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07 junio 2017

Un capitel fundamental: "ni cielo ni infierno"


"La forma en que tu piensas que es, 
no puede ser la forma que es en absoluto”


A nuestro queridísimo e inolvidable
Don Bernardino Ortiz Angulo (q.e.p.d),
último custodio de este singular templo


En el semicírculo absidal del templo románico de San Lorenzo de Vallejo en las Merindades burgalesas, sorprende un capitel donde en primer plano aparece representado un féretro conteniendo una figura humana maniatada con los ojos abiertos y rodeada de varios personajes, cuatro en el frente del capitel y el resto en ambos lados del mismo. Se adivinan personajes barbados masculinos con vestimenta o casquete ceremonial y dos mujeres con, idéntico tocado y mismas "mangas perdidas" o acorbatadas, que parecen tener un papel importante en la escena, dispuestas a levantar o cerrar la tapa del sarcófago.

Dicha escena ha sido interpretada por reputados autores como el encuentro entre el ángel y las Santas Mujeres ante el sepulcro de Cristo apareciendo otras figuras que podrían indicar los apóstoles mostrando el levantamiento de la tapa como signo de la Resurrección o bien, que podría tratarse del descubrimiento del cuerpo del Apóstol Santiago, que apareció en Finisterre, en los dominios de la reina Lupa, la cual permitió que sus discípulos lo enterraran (1)

Tal propuesta académica que ha venido siendo comúnmente aceptada nos resultó desde el principio harto extraña, pues el sepulcro de Cristo se encontró vacío y las Santas Mujeres irían provistas de pomos de perfume siendo un ángel el encargado de levantar la tapa del sepulcro. Tampoco concebimos que el Apóstol Santiago apareciera vivo en el sarcófago, con ojos abiertos y maniatado.




Intentando dar una explicación a lo que vemos, hemos reparado en una temible y relevante leyenda medieval, la de la muerte de San Oran u Odrán:

San Oran, fue uno de los doce religiosos que, en 563, acompañaron a San Columba a la isla de Iona para convertirla en centro de su misión evangelizadora de Escocia. 

La leyenda que rodea la muerte de este santo es que consintió ser enterrado vivo debajo de una capilla que Columba intentaba construir en Iona. Una voz le había dicho a Columba que los muros de la capilla no se mantendrían hasta que un hombre vivo estuviera enterrado debajo de los cimientos, y de hecho, cada mañana los constructores llegaban al lugar para encontrar todo el trabajo del día anterior deshecho. 

Así que Oran fue consignado a la tierra, y la capilla erigida sobre él. El edificio de la abadía siguió adelante sin problemas y la capilla de San Oran marca el punto donde enterraron al santo.(2)

Algún tiempo después, Columba quiso ver a Oran una vez más y abrieron el hoyo encontrando que aún vivía. Oran trató de salir de su tumba describiendo la otra vida que había visto y pronunciando ante su atónito compañero unas resolutivas palabras: 
”No hay infierno como vosotros pensáis ni Cielo del que la gente habla” y posteriormente, inclinándose hacía Columba, le susurró: “La forma en que tu piensas que es, no puede ser la forma que es en absoluto”

Alarmado por tan blasfemas palabras que ponían en duda todo en lo que ellos creían, Columba rápidamente selló con tierra la boca de Oran y lo volvió tapar para salvar así el alma de su amigo, del mundo y sus pecados.
Capilla de San Oran

Sin embargo, el incidente sobrevivió en la leyenda y las gentes de la zona consagraron las palabras de Oran a la sabiduría popular. Catorce siglos después, los peregrinos que llegan a dichas zonas siguen escuchando dichas palabras y, cuando alguien menciona un tema incómodo, todavía se los suele silenciar con la frase: "Palada de barro en la boca de San Orán"  (3) 

En el campanario de San Oran hay una inscripción que recuerda esta antigua leyenda y cada vez que la campana suena, es como si se hiciera eco la intemporal sabiduría del santo:

"La forma en que vosotros pensáis que es, no puede ser la forma que es en absoluto"

Esta leyenda nos remite al atroz, pero no por ello menos verídico, rito de la cimentación. Ritual practicado desde la noche de los tiempos basado en sacrificar algún ser vivo y enterrarlo bajo los cimientos para complacer a los espíritus terrenales.

