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27 septiembre 2015

La Vera Cruz o Santo Sepulcro: ni tan templario, ni tan relicario.




La Vera Cruz de Segovia -antiguamente designada como Santo Sepulcro-, es una iglesia que tradicionalmente ha sido atribuida a los Templarios pero que, hoy en día, son varios los estudiosos que dan por hecho que su edificación fue en realidad producto de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén.

Y es que, si su nombre primitivo no bastara para probar esa teoría, ni tampoco la escena esculpida en la portalada meridional en la que aparecen las tres Marías ante el Sepulcro, insisten en recalcar los defensores de dicha opinión, en la donación del templo que hizo en su día Alfonso VII a la Orden del Santo Sepulcro de la encomienda de Miraflores. Y ya no solo eso, sino en resaltar los trabajos que aseguran que la planta de esta edificación se levantó en recuerdo al Santo Sepulcro de Jerusalén, que a su vez, se construyó a imitación del santuario islámico de la Cúpula de la Roca, lugar reconocido también como santo por los credo judío y cristiano.

Y es en realidad este último apunte, el que ha atraído toda nuestra atención.


Planos de los templos Vera Cruz y Cúpula de la Roca


Plano del S.IX del Santo Sepulcro de Jerusalén

Sabido es, que no tan solo la Cúpula de la Roca o el Santo Sepulcro de Jesrusalén han sido comparados con la Vera Cruz de Segovia, sino también otros muchos templos de factura circular, pero, casi siempre, esas comparaciones se basan en señalar las influencias arquitectónicas entre unos y los otros, obviando el por qué de la predilección teológica por ese diseño de planta en particular.

Realmente, es complicado de sintetizarlo en toda su magnitud. Por tanto, para esclarecer un poco lo que no se puede definir con palabras, intentaremos vislumbrarlo con la imagen:




Con la peculiaridad de ser el único códice de su género que no fue copiado para un monasterio, sino que fue encargado por unos reyes cristianos para mantenerlo en su aula regia, el Beato de Fernando I y Sancha es todo un compendio de sabiduría. En él, se encuentra esta miniatura con una de las escenas más misteriosas y bellas de todas.

Su iluminador fue alguien muy cuidadoso. A buen seguro, debió ser gran conocedor de aspectos teologales precisos no accesibles a todo el mundo. La fuerza cromática junto la refinación de la disposición antigua de esta misma escena de otros códices anteriores, han hecho de esta composición una obra maestra de la miniatura que ha conseguido superar a todos sus anteriores modelos.

Con dibujo firme y preciso y siguiendo un esquema estereotipado de simbolismo, el miniaturista nos muestra en este conjunto de figuras, la Visión Cósmica de Dios. 




Custodiado por dos enormes ángeles, en la parte superior de la gran Rueda, se muestra, sedente, la personificación del escriba, Juan, quien observa y da testimonio de la visión.

El círculo exterior y azul que agrupa la gran rueda macrocósmica, está animado con 24 estrellas (número de los ancianos apocalípticos) que aluden a las eternas y celestiales potencias cósmicas, que establecen y limitan el espacio de manifestación.



Dentro del segundo círculo, el más amplio y repleto de los tres, se insinúan dos ejes en forma de cruz que está formada por los 4 seres del tetramorfos o "evangelistas" que tienen ruedas para evocar la rotación. Junto a ellos, hay otras 12 figuras o "apóstoles" que oran y portan instrumentos musicales en señal de vibración y sonido.  

En este espacio circular, cuyos personajes reflejan actividad constante, se encierra la idea de lo animado por el "Espíritu Santo"; principios incorpóreos o elementos constituyentes del alma que están en continua oscilación y movimiento; son los integrantes de una gran rueda cíclica que está en perpetua actividad rotatoria que se contrapone al centro estático o de reposo, el lugar central o microcosmos, resultado de la interacción entre los círculos anteriormente descritos y donde se concentra toda la Gloria Divina. 


El Cordero, qué duda cabe, es Cristo, el dios manifestado, que aparece como muerto, pero no lo está, porque en ese lugar se encuentra el don de Dios que acoge la Creación y donde se manifiesta la fuerza de Vida. He ahí el lugar del Santo Sepulcro.



No puede ser causal que la miniatura medieval en la que se escenifica la Visión Cósmica de Dios, tenga un croquis exacto al de un templo concebido para favorecer esa misma visión.


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Sabemos que son infinitos los trabajos existentes de comparativas y dictámenes varios sobre relaciones, suposiciones y confrontaciones entre las diversas fábricas circulares de los templos que han podido existir, dentro y fuera de nuestra geografía varia.

