Se llama Vallejo por ser una pequeña depresión orográfica dentro de otro valle. Siendo un diminuto valle dentro y subalterno del de Mena, terminaron denominándolo “el vallejo”.
No discurre por el mismo razonamiento lógico la denominación de su templo, pues consagrado a San Lorenzo, ningún elemento de su prolija escultura, interior ni exterior, recogerá motivo alguno que pueda ser vinculado con la imagen, vida o martirio de dicho santo.
Ante el enigmático motivo de dicha advocación, sólo encontramos una relación causal en el pequeño oratorio que mandó construir Constantino el Grande en honor a San Lorenzo y que, sobre el s.VII, se convirtió en punto de parada en los itinerarios de peregrinación hacía las tumbas de los mártires romanos al igual que aquí, en Vallejo, que fue también en su época lugar de parada en la peregrinación hacia Santiago de Compostela. No en vano, la edificación del templo coincide precisamente con el auge de las rutas secundarias del Camino por el Norte.
Pero aun siendo mucho y bueno lo que el templo exhibe en su exterior y atesora en su interior, no es este el objeto del presente trabajo, por lo que nos ceñiremos al tratamiento del elemento esencial de nuestro estudio y divulgación:
A simple vista se percibe que la fachada norte del templo es la de mayor elevación sobre el nivel de la calzada. Su elegante sobriedad también recae en sus elementos estructurales: cuatro robustos contrafuertes cuadrangulares que compartimentan el muro bajo una repisa que recorre la superficie de la nave y el paño central. Y, bajo ventana simple, la puerta más pequeña de las tres, conocida como la puerta del Perdón, que, apuntada, presenta doble arquivolta decorada que apean sobre sendos pares de columnas.
La parte superior del muro se retranquea sobre la repisa y se compartimenta, en vertical, por seis sencillos contrafuertes que rompen la monotonía al tiempo que ayudan a sostener el empuje de las bóvedas.
Pues bien, en el tercer contrafuerte superior por encima de la ventana, encontramos un sillar con la siguiente inscripción:
Aunque el nivel superior de este lado norte fue reconstruido, como acredita el bloque que obra junto al lado derecho de la ventana, no podemos sustraernos a la calidad y trazo de la grafía pétrea de este tercer contrafuerte que se nos antoja de caracteres auténticos y que parece recoger, deliberadamente separados entre sí, signo, nombre y firma, es decir: todos los elementos integrantes de un verdadero Signum Magister.
Puede que algún día el tiempo desvele su autenticidad, significado y nombre. Quizás uno de los dos que trabajaron en este hermoso templo del Valle de Mena?
"Es mi marca, el sello perdurable de mis obras. El paso del tiempo no le afectará nada y pasará desapercibido para quien no sepa leer los signos de la vida. Sólo las mentes reposadas perciben los detalles; son las únicas merecedoras del disfrute vital" (J.L. Hernangomez: "La Hoz de la reina")