más allá, del descenso al otro mundo. “Ser devorado” es simplemente una imagen del tránsito de la muerte.




En la etimologia del lugar, se encuentra a menudo el vocablo radical "Blez" o "Bleiz" que en bretón significa "lobo" y cuyo nombre se acerca al de Blaise. (8)

Hemos de añadir que una de las formas dadas a Zeus era el Lykaios, con figura de lobo, al que se ofrecían sacrificios humanos como ofrenda en los tiempos en que reinaba la magia agrícola, para poner fin a las sequías y plagas naturales. (cf. Nilsson, Geschichte, 371s) (9) 

Está documentada la existencia de un templo de Júpiter en Blesle, sobre cuyas ruinas los primeros cristianos levantaron la iglesia de Saint-Pierre, uno de los más bellos y antiguos monumentos de Auvernia y, en cuyo entorno, se han excavado figurillas de lobos:

"Nuestros antepasados, en Auvernia, adoraron a Júpiter, el padre de los dioses, bajo la forma de un lobo en la antigua "Blazilia", Blesle, la vecina ciudad religiosa de Masiac. Es por eso que el santo patrón de Blesle en Auvernia es Saint Blaise.

Antiguamente e incluso recientemente, en las procesiones de esta hermosa ciudad, se veía la estatua del santo sosteniendo a un lobo domado con una correa. Esto se unió a la leyenda del lobo, domesticado por San Blas, obispo armenio mártir en 816, como símbolo del cristianismo que vence al paganismo". (Histoire secrète de l'Auvergne) (10)





Así pues, en el capitel vemos a Blas, el nuevo interlocutor del dios cristiano, que lucha contra el antiguo y pagano Blez por la salvación del rebaño. 

"Por el apaciguamiento que San Blas operaba en los animales salvajes, quiso Dios mostrar a los pecadores el poder de la virtud, que ordena hasta la naturaleza indomable de las fieras."​ (11)



Clica el vídeo para dar forma y vida a sus imagenes










Salud y románico





24 septiembre 2017

El secreto de ABIEGO: Mija-El, Mikaiyáh o...¿Quién como Dios!?



A nuestro queridísimo Chis,
doctor en amistad, jotas,
historia aragonesa, románico
y que, en sus ratos libres, 
ejerce medicina de cuerpos y almas.




Nos cuenta Chis, "el único normal del grupo" según opina una querida amiga, que él siempre había tenido la sospecha que tras aquel grueso muro podía esconderse la puerta de la antigua torre defensiva que actualmente forma parte del campanario de su iglesia, la Colegial de Santa María la Mayor de Abiego.

Y es a raíz de unas obras de restauración en 1988, al sanear la pintura que cubría el interior del templo, cuando en efecto, apareció cegada la típica entrada elevada de torre defensiva a más de tres metros del suelo actual.

Empeñandose junto al entonces párroco de la iglesia, Juan Carlos Barón, que, tras esa pared, la escalera medieval seguía intacta en su interior, decidieron abrir un pequeño acceso en dicha puerta para poder entrar a comprobarlo.

Y en efecto, siendo los primeros en franquearla tras cientos de años y través de un pasillo que recorre el espesor del muro, llegaron a una estancia de bóveda de cañón apuntado en perfecto estado de conservación, que tiene una estrecha saetera defensiva en la parte oeste.




Desde esta cámara y a través de otro corto pasadizo, encontraron la primitiva escalera de caracol del s.XII-XIII, iluminada por saetera doblemente abocinada y abierta en el muro norte de la torre y cuyo tramo conservado era de seis metros y medio en su eje vertical.

Aunque, no era esa la única sorpresa que les aguardaba. 

Fue en ese corto pasadizo hacia la escalera donde semi enterradas bajo escombros, José Luis Conte Sampietro, descubrió unas tablas de retablo pintadas, cuya existencia se desconocía hasta el momento. 

Fácil es imaginar su alegría tras la sorpresa y más aún la satisfacción cuando las pinturas, una vez limpias y bien colocadas, lucen así de esplendorosas en su amada iglesia.





Al observar el bello retablo, no deja de fascinar la originalidad de sus representaciones, pues algunas de ellas son poco habituales o mejor dicho, muy únicas. 

El primer ejemplo de ello lo tenemos en su parte central, presidida por una inédita representación del Arcángel San Miguel dentro de una mandorla que lucha con el maligno. 



Sorprende que cuando en el gótico había caído ya en desuso la representación de la mandorla, este retablo nos muestra nada más y nada menos que a un arcángel rodeado de ella.

De todos es sabido que en  el  arte  cristiano y desde  el s.VI la  mandorla  se  había  constituido  en   un  atributo  de Cristo en escenas  de la  Transfiguración  y  de  la Ascensión, extendiéndose posteriormente  a  otros  aspectos de  la  vida  de  Cristo, del Pantocrátor o de la Divina Sabiduría, pero en ningún caso a figuras angelicales.

