A
escasos kilómetros al noreste de Palencia se encuentra Valdeolmillos, lugar
enigmático asentado sobre la ladera de un altozano en cuya cima se ubica la
iglesia de San Juan Bautista.
Su silueta
románica nos atrae, igual que los muchos elementos arquitectónicos que
guarda en su interior. Bien que, de todos ellos, lo que sin duda más nos
fascina son el par de capiteles de la arcada triunfal.
A
pesar de su tosca elaboración y del repintado catastrófico que los afea, son
totalmente curiosos, sorprendentes y con inéditas figuraciones ya que prevalece una iconografía temprana, donde la idea preexistente, esta prácticamente sin adulterar:
En el
primero de ellos, a la izquierda del ábside, aparece tallada una figura
femenina que, con aspecto sereno e imperturbable, domina con ambas manos los
arcos que empuñan unos sagitarios que direccionan la saeta hacia ella.
En su
antagónico, vemos representada una sirena erguida sobre su cola de pez que
exprime sus cabellos tramados en dos mechones. Junto a ella dos compañeras
aladas, sirenas ave, complementan la comitiva.
Un tema recurrente en la iconografia románica es la mujer mediadora entre dos enfrentadas criaturas, ya sean caballeros, caballos o leones, pero nunca antes hemos visto que ella fuera el blanco bélico y, menos aún, que sus manos y las de sus atacantes se fusionen en una sola, dando a entender que es la propia, como si fuesen la misma esencia y sujetaran el mismo arco.
Por otro lado, sirenas, tanto de ave como de pez, las encontraremos a cientos a lo largo de nuestra geografía románica, pero sería tan raro como improbable encontrar otro capitel con la hechura exhibida en este templo palentino.
Dicha
hechura podríamos vincularla con la, también iconografía pronta, s.XI, de la sirena de Galligans (*), la única de características parecidas. O bien, podríamos relacionarla con la diosa
minoica de las serpientes, por la misma razón.
Pero,
aunque lo más posible es que exista un enlace común que las conecta y que deriva su procedencia a la fuente original, basamos nuestra atención en la diferencia, quizá sutil, de lo que cada una de ellas sujeta.
La
protagonista de nuestro capitel no aparece sosteniendo dos peces ni dos
serpientes, sino que estruja sus cabellos divididos en dos mitades.
Venus Anadyómena es una representación iconográfica de
la diosa Afrodita saliendo del mar que el pintor Apeles plasmó en el templo de
Esculapio y que llegó a ser extremadamente famosa y popular en la antigüedad.
Dicha pintura desapareció, pero Plinio la refiere en su Naturalis Historia de esta forma:
"La Venus salida del mar fue consagrada por el
divino Augusto en el templo de su padre César. Esta pintura, llamada
Anadiómena, ha sido elogiada en los versos griegos, vencida por el tiempo, pero
glorificada. La parte inferior ha sido dañada y no se ha podido encontrar a
nadie capaz de restaurarla. En verdad, el propio daño ha contribuido a la
gloria del artista."
La leyenda de Afrodita naciendo de la espuma formada
alrededor del miembro viril de Urano que fue mutilado por Cronos, es la principal
explicación del nombre Anadyomene, es decir " la que ha surgido de entre las aguas y reina sobre ellas"
 |
| Afrodita Anadyomene en un fresco de Pompeya |
La versión Anadyomene se convirtió por excelencia en la
representación más solicitada de Venus en la edad antigua,
siendo uno de sus principales atributos iconográficos mostrar a la diosa en
actitud de escurrirse el pelo. Así, cuando veían una figura femenina con ese
atributo, aunque no tuviera ningún otro elemento iconográfico, sabían que se
trataba de la diosa del amor, Afrodita.
Paralelamente tuvo fama otra antigua y conocida versión de la diosa, de cariz diferente y de la que actualmente solo se conservan copias romanas. Se trata de la escultura de bronce realizada por Calamis 460aC conocida como la Afrodita Sosandra "la que salva a los hombres".