Ya en relatos antiguos de la mitología teutónica existe evidencia de rituales de sacrificio que incluían animales o personas vivas para la protección de las construcciones, quizá como recuerdo ancestral del rito de protección bíblico de untar con sangre las dos jambas y el dintel de la casa (Ex. 12, 7) (4).

Cuando se sacrificaba a una persona, podía ser emparedada entre los muros de la cimentación o aplastada bajo la piedra angular de la estructura.

George Henderson relata la leyenda artúrica de la construcción de Dinas Emris, donde al constructor le aconsejaron que encontrara y sacrificara un niño sin padre "para asegurarse de que los muros de la fortaleza no se vendrían abajo", leyenda que guarda gran paralelismo con la anterior expuesta de San Odran. (5)

Y otro terrible ejemplo de este ritual de cimentación lo encontramos en Gran Bretaña, durante la reconstrucción de la iglesia de Holsworthy de Devons Shire en 1885, hallaron en la esquina del edificio un esqueleto, con una base de mortero sellando la boca, una forma de acallar los gritos o posibles maldiciones que lanzaría del infeliz emparedado.





En Grecia, también existe noticia sobre la práctica de dicho rito de cimentación.

De acuerdo con la famosa balada folclórica griega que habla del puente de piedra levantado en la Edad Media y que cruza el río Arachtlos en las inmediaciones de la ciudad de Arta, lo construyeron mil trescientos trabajadores, sesenta aprendices y cuarenta y cinco artesanos que se esforzaban para evitar, cada día, que durante la noche se colapsara. Finalmente, un ave con voz humana informó al maestro de obra que para evitar que el puente se derrumbara debía sacrificar a su esposa, efectuado lo cual volvieron a construirse las bases del puente y aún se mantiene en su lugar. (6) (7) 

Foto: José María Moreno García
                                
Geográficamente más próxima a nosotros aún existe, en la actualidad, la celebración de un ritual donde la muerte de una persona adquiere otra dimensión. Nos referimos a la romería de la muerte o procesión de los ataúdes que celebra cada 29 de julio el pueblo gallego de Santa Marta de Ribarteme donde los ofrecidos, también denominados exvotos vivos, se introducen en los ataúdes durante la procesión en cumplimiento de una promesa que pueden haber hecho por sí mismos o bien por algún familiar, tras haber superado una enfermedad grave o haber estado al borde de la muerte.


A partir de todos estos datos y analizando con detalle este capitel del ábside de San Lorenzo de Vallejo de Mena, creemos muy posible que dicha escena corresponda a una ceremonia de cimentación. Dejando entender, así, que se pudo realizar un ritual de estas características en este templo.

Con la curiosidad añadida que fue, precisamente, esa esquina bajo el capitel el lugar que posteriormente se escogió para incrustar la capilla mortuoria y colocar el sarcófago que alberga los restos mortales del caballero Fernando de Vivanco de la Orden de San Juan de Jerusalén. Sabían ellos entonces algo que ahora ignoramos?



Foto Santiago Abella


Conocedores de que dicha ceremonia se transformó con el tiempo, en la colocación de la primera piedra o piedra angular de inicio de construcción, queremos otorgar a este capitel la categoría de fundamental y fundacional.


Salud y románico


(1) Arquitectura y escultura románicas en el Valle de Mena. P. Rodríguez-Escudero, 1987.








19 junio 2013

MARCHVS o la llamada a la redención










La iglesia oscense de San Gil de Luna nos sorprendió con un capitel que muestra una
 iconográfica atípica a la vez que sugerente. Según variopintas opiniones, la composición del capitel parece mostrar los tetramorfos de los evangelistas Lucas y Mateo con un ángel central que permanece entre ambos y muestra un libro abierto.