A pesar de esos numerosos y diversos trabajos, creemos que nunca se habia comparado la planta de la Vera Cruz de Segovia con una imagen del miniaturismo medieval.

Y si aquí radica la originalidad de este trabajo, también creemos que eso puede ser lo más próximo a una explicación luminosa para entender la razón mistérica del porqué de ese diseño plantar en particular.


Santo Sepulcro de Jerusalén.

Creyentes en la rotonda que envuelve el Santo Sepulcro,
lugar donde según la tradición Jesucristo estuvo sepultado y donde
 resucitó al tercer día de su muerte.

La Kaaba, 

Los fieles en movimiento rotacional,
 alrededor de la piedra negra o "casa de Dios", 
el lugar donde lo divino está sepultado en lo terrenal.



Cúpula de la Roca -Jerusalén-
Conocida como "Roca Fundacional", el significado de este lugar emana de tradiciones monoteístas ligadas a la roca.

Los musulmanes creen que esa roca central es el punto desde el cual Mahoma ascendió a los cielos para reunirse con Dios. La tradición judía sostiene que dicho lugar se relaciona directamente con la Shejiná o presencia divina. No en vano, los credos cristiano y judío, afirman que ese es el lugar donde Jacob vió la escalera por la que los ángeles subían y bajaban y que conectaba la tierra con el cielo.


En el caso de la miniatura anteriormente comentada, la roca, sería la zona donde aparece el cordero y, en el caso de la Vera Cruz de Segovia, la roca o "sepulcro", se encontraría en la zona superior al edículo, el centro exacto del templo. 







Conclusión:

La Vera Cruz de Segovia, al igual que la Cúpula de la Roca, la Kaaba y el Santo Sepulcro de Jerusalén, no está diseñada para ser un templo relicario donde se venera la cruz de la pasión, sino que está concebido como templo ceremonial de ritual siempre presente, donde las fuerzas de las que nos habla la miniatura se escenifican sobre el plano trazado: elementos que se mueven alrededor de un punto central que no es otro que el lugar o "sepulcro" donde reposa la sustancia que ha de ser vivificada.

No hay duda que el nombre de este templo no puede ser otro que el de Santo Sepulcro. Por algo concibieron así su fábrica, los constructores.






Salud y románico

12 septiembre 2009

*Un Maestro en Vallejo?*




Se llama Vallejo por ser una pequeña depresión orográfica dentro de otro valle. Siendo un diminuto valle dentro y subalterno del de Mena, terminaron denominándolo “el vallejo”.

No discurre por el mismo razonamiento lógico la denominación de su templo, pues consagrado a San Lorenzo, ningún elemento de su prolija escultura, interior ni exterior, recogerá motivo alguno que pueda ser vinculado con la imagen, vida o martirio de dicho santo.

Ante el enigmático motivo de dicha advocación, sólo encontramos una relación causal en el pequeño oratorio que mandó construir Constantino el Grande en honor a San Lorenzo y que, sobre el s.VII, se convirtió en punto de parada en los itinerarios de peregrinación hacía las tumbas de los mártires romanos al igual que aquí, en Vallejo, que fue también en su época lugar de parada en la peregrinación hacia Santiago de Compostela. No en vano, la edificación del templo coincide precisamente con el auge de las rutas secundarias del Camino por el Norte.



Pero aun siendo mucho y bueno lo que el templo exhibe en su exterior y atesora en su interior, no es este el objeto del presente trabajo, por lo que nos ceñiremos al tratamiento del elemento esencial de nuestro estudio y divulgación:

A simple vista se percibe que la fachada norte del templo es la de mayor elevación sobre el nivel de la calzada. Su elegante sobriedad también recae en sus elementos estructurales: cuatro robustos contrafuertes cuadrangulares que compartimentan el muro bajo una repisa que recorre la superficie de la nave y el paño central. Y, bajo ventana simple, la puerta más pequeña de las tres, conocida como la puerta del Perdón, que, apuntada, presenta doble arquivolta decorada que apean sobre sendos pares de columnas.




La parte superior del muro se retranquea sobre la repisa y se compartimenta, en vertical, por seis sencillos contrafuertes que rompen la monotonía al tiempo que ayudan a sostener el empuje de las bóvedas.

Pues bien, en el tercer contrafuerte superior por encima de la ventana, encontramos un sillar con la siguiente inscripción:


Aunque el nivel superior de este lado norte fue reconstruido, como acredita el bloque que obra junto al lado derecho de la ventana, no podemos sustraernos a la calidad y trazo de la grafía pétrea de este tercer contrafuerte que se nos antoja de caracteres auténticos y que parece recoger, deliberadamente separados entre sí, signo, nombre y firma, es decir: todos los elementos integrantes de un verdadero Signum Magister.