Reconocemos la excepcionalidad de esa representación nunca antes otra vista, y es por ello que no podemos concebirla si no es asumiendo que el maestro pintor recurrió a la mención de la lingüística nominal: Mija-El, Mikaiyáh o Mijai:  ¿Quién como Dios!? ...






En la parte derecha inferior encontramos otra estampa muy única, el emperador Constantino coronado como tal pero en pleno viacrucis transportando y señalando la cruz, imagen que transfiere una evidente relación entre él y la pasión de Cristo que fue coronado de espinas y obligado a transportar a cuestas su cruz. 

Frente a él vemos a San Bartolomé, con luenga barba, sujetando un libro y un amplio cuchillo, símbolo de su desolladura. 






En la parte superior San Fabián y San Sebastián, patrones de Abiego, cuyo culto tradicionalmente siempre ha ido unido, celebrándose el 20 de enero en la festividad de los Santos Mártires. 

El primero, vestido con ropas pontificales, sedente y extendiendo su brazo en bendición y el segundo, en otra inusual figuración, pues no aparece en el característico momento del martirio, sino un joven dignamente ataviado sujetando en ambas manos un arco y una flecha.



Y coronando el conjunto, la crucifixión de Cristo donde María y Juan acompañan la escena intentando desviar la atención del espectador hacia el paisaje del fondo que parece reproducir una porción típica de la Sierra de Guara y que podría constituir un elemento de ubicación o punto de referencia para investigar la localización del templo de San Miguel de Guarga, de donde procede este retablo tan excepcional que podemos disfrutar gracias al tesón, fortuna y conocimiento de Jose Luis Conte Sampietro.





Conocemos, gracias al documento publicado por don Jesús Conte Oliveros (1), la visita que en el día primero de septiembre de 1560 efectuó el Rvdo. Don Pedro Vitales, Provisor y Visitador General de la Ciudad, a la iglesia de San Miguel de Abiego "hallando el altar con un retablo de lienzo con la imagen de San Miguel pintada en medio y a los lados los de San Bartolomé y Santa Elena. También visitó el altar de San Sebastián y San Fabián y halló el retablo de madera pintado con las imágenes de San Sebastián y San Fabián".

Y desde entonces, una oscura sombra se cernió hasta julio de 1998.







(1) CONTE OLIVEROS, J. " Viaje por pueblos oscenses". S. XVI. Colección Aragón, 1980.

(2) CONTE SAMPIETRO, J.L.: " Santa María la Mayor de Abiego". Diputación de Huesca 1999


Salud y Romànico

07 junio 2017

Un capitel fundamental: "ni cielo ni infierno"


"La forma en que vosotros pensáis que es, 
no puede ser la forma en que es en absoluto”



A nuestro queridísimo e inolvidable
Don Bernardino Ortiz Angulo (q.e.p.d),
último custodio de este singular templo



En el semicírculo absidal del templo románico de San Lorenzo de Vallejo en las Merindades burgalesas, sorprende un capitel donde en primer plano aparece representado un féretro conteniendo una figura humana maniatada con los ojos abiertos y rodeada de varios personajes, cuatro en el frente del capitel y el resto en ambos lados del mismo. Se adivinan personajes barbados masculinos con vestimenta o casquete ceremonial y dos mujeres con, idéntico tocado y mismas "mangas perdidas" o acorbatadas, que parecen tener un papel importante en la escena, dispuestas a levantar o cerrar la tapa del sarcófago.

Dicha escena ha sido interpretada por reputados autores como el encuentro ante la tumba de Cristo entre el ángel y las Santas Mujeres apareciendo otras figuras que podrían indicar los apóstoles mostrando el levantamiento de la tapa como signo de la Resurrección o bien, que podría tratarse del descubrimiento del cuerpo del Apóstol Santiago, que apareció en Finisterre, en los dominios de la reina Lupa, la cual permitió que sus discípulos lo enterraran (1)

Tal propuesta académica que ha venido siendo comúnmente aceptada nos resultó desde el principio harto extraña, pues el sepulcro de Cristo se encontró vacío y las Santas Mujeres irían provistas de pomos de perfume siendo un ángel el encargado de levantar la tapa del sepulcro. Tampoco concebimos que el Apóstol Santiago apareciera vivo en el sarcófago, con ojos abiertos y maniatado.


Intentando dar una explicación a lo que vemos, hemos reparado en una temible y relevante leyenda medieval, la de la muerte de San Oran u Odrán:



San Oran, fue uno de los doce religiosos que, en 563, acompañaron a San Columba a la isla de Iona para convertirla en centro de su misión evangelizadora de Escocia. 

La leyenda que rodea la muerte de este santo es que consintió ser enterrado vivo debajo de una capilla que Columba intentaba construir en Iona. Una voz le había dicho a Columba que los muros de la capilla no se mantendrían hasta que un hombre vivo estuviera enterrado debajo de los cimientos, y de hecho, cada mañana los constructores llegaban al lugar para encontrar todo el trabajo del día anterior deshecho. 