En efecto, en un lado del capitel aparece el toro alado, signo inequívoco del evangelista Lucas; aunque en éste caso, el toro muestra toda la similitud de un Agnus Dei, pues aparece sujetando con su pata la cruz triunfal de la resurrección.




Asimismo, en el otro lateral del capitel, la figura que algunos han identificado con el evangelista Mateo aparece representado sin sus alas correspondientes y parece estar dialogando con otro personaje que también carece de ellas. Hasta aquí, pensando que podría ser una rareza del artista, podríamos ceder ante las opiniones anteriores pero no acabábamos de verlo claro. 

Lo curioso es que aparte de las incoherencias mencionadas, el ángel central, que sujeta el supuesto evangelio, parece indicar con su dedo una inscripción perfectamente trazada sobre sus páginas abiertas que, a causa de estar a gran altura, es imposible de leer a simple vista. 

Gracias a unas fotografías realizadas por romanicoaragones pudimos acceder a la grafía escrita en el libro: MARCHVS





Su lectura nos supuso más dudas que certezas, pues no corresponde el nombre de este evangelista al buey alado ni tampoco a la otra figura que relacionan con Mateo. 

A raíz de esto empezamos a barajar posibilidades diferentes que no acababan de convencernos. ¿Se refería al evangelio de Marcos? o ¿quizá era el posible nombre del maestro escultor? Estuvimos dándole vueltas una buena temporada, pero no encontrábamos ninguna información que nos ayudará a resolver la incógnita de Marchus; hasta que el destino, tuvo a bien cruzarse en nuestro camino, en forma de Visión.

Y aquí empieza nuestra aportación para desvelar la iconografía de este peculiar capitel, en la que creemos que su representación no corresponde, como hasta ahora se creía, al tetramorfo de Lucas y Mateo, sino que tras esa aparente lectura se insinúa otra mucho más extensa y elaborada.




* La Visión

Son muy conocidos por los traductores de literatura antigua los textos medievales denominados con el nombre de "exemplum". Estos, corresponden a historias visionarias, asociadas al viaje hacía el más allá con fuerte carga moralizante. Debido a su eficacia en afianzar la labor cristiana, estas narraciones fueron muy utilizadas en la predicación eclesiástica como método de adoctrinamiento, divulgar enseñanzas y reformar algunas costumbres que permanecían fuera de lo aceptado por la Iglesia. 

Eso contribuyó de forma destacada a que se originase a lo largo de la Edad Media un constante chorreo de narraciones sobre las visiones del más allá, repercutiendo asimismo en la demanda de copias de esos textos y produciéndose, con el tiempo, una sintetización de los mismos, adaptando y mejorando algún aspecto narrativo de textos existentes.

Algunos de estos manuscritos permanecen en el registro de la Corona de Aragón considerados como las principales y más influyentes narraciones sobre la catarsis y la visión paradisíaca que en aquel tiempo formaba parte de la educación filosófica del monje de la Edad Media.

Curiosamente, el punto de origen y expansión de estas historias visionarias fue la escrita originariamente en latín por un monje benedictino, cuya historia de su vida es apenas conocida, aunque si lo es su nombre: Marchvs.

Sospechamos que el capitel de San Gil de Luna donde aparece triunfante el toro alado junto a un ángel que porta un libro epigrafiado, puede aludir a uno de esos textos de predicación sobre el más allá, cuya enseñanza tuvo una permanencia de más de trescientos años en la mentalidad medieval tanto de religiosos como de seglares. 







La trama del Tractatus de Marchvs

Tundal, el protagonista de la historia narrada por Marchus, es identificado como un caballero que se comporta de manera ociosa y es responsable de cometer los ocho pecados capitales contemplados en la tradición irlandesa. 