Puede que algún día el tiempo desvele su autenticidad, significado y nombre. Quizás uno de los dos que trabajaron en este hermoso templo del Valle de Mena?



"Es mi marca, el sello perdurable de mis obras. El paso del tiempo no le afectará nada y pasará desapercibido para quien no sepa leer los signos de la vida. Sólo las mentes reposadas perciben los detalles; son las únicas merecedoras del disfrute vital" (J.L. Hernangomez: "La Hoz de la reina")





Saludyrománico




25 mayo 2009

Santa María... de Siones?

Fundamentos de un equívoco.







El templo de Siones, junto con el de San Lorenzo de Vallejo, es uno de los monumentos románicos más importantes del Valle de Mena, en las Merindades burgalesas.

En una explanada sobre un promontorio, a la entrada del pequeño pueblo cercano a Villasana, se eleva el templo de Santa Mª de Siones, desde el que se dominan las praderas del valle, por el norte, y las faldas de la impresionante Sierra de la Magdalena, por el sur.

No aparece Siones en las fuentes para la historia de Castilla, por cuanto los documentos originales de los edificios del Valle de Mena, fueron destruidos en un incendio en la casa del señor San Pelayo ocurrido en 1.909, corriendo la misma suerte que los archivos diocesanos de Burgos en 1.812.





Por eso, la primera referencia concreta que del templo se tiene, aparece en las "Bienandanzas e Fortunas" de mediados del s. XIV, donde se cita que Lópe García de Salazar adquirió el monasterio de Siones y toda la heredad de la Casa de Vallejo por razón de casamiento con doña Toda del Vallejo, de cuya unión nacería don Juan López de Salazar, sucesor en el patronazgo del templo y erróneamente titulado Abad de Siones, cuando en realidad debió serlo, no del pueblo, sino de la Orden que en él se asentaba, esto es, Abad de la Orden de San Juan de Jerusalén.

Pese a que la historia local y eminentes estudiosos románicos afirman que Siones perteneció a los templarios, e incluso que el referido López de Salazar perteneció a la Orden Templaria, no existe confirmación documental alguna que corrobore tal aserto.

De otro lado, ningún elemento decorativo, ni siquiera arquitectónico, del templo aporta elementos de juicio suficientes que permitan una base sólida en qué basar tal aseveración.






Sin embargo y, quizá la inclusión en su denominación de la extraña referencia al monte Sión sin ningún referente proximal que pueda justificar tal advocación, así como la proximidad de la Sierra de la Magdalena, que se define al sur, y el referente geográfico, por cercanía en la fecha de su fundación y por la intervención de los caballeros sanjuanistas de la Orden Hospitalaria en la encomienda y templo de San Lorenzo de Vallejo, resultaron suficientes para que algún miembro de la nobleza, al fin devenido en cargo ministerial de nuestra transición política, escribiera un artículo de amplia difusión en el que, con mejor intención que rigor, apuntaba la localización del Santo Grial en la cercana Sierra Salvada vizcaína, en alusión al legendario "Mont Salvat", con lo que la leyenda y el folklore acabaron dando carta de naturaleza el equivoco nombre de Siones.

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Favorecidos por el postulado picasiano que afirmaba que a las musas hay que esperarlas trabajando, intentaremos fundamentar lo qué, a nuestro juicio, entendemos fue y ha sido, razón y objeto del equívoco de su denominación, tal y como es conocida en el mundo románico actual.

Comentando entre nosotros las imágenes seleccionadas para una exposición de pinturas románicas, nos fijamos en concreto en una representación de Santa María y de San Juan, pertenecientes a los frescos de la iglesia de San Miquel de La Seu d’Urgell del s. XII. Y con ello, encontramos el cabo del hilo de Ariadna:

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  -S-MARIA               -S-IONS (SIONES)

                                                    
La búsqueda de nuevos referentes que nos llevaran a consolidar la teoría, dejándola a salvo de un mero antecedente anecdótico, nos condujo a otra pintura de una iglesia de Sant Iscle y Santa Victòria de Surp (Lleida), actualmente en el MNAC.
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Teniendo en cuenta lo habitual que era sincopar, entendemos que Santa María de Siones es "Santa María de S-Ioanes", lo que corrobaría la presencia y asentamiento en dicha Encomienda de Vallejo, de la Orden hospitalaria de San Juan en dicho ramal secundario del Camino de Santiago y que, a la postre, acabaría siendo la beneficiaria de la generosa donación de Doña Endrequina.



