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24 agosto 2026

Edad de Oro y Fin de los Tiempos en Jaca




Capitel de las Profecías s.XII, claustro de la Catedral de Jaca 

Reciba nuestra admiración perpetua la maestría de un imaginero cuya genialidad no es comprendida ahora, ni quizá lo fue en su momento, pero que aún hace vibrar nuestra alma al contemplar los retazos de su enigmática obra.

La enseñanza que el desconocido maestro quería transmitir al esculpir estas tallas no es exclusiva, formaba parte de los conocimientos de una escuela y ésta era su forma de divulgar sus símbolos. Símbolos que con total seguridad se protegen a sí mismos de miradas deshonestas, llenos de enigmas y ambigüedades dejan perdidos en el laberinto a aquellos que quieren forzarlos sin el hilo de Ariadna.

Sin embargo, asentadas por el Maestro escultor, el conocimiento que velan estas figuras debe ser sumamente simple, para nada complicado, lo que pasa es que somos nosotros los que no tenemos una mirada simple. 

Tallas diversas de la misma escuela-taller


A saber: en simbología teúrgica, una serpiente que habla es un oráculo. Los griegos y romanos los conocían, creían en ellos y los consultaban. Y eran las Sibilas, aquellas sacerdotisas con el don de la profecía, mujeres inspiradas por Apolo, quienes por distintas regiones el Mediterráneo lo vaticinaban.

Pero no estamos hablando de un maestro pagano sino de alguien que trabajaba bajo las directrices de una Orden monástica, en el caso de la Catedral de Jaca se trataba de agustinos que se regían por la Regla de San Agustín y a la que su fundador había incluido el estudio de autores clásicos en las bibliotecas de sus conventos para la educación gramatical y humanística de sus miembros, pues él mismo reconocía que su elocuente retórica y su arte de convencer provenía de la lectura de los textos de la antigua Roma.

Tras su conversión, San Agustín pensó que ese saber de los paganos era útil para la Iglesia. Un pensar que se refleja en el trabajo de estos escultores al aplicar la simbología pagana a favor de la doctrina cristiana. Algo parecido a lo que hicieron los escritores cristianos de los primeros siglos, que recopilaban y modificaban los textos paganos para encajarlos con sus dogmas y validar, de esta forma, su fe ante los romanos.

Así se obtuvieron, entre otros textos apócrifos, los Oráculos Sibilinos, una colección de 14 libros versados, que mezclan la mitología pagana, el judaísmo helenístico y el cristianismo primitivo para atacar la idolatría, defender el monoteísmo y profetizar la caída de los imperios opresores y la llegada de una era mesiánica. Estos textos, al igual que los evangelios apócrifos, fueron una inagotable fuente de inspiración para escritores y artistas cristianos del momento.



En el Libro I de estos oráculos y mediante una fusión única entre el relato del Génesis bíblico y el mito griego de las Edades del hombre de Hesíodo, se relata los inicios de la estirpe humana, el jardín del Edén y la decadencia de las primeras generaciones humanas, todo siguiendo conforme al relato del Génesis. Al final de la última Edad, en la sección final del libro, se interrumpe la cronología antigua para profetizar la venida del Mesías que culmina con un Juicio Final, el fin de las penurias y la paz universal.

Consulta oracular esculpida en el capitel

Virgilio, al que San Agustín consideraba el más grande de los poetas, hace en su inmortal obra de la Eneida una sobrecogedora descripción de la consultación tradicional del oráculo de Delfos efectuado por Eneas a la Sibila en Cumas, bajo los auspicios del gran dios Apolo y de la arcaica divinidad femenina representada por una enorme serpiente pitón.

Rescatando el valor formal, lógico y literario de estos autores clásicos y siguiendo la pauta de los oráculos sibilinos que fusionan paganismo con cristianismo, nuestro genial escultor ha creado una sugestiva escena conciliando la imagen icónica de nuestros primeros padres en el Jardín del Edén, con la de sacerdotisa y consultante en el oráculo de Delfos, pues a nadie se le escapa que el Jardín del Edén, al igual que Delfos, era el templo que la serpiente custodiaba.


Ajustando sobre el pecho de la mujer atributos fecundos de la naturaleza, que evocan a las cestas de frutos que portaban las muchachas casaderas o el collar de higos secos que lucían como señal de su fertilidad y preparación para el matrimonio, lo cual no era simplemente una unión romántica sino una institución sagrada y estratégica. Por ello, las consultas de los jóvenes varones sobre este tema, solían estar enfocadas sí una unión específica traería prosperidad a su ciudad o descendencia masculina legítima.

Si obtenían el favor del dios, los fieles solían agradecérselo con exvotos y ofrendas.

Palomas y avecilla, como ofrendas para el templo

De ahí que, en esta la talla esculpida, el rito oracular se ha cristianizado al atribuirle la cesta oblativa del avecilla, pues a similitud de los dos pichones que José llevó al Templo de Jerusalén como rescate de purificación para su primogénito, el maestro escultor, como buen apologista, ha puesto en valor el sincretismo religioso entre Apolo y Cristo para indicar, con la ofrenda de esa ave, la alusión a lo profetizado en los Oráculos Sibilinos, la llegada del Mesías que restituirá la Edad de Oro descrita por Hesíodo, que es una de las esperanzas más antiguas y compartidas por las tradiciones abrahámicas para lograr la paz y la armonía universal.


Ilustración de Virgilio en el Códice Vergilius Romanus


También para Virgilio los oráculos de las sibilas representan el vehículo primordial de la voluntad divina. La gran influencia que sus obras ejercieron sobre San Agustín hizo que el estudio de sus textos formasen parte de la