Su revelador viaje empieza una noche mientras cena en casa de su vecino. Allí, sufre un ataque y muere. Tras ello su alma viaja a un sombrío lugar, donde un ángel luminoso lo aguarda. Tras recriminarle su mal comportamiento en el mundo terrenal y Tundal reconocer sus faltas, emprenden juntos un viaje por el más allá. El ángel guardián como guía y maestro y, Tundal, como alguien que se enfrenta a su primera experiencia dolorosa y redentora. Los horrores del purgatorio son vividos y contemplados por Tundal en diversos estadios dolorosos, para posteriormente, terminar en el séptimo cielo donde vive un emocionante encuentro con el patriarca de la Iglesia Católica Irlandesa y contempla, tras ello, la Trinidad y toda la Majestad Divina.

Finalmente, el protagonista totalmente redimido de sus faltas, regresa a su cuerpo para poder relatar esa experiencia a sus amigos y llevar el mensaje de esperanza en el perdón gracias a la misericordia divina.




La Visión de Furseus, la Visio Pauli y la Visión de Drythelm son entre otras, algunas de esas historias que, redactadas en siglos diferentes, son coincidentes en dogma y estructura con el Tractatus de Marchvs. En cada una de ellas se repiten cuestiones similares:


 1- Llegada y acceso del pecador al mundo infernal donde, acompañado por un guía o ángel guardián que lo asesora y adoctrina en todo momento, observa, se adentra y experimenta los diferentes estados de purificación. Tras lo cual y después de un cambio trascendental, culmina su visión con la contemplación de una triunfante y apocalíptica manifestación celestial.

 2- Regreso del personaje al mundo mortal ya redimido de sus pecados para vivir el resto de su vida conforme las profundas lecciones que ha aprendido con el encargo expreso de referir esta vivencia a sus amigos y familiares. En todos los casos, a esta misión se le da extrema importancia y siempre le es encargada por alguien que, en vida, había representado para el protagonista un modelo de perfección a seguir.

En el caso de la Visión de Paulo es el mismo Cristo quién solicita al apóstol que difunda la visión y, en Tundal, la tarea le es encomendada por su santo patrón, al que él venera, y con el que tras su emocionante encuentro y cordial saludo, inicia una trascendental conversación, como posteriormente haría Dante con Virgilio, en el texto más celebre de estas características que ha perdurado hasta nuestros días, la Divina Comedia.   




El paralelismo en todos estos textos es evidente, el mensaje de estos exemplum se convierte en la doctrina de la segunda oportunidad, donde el arrepentimiento y la aceptación del sacrificio muestran la poderosa visión de la Misericordia Divina.

Por ser hasta aquel momento la más precisa y detallada visión cristiana que se había escrito sobre el más allá, la versión de Tundali gozaba de mucha popularidad y, el nombre de su autor acabo siendo asociado a las narraciones de este genero literario que se popularizaron como Marcus insertándose en la lectura y meditación del monje y formando parte de su adoctrinamiento espiritual.




Por tanto, la peculiar e innovadora representación del toro alado que muestra el paralelismo con el Agnus Dei, estaría directamente relacionada con la contemplación final mística que se relata en dichos textos.

Y más concretamente en la Visión de Pablo, puesto que el toro alado es transferible al evangelio de Lucas del que San Pablo fue su mayor defensor, bien podría representar la más trascendental visión que experimentó el apóstol en su viaje al mas allá cuando el ángel que lo acompañaba le mostró tras pasar por donde moran los justos, la resplandeciente y áurea ciudad de Cristo, al igual que San Juan contempla al final de su visión apocalíptica al Cordero Místico en el centro de la Nueva Jerusalén.

Asimismo, la escena con los dos personajes que completan el capitel y que parecen estar conversando, podría tratarse del protagonista de la catarsis, vuelto a la vida, dando fe de esa experiencia.