Así que Oran fue consignado a la tierra, y la capilla erigida sobre él. El edificio de la abadía siguió adelante sin problemas y la capilla de San Oran marca el punto donde enterraron al santo.(2)

Algún tiempo después, Columba quiso ver a Oran una vez más y abrieron el hoyo encontrando que aún vivía. Oran trató de salir de su tumba describiendo la otra vida que había visto y pronunciando ante su atónito compañero unas resolutivas palabras: 
”No hay infierno como vosotros pensáis ni Cielo del que la gente habla” y posteriormente, inclinándose hacía Columba, le susurró: “La forma en que tu piensas que es, no puede ser la forma que es en absoluto”

Alarmado por tan blasfemas palabras que ponían en duda todo en lo que ellos creían, Columba rápidamente selló con tierra la boca de Oran y lo volvió tapar para salvar así el alma de su amigo, del mundo y sus pecados.


Capilla de San Oran

Sin embargo, el incidente sobrevivió en la leyenda y las gentes de la zona consagraron las palabras de Oran a la sabiduría popular. Catorce siglos después, los peregrinos que llegan a dichas zonas siguen escuchando dichas palabras y, cuando alguien menciona un tema incómodo, todavía se los suele silenciar con la frase: "Palada de barro en la boca de San Orán"  (3)  

En el campanario de San Oran hay una inscripción que recuerda esta antigua leyenda y cada vez que la campana suena, es como si se hiciera eco la intemporal sabiduría del santo:

"La forma en que vosotros pensáis que es, no puede ser la forma que es en absoluto"



Esta leyenda nos remite al atroz, pero no por ello menos verídico, rito de la cimentación. Ritual practicado desde la noche de los tiempos basado en sacrificar algún ser vivo y enterrarlo bajo los cimientos para complacer a los espíritus terrenales.

Ya en relatos antiguos de la mitología teutónica existe evidencia de rituales de sacrificio que incluían animales o personas vivas para la protección de las construcciones, quizá como recuerdo ancestral del rito de protección bíblico de untar con sangre las dos jambas y el dintel de la casa (Ex. 12, 7) (4).

Cuando se sacrificaba a una persona, podía ser emparedada entre los muros de la cimentación o aplastada bajo la piedra angular de la estructura.

George Henderson relata la leyenda artúrica de la construcción de Dinas Emris, donde al constructor le aconsejaron que encontrara y sacrificara un niño sin padre "para asegurarse de que los muros de la fortaleza no se vendrían abajo", leyenda que guarda gran paralelismo con la anterior expuesta de San Odran. (5)

Y otro terrible ejemplo de este ritual de cimentación lo encontramos en Gran Bretaña, durante la reconstrucción de la iglesia de Holsworthy de Devons Shire en 1885, hallaron en la esquina del edificio un esqueleto, con una base de mortero sellando la boca, una forma de acallar los gritos o posibles maldiciones que lanzaría del infeliz emparedado.




En Grecia, también existe noticia sobre la práctica de dicho rito de cimentación.


De acuerdo con la famosa balada folclórica griega que habla del puente de piedra levantado en la Edad Media y que cruza el río Arachtlos en las inmediaciones de la ciudad de Arta, lo construyeron mil trescientos trabajadores, sesenta aprendices y cuarenta y cinco artesanos que se esforzaban para evitar, cada día, que durante la noche se colapsara. Finalmente, un ave con voz humana informó al maestro de obra que para evitar que el puente se derrumbara debía sacrificar a su esposa, efectuado lo cual volvieron a construirse las bases del puente y aún se mantiene en su lugar. (6) (7) 


Foto José María Moreno García
Geográficamente más próxima a nosotros aún existe, en la actualidad, la celebración de un ritual donde la muerte de una persona adquiere otra dimensión. Nos referimos a la romería de la muerte o procesión de los ataúdes que celebra cada 29 de julio el pueblo gallego de Santa Marta de Ribarteme donde los ofrecidos, también denominados exvotos vivos, se introducen en los ataúdes durante la procesión en cumplimiento de una promesa que pueden haber hecho por sí mismos o bien por algún familiar, tras haber superado una enfermedad grave o haber estado al borde de la muerte.



A partir de todos estos datos y analizando con detalle este capitel del ábside de San Lorenzo de Vallejo de Mena, creemos muy posible que dicha escena corresponda a una ceremonia de cimentación. Dejando entender, así, que se pudo realizar un ritual de estas características en este templo.

Con la curiosidad añadida que fue, precisamente, esa esquina bajo el capitel el lugar que posteriormente se escogió para incrustar la capilla mortuoria y colocar el sarcófago que alberga los restos mortales del caballero Fernando de Vivanco de la Orden de San Juan de Jerusalén. Sabían ellos entonces algo que ahora ignoramos?



Foto Santiago Abella


Conocedores de que dicha ceremonia se transformó con el tiempo, en la colocación de la primera piedra o piedra angular de inicio de construcción, queremos otorgar a este capitel la categoría de fundamental y fundacional.



Salud y románico


(1) Arquitectura y escultura románicas en el Valle de Mena. P. Rodríguez-Escudero, 1987.






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