Con esta apariencia, cubierta de pies a cabeza, la diosa era colocada
en la entrada de los Propileos de la Acrópolis de Atenas y llamaba la atención por
su gestualidad pura y venerable. Aquí Afrodita se
alejaba de sus habituales características de sensualidad para convertirse en representante de la verdad moral y el saber supremo, severa y protectora, la
diosa del amor y mediadora, que armoniza y salva las almas de los
hombres.
En el románico, esa capacidad de equilibrar las fuerzas opuestas entre el espíritu y los instintos, cualidad de Afrodita Sosandra, fue representada mediante la figura de una mujer que se interpone entre dos caballeros, bien sujetando sus armas o las riendas de sus caballos.
En el afán por dar nombre a aquello que aún no tenia, la visión cristiana propuso llamarla "paz o tregua de Dios" ignorando, posiblemente, de dónde proviene el destello de esta iluminante escena y, el porqué de una figura femenina personificando la tregua.

 |
Coronación de Venus, s.IV (Túnez)
Venus se encuentra en el centro, mediadora entre el día y la noche, entre el mar y la tierra, entre lo divino y lo humano.
|
|
Las raíces de la iconografía de Afrodia en su versión Anadyomene se pueden
encontrar en textos griegos arcaicos como la Teogonía de Hesíodo y el Himno
homérico del siglo VIII a. C., así como en estatuillas votivas o pinturas de mujeres bañándose en
jarrones del s.V aC.
Los lugares de hallazgo conocidos para las
representaciones de Anadyomene se pueden agrupar en cuatro contextos: tumbas,
santuarios, fuentes o baños y casas.
Se desconoce si estos contextos: tumbas, santuarios, baños o fuentes pudieron darse en Valdeolmillos, donde actualmente se encuentra la iglesia del Bautista o cerca de ella, porque de Valdeolmillos nada se sabe, nada de nada, como si de un borrado infame de sus vestigios de población se tratara, hasta finales del siglo IX cuando los ejércitos cristianos de Alfonso III reconquistaron la zona y la repoblaron.
Pero si sabemos que la intención sacramental de los lugares religiosos tiende a fosilizarse y que las divinidades salientes transfieren sus propiedades de identidad a las entrantes.
También sabemos que los antiguos consideraban que existían dos facetas del amor, el amor puro o espiritual y el amor vulgar o material. El primero era atribuido a la Venus celeste o Urania, hija de Urano, que nació de la espuma del mar y cuyo reino nos lleva más allá de los sentidos; mientras que el otro amor se atribuye a la Venus terrena o Vulgar, que rige el mundo de los sentidos y es hija de una diosa terrenal.
No seria extraño que esos credos entrantes mezclaran la intención antigua y acabaran por
desacreditar la renombrada Anadyomene relacionándola con la Venus vulgar, el
amor material y contraponiéndola a su otra faceta divina, Sosandra, la que salva a los hombres. Nuestros dos capiteles.
 |
| Baptisterio arriano en Ravenna s.VI / Anadyomena en Suso s.II-VI |
Pero
el resarcimiento de la diosa es artero y perspicaz. Nos gustaría pensar que
un lugar sagrado relacionado con Anaydomene adoptó posteriormente el
nombre del más grande santo asociado con el poder purificador del agua, San Juan
Bautista, cuya fiesta es más que popularmente celebrada e invocada para la abundancia de agua en los ríos y en las siembras. Santo que bautizó al propio Cristo y de cuya agua naces totalmente purificado, como la Venus de la espuma del mar. Incluso aún sigue la creencia que en ese día el agua adquiere propiedades
fecundantes y sanadoras.
Aislada en tierras de campos, lejos del agua que la vio nacer, esta sirena anadiomeda, levantada sobre su cola de pez, vinculada a conocimientos arcaicos, es indicio de una veneración venusiana que existió y cuya resonancia quedó petrificada en la iglesia de San Juan Bautista de Valdeolmillos.
No hemos encontrado nada escrito sobre ese pasado pagano, pero nuestra Afrodita Valdeolmilla lo deja bien claro. Estuvieron. La exclusiva particularidad de estos capiteles aporta una importancia antropológica que no debería pasar desapercibida a los ojos de los historiadores.
Y entre las ruinas de sus palacios resonarán los ecos de los búhos, y cantarán las sirenas en aquellos lugares que fueron consagrados al deleite." (Isaías,13)