La justificación –contextualización del papel de la diferentes órdenes religiosas: cistercienses, benedictinos, agustinianos-

La estructura de Marchvs y la de sus "exemplum" herederos, fortalecen de una manera coherente una particular espiritualidad cisterciense, pero, sin embargo, será utilizada en el siglo XII para equilibrar en la reflexión religiosa, dos tipos de mentalidades diferentes, una de horror y otra de esperanza, la de dominicos y benedictinos. Esta diferencia se pone de manifiesto en la teoría y doctrina fundamental de la Visión de Tundal: Dios es justicia y misericordia. 

La carga principal del mensaje es que todos los seres humanos, no merecen, por justicia, el castigo de Dios; pero sólo la benevolencia de la Misericordia de Dios, hace posible la salvación. Se incide en la diferencia entre lo que se merece y lo que la misericordia de Dios hace posible.

Como decíamos antes, la pena purgatorial con todos sus horrores, fue la herramienta de la doctrina de la "segunda oportunidad", donde el arrepentimiento y la aceptación del sacrificio muestran la poderosa visión de la misericordia divina. 


La idea del purgatorio se estableció como el lugar donde penan las almas antes de entrar en el paraíso, y del cual a veces salen para pedir ayuda o amonestar a los vivos. Fue el papa Inocencio III el que, en un sermón para el Día de Todos los Santos utilizó varias veces este termino dejando clara la idea de que existen TRES tipos de iglesia: la triunfante, la militante y la del Purgatorio. La institucionalización del Purgatorio, sería llevada a cabo en 1274 durante el Segundo Concilio de Lyon. Así fue como se pudieron consolidar como ortodoxas una gran cantidad de leyendas y de exemplum contenidos en las Visiones.


El mensaje hoy en día: 

"... lava del todo mi maldad, limpia mi pecado. “Misericordia quiero y no sacrificios” (Salmo responsorial 50)


“No he venido a invitar a la conversión a los justos, sino a los pecadores". (Lc. 5,32)


Estas dos citas, entre otras, s
on comentadas en el sermón del domingo décimo del tiempo ordinario y se corresponden perfectamente a la enseñanza teológica que Marchvs intenta transmitir en su narración. El mismo Lucas lo transcribe, Jesús hace una llamada para una conversión o reforma interior a toda persona que se encuentra insatisfecha consigo misma, experiencia conocida por los religiosos como "catarsis" o/y “metanoia”.

Un mensaje eclesiástico actualmente activo, donde la enseñanza llama al reconocimiento de la propia imperfección junto a la salvación por medio de la misericordia de Dios.


Salud y Románico (2008)


En fecha 2013 hemos encontrado un reciente trabajo que puede aportar más datos sobre la Visio Tundal











14 noviembre 2011

* "SANSO, SOY LEYENDA". *





El templo de Santa Catalina de Alejandría, edificado en los albores del s.XIII y situado en el valle de Yerri, es un magnífico exponente del románico rural navarro. La que vemos ahora como una solitaria ermita en un bello despoblado fue, en su dia, la iglesia parroquial del desaparecido poblado de Ciriza, que estaba habitado casi en su totalidad por hidalgos. 

Santa Catalina, hoy es facero entre Arizaleta y Azcona y se asienta sobre uno de los yacimientos que se utilizaron para la construcción de los templos y edificios románicos de la época, los de Estella y el propio monasterio de Irache. 

Su estructura sobria y discreta testifica la influencia de las construcciones monásticas del Cister, siendo notable la imaginería que la adorna, en especial los interesantes modillones que engalanan su cornisa.






Uno de estos canecillos -el que más chispa nos produjo-, va a ser el protagonista de nuestro artículo:

Se trata del busto de un hombre de semblante desenfadado y acusada calvicie que, tensándose con el índice el párpado inferior hacia abajo muestra la señal arquetípica del ojo avizor.


Ensalzado por amplias hojas vegetales, simbolo de buena alcurnia, sostiene en su brazo izquierdo una piedra de forma redondeada donde, con grandes letras hay una escritura que parece identificarlo como SANSO.

Ilustres catedráticos y especialistas en el Arte Románico creen ver en dicha inscripción la referencia, en latín, de Sansón. Ello, unido al pasaje del Libro de Los Jueces (14,4-5) que narra su pasión tras ser capturado por los filisteos, les lleva a deducir que dicho canecillo representaría a Sansón ciego sometido al tormento de hacer girar una rueda de molino y que su gesto alude, precisamente, a la falta de visión. (Gerardo Boto Varela, Margarita Ruiz Maldonado, Pradalier, etc).

Otros, al igual que el cartel informativo colocado frente a la iglesia, estiman que podría representar a uno de los escultores responsables del templo que quiso inmortalizarse en piedra llegando, en su afán de notoriedad, a dejar escrito su nombre propio, que han entendido como “Sanso/García”.




Lo cierto es que encontrarse frente a tan singular personaje incita a la curiosidad. El gesto habla por sí mismo, sobreentendido por todos, lo hemos visto o realizado en más de una ocasión. 

Esta seña comprende toda una serie de atributos adquiridos: perspicacia, viveza, astucia, atención, cautela, vigilar, etc. Cualquiera de estos adjetivos servirían para calificarlo.

Ello, junto a esa peculiar grafía inscrita en el canecillo cuyas interpretaciones anteriores no nos acababan de convencer, nos animó a intentar aproximarnos hacía una nueva línea de interpretación que nuestros aventajados predecesores, quizá, habían pasado por alto.

Mucho tiempo estuvimos observando a Sanso que incitaba, con su convincente gesto, a que nos fijáramos en esa piedra esférica que sujetaba, pero si la imagen nos hablaba bien claro, no lo hacía así su letra, al menos en un primer análisis.

No parece haber dudas ante la lectura de la primera palabra, SANSO, pues sus caracteres están perfectamente definidos distinguiéndolos sin problemas, pero en el segundo renglón, la cosa no se manifiesta tan clara. El signo que sigue a la "R" es de difícil deducción, lo que deja la siguiente lectura: SANSO hA R ? IA


SANSO hA-R?IA

No sabíamos si ese signo discordante pudiera tratarse de una ligadura tipográfica barajando hipótesis sobre que letras podrían formarla. Meditamos también algún fonema medieval ya perdido y buscamos si pudiera tratarse de una posible abreviatura sincopada, pero cualquier teoría quedaba censurada al desconocer a qué sonido oral podía corresponder esa representación gráfica.

Lo curioso es que apegados al arte románico y habituados a visitar sus edificios, ese signo nos resultaba familiar. Intuíamos que habíamos visto alguna escritura parecida en algún sitio, pero entre el gran abanico de lugares que nos acudían a la cabeza no recordábamos dónde. 

Tuvimos que dejar hibernar nuestra pesquisa durante casi un año hasta que un buen dia se evocó un posible lugar en nuestra memoria.




En efecto, el lugar en cuestión era en el fantástico frontispicio de la iglesia de San Miguel en Estella. Entre las magníficas esculturas que fueron talladas en 1187-1196 (1), se encuentra la escena de las santas mujeres visitando la sepultura de Jesús y, bajo ellas, una inscripción que testifica su identidad: "Maria Magdalene, Maria Iacobi, altera Maria". 

Vemos que en esta leyenda hay dos grafemas diferentes para mostrar el vocablo "A", y uno de ellos, guarda similitud con la misteriosa letra escrita en la piedra de Sanso.




Creemos que es acertado considerar el parecido entre un trazo y el otro. Es más, teniendo en cuenta la cercanía de los dos grabados tanto en el tiempo como en el espacio, nos preguntábamos si ambas inscripciones podrían haber estado bajo la influencia del mismo taller.

Tanto si es así como si no, comprobar que ambas eran la misma letra, infundió una nueva perspectiva para el canecillo de Sanso, porque ahora conseguíamos leer lo siguiente:




SANSO hA RAIA.


Considerando que debíamos ubicar el texto a su época y territorio geográfico, consultamos algunas publicaciones específicas sobre la historia de dicha región. Entre éstas, hay un interesante estudio sobre el gran crecimiento social que experimentó la zona de Estella a lo largo de los siglos XI y XII a consecuencia de la gran inmigración de gente, en su mayoría procedente del otro lado de los Pirineos, que acabaron asentándose en dichas tierras, lo que, lingüísticamente hablando, provocó la aparición de tres diferentes focos de comunicación oral: el euskera, el romance navarro y el occitano (2).


Las lenguas romances, junto al latín, fueron las lenguas del saber de las minorías cultas y de la administración oficial, tanto civil como eclesiástica. Los escribanos utilizaban el romance para escribir, aunque la lengua de uso cotidiano fuera el vascuence (3).

En la zona que nos ocupa, por ejemplo, predominaba el euskera, excepto en la propia localidad de Estella, que era un enclave de lengua occitana, y algo similar ocurría en Pamplona, donde había dos demarcaciones, una de habla occitana y otra de vascuence.



Documentada en el s.XII-XIII  como Harhaiha


Junto a estas especificaciones sobre el antiguo bilingüismo territorial, visitamos a lo largo de nuestra ruta hacía Navarra lugares cuyos nombres actuales eran resultantes de mudanzas fonéticas relacionadas con ese término: ARAIA, ARRAIZA, LARRAYA, etc. Lo que fue despertando nuestras sospechas que la leyenda grabada en el canecillo de Santa Catalina no correspondía a un nombre en latín.

Asimismo, un modillón de tan cuidada labra y una posición gestual tan forzada, debía ser un diseño perfectamente estudiado para evidenciar un aspecto o una ocupación característica del personaje retratado. Pero si él es SANSO, qué era o qué significaba hA-RAIA ? 




Llegados a este punto, detallamos brevemente nuestra búsqueda del término y su posible origen. En el diccionario castellano-euskera Labayru Ikastegia no encontramos hA-RAIA, pero sí:

*ARRAIA, línea, raya, término, límite

Palabra que volvemos a encontrar en los doctos diccionarios etimológicos de J.Corominas y J.A.Pascual y que la enlazan a:

-Vasco dialectal:
*ARRAIL/*ARRAILA, grieta, astilla, hendidura, rallar.

-Aragonés:
*ARRALLA/*RALLA, palabras utilizadas en el habla viva del Alto Aragón, Rohlfs la define entre otras acepciones, como “piedra gruesa en el campo” y como “ladera de una montaña cubierta de piedras o rocas”, cf. dicc, p. 257. En ambas definiciones aparece clara la relación con el vasco (H)ARRI «piedra» «roca». Aparece también atestiguada en varios puntos oscenses como: “cresta rocosa de una montaña”, “roca”, “ladera cubierta de grandes piedras”, “piedra redonda de gran tamaño” y en Navarra (Javier), como “filón o veta de piedra en un campo” (4) 

-Gascón:
*ARRALHÀ/*ARRALLÈ, rajar, badar, abrir, astillar, piedra, banco de rocas


-Occitano:
*ARRAJAR/*RAJA/*RAIÀ raya, línea o banda estrecha, descampado, arenal


-Catalán dialectal:
*ARRALLAR/*RALLA/*RAIA, línea que señala un término, frontera, surco, raja, grieta.


Nos cuenta Cantalausa en su Diccionario General Occitano DGOC, que el "AR" inicial- es un prefijo aumentativo i/o expresivo delante de los verbos empezados con R y sus derivados:

 (H)ARRAIA, raya, línea. (H)ARRALHÈ, piedras, rocas desprendidas, (H)ARRALLA Piedra gruesa en el campo, mojón, cantera.



Así pues, tenemos una clara relación de hA-RAIA que implica raya/línea (con claro sentido de límite), roca, piedra redonda de gran tamaño (mojón), raja, grieta, cresta de una montaña, filón de piedra en el campo (cantera), etc.




Que una de las palabras que determina una piedra redonda como la que sujeta Sanso sea la voz haraia y que así figure escrito en el elemento en cuestión, nos da que pensar. Parece que la sincronía es demasiado obvia para ser casual. 

Pero para qué escribir el nombre de algo que ya es evidente de por sí, a no ser que se quiera hacer énfasis en ello? Es más, ese término no parece tener ninguna relación con su expresiva actitud del ojo avizor, o quizá sí?

Corominas nos da una pista al aplicar la traducción “badaloc” y “badar” en los conceptos de ARRAILA/ARRALHÀ, para indicar una obertura vertical del terreno, una raja o grieta.

El término BADA/BADAR es una expresión que sigue siendo utilizada en occitano y catalán.

Dicha palabra tiene dos sentidos fundamentales: uno de ellos es derivado del acto de abrir, agrietar, hender: …"No badar boca" (no abrir boca), pero hay otro que es derivado de la acción de mirar o vigilar: ..“No val a badar”, expresión para advertir que se ha de obrar con atención y prudencia.
.
.
- Occitano:
* BADA, centinela, vigilante, emplazamiento elevado para hacer la guardia, velar. Dicc. Gral. Occitan Cantalausa

- Catalán:
*BADA/*BADAR, acto de vigilar o mirar con atención para descubrir cualquier cosa lejana u oscura. Persona que vigila desde algún lugar elevado para descubrir enemigos u otra cosa lejana. Dicc.L’Alcover doc.1315 “Hi pren la bada del castell” (tomar la guardia del castillo).

Vemos aquí un nexo entre el concepto de abrir con el de mirar: “Badar els ulls” (abrir los ojos para vigilar, estar atento a aquello que puede sobrevenir)

Bada: Oberturas estrechas producidas por separación de la roca que forman una especie de atalayas naturales.


Posiblemente la voz hA-RAIA tuviera homofonía, ese fenómeno lingüístico que hace coincidir dos o más vocablos diferentes con el mismo sonido y la misma forma externa, permitiendo así un juego de palabras con el que se puede crear un mensaje con doble o más acepciones. 


Pero, quién es Sanso?, un campeón del juego de "la raia"? un hidalgo centinela que prestó su rostro a ese templo? un ingenioso maestro que dejo constancia de su agudeza? podría haber alguna coyuntura más que pueda intuir alguna otra condición?

 -Vasco dialectal: *ARRAYAZ, arraéz  - Catalán: *ARRAIS, capataz.

Son voces procedentes del árabe al-ra'is (الرئيس), que significa "el jefe", "el capataz" o "el que preside", y si diéramos validez a estos términos, seria sin duda un buen título para alguien con tan irónico retrato.  



CONCLUSION:


Por un lado, las equivalencias acústicas y, por otro, el confusionismo morfológico junto con el desconocimiento del léxico, facilitaban en el medievo la variedad de términos similares para un mismo significado y viceversa.

El modillón en su conjunto muestra el agudo ingenio de su creador, quién basándose en el doble sentido fonético quiso dejar un polifacético mensaje.

A partir del conjunto de definiciones y traducciones aquí expuestas y, considerar que, básicamente, las lenguas utilizadas en los escritos de la zona en esa época eran romances, creemos acertar en abstraer las palabras "SANSO hA RAIA" en un conjunto de ideas con múltiple sentido:

Asentado sobre un filón de veta rocosa o "arraia", Sanso parece escrutar el horizonte al que también llamaban "la raya", reclamando nuestra atención sobre la roca o "ralla", advirtiéndonos sobre una posible grieta o "raja", controlando el límite fronterizo o "la raia", ejerciendo de vigía de su cantera o "arralla" e incluso calculando la distancia a la que debe lanzar la roca para hacer "ha raia" . Y, es que en todo ello Sanso puede ser el "arrayaz", o sea, el que manda!





Nuestro agradecimiento a Ibon Sarasola y Xabier Kintana, miembros de Euskalzaindia, que gentilmente nos prestaron su acreditado asesoramiento y disiparon las dudas al respecto.



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