A la vista de ello, quizá sería conveniente recuperar o como mínimo, no olvidar, de ese templo del Valle de Mena, en las Merindades burgalesas, su primogénito y real nombre: 


Santa María de San Juan. 
(de la orden de San Juan de Jerusalen)



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Salud y románico
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14 octubre 2008

Santa Maria de Covet: Templando el acero

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Alarmados ante las posibles depuraciones teológicas que según habíamos oído se van produciendo en todo el románico peninsular, nos desplazamos a Covet para comprobar que el serafín y el querubín que flanquean a Cristo en el tímpano de Santa María seguían sanos y salvos.
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Por suerte era una falsa alarma, un malentendido de esos que suelen acontecer, todo sigue igual y como pudimos comprobar, Querubín y Serafín continúan en su lugar correspondiente, conviviendo con el resto de representaciones, todas ellas soberbias y majestuosas:







Podemos observar otro ejemplo de ello en la archivolta externa, profusamente decorada con enigmáticas figuras en relieve.

Centrada en ella se encuentra la imagen esculpida de Adán y Eva junto al árbol con la serpiente.  Flanqueando la escena tenemos unos misteriosos y curiosos personajes:  dos siameses cuya separación se produce a partir de la cintura permanecen de pie sobre las espaldas de un ser simiesco, y,  la fusión de dos personajes entrelazados en una caótica e inteligible unión de cuerpos.







...Y es que tras el pecado todo se nos ha vuelto confuso y caótico.



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Aunque en un principio creíamos que lo mejor estaría en el exterior, nos equivocamos, pues tras la odisea de conseguir la llave, abrir la puerta y traspasar el umbral, quedamos asombrados, admirados, maravillados...






Lo que promovió que Xavi se pusiera manos a la obra y podamos ahora desde casa disfrutar de este maravilloso templo gracias a su web Románico Catalán: Santa Maria de Covet

Sólo un pequeña muestra de lo que exhibe el templo basta para sospechar que no sólo su iconografía es peculiar, sino que también lo es su mensaje. 
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Una galería interior, inusual en estas latitudes, nos da buena cuenta de ello, pues encontramos en ella cinco interesantes capiteles que no nos dejan indiferentes.
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En el primero de ellos hay elaborados tres motivos aparentemente sin relación, aunque intuimos que en realidad se corresponden mucho más de lo que parece.


...un ave de gran pico y enormes patas permanece junto a una figura de apariencia siamesca que esta desnuda y en cuclillas mientras a su izquierda se escenifica la escena del hombre abriendo las fauces del león.



El siguiente capitel nos introduce un sentimiento de angustioso respeto, vemos aparecer entre las garras delanteras de dos leones que confluyen en la misma cabeza a un hombrecillo de gruesos labios y enormes cavidades oculares que nos recuerda una amortajada figura cadavérica.


El tránsito de una riva a la otra pueda ser lo que han querido sugerir, pues en la parte contraria del capitel aparece un rostro humano bien definido surgiendo por encima de unos majestuosos ornamentos vegetales, cuál espíritu integrado en la esencia de la naturaleza.
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El capitel central nos muestra una vez más la escena del forcejeo del hombre con el león, aquí el hombre iniciándose en el control de las fauces de la bestia, y en su anverso, el mono observando, esconde burlesco su verdadera identidad que oculta tras la jerga de los cofrades de obra. Patrón... es así como se hace?



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Siguiendo por la galeria encontramos un capitel con una labra única y especial.
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De manera ingenua pero clara han representado el cíclico paso de las estaciones bajo el mítico rapto de Proserpina.

En dos de sus caras aparecen esculpidos los protagonistas en la escena cumbre de su historia.
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Proserpina con espigas de trigo que porta en su mano izquierda es arrastrada por los cabellos por Plutón, para ser llevada a reinar el mundo de los muertos.
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En las restantes caras del capitel aparecen muy bien definidas las flores representativas de las estaciones de verano y primavera cuando Proserpina y su madre Ceres reinan en la tierra, mientras que en las caras correspondientes a las estaciones donde nada germina, se muestra con la carencia de elementos ornamentales, tan sólo la granada que fue ingerida por Proserpina nos recuerda que es fruto sagrado del gélido invierno.
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Esta es la única representación de este mito en el románico peninsular que sepamos hasta el momento.
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Y llegando al último capitel contemplamos un grupo de tres aves alimentándose de hojas de acanto, el aspecto trinitario de las aves se nutre con uno de los símbolos sagrados de la inmortalidad que es representado a menudo por ese tipo de hojas.
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Nuestro paso por la galería interior nos muestra parte de un mensaje curiosamente esculpido, un mensaje creado para un ministerio interior pero que comulga con ideas extraídas del paganismo.

Un mensaje que es común en todas las tradiciones, a saber: experimentar el ciclo de vida y muerte es necesario para que el alma temple su acero.
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Salud y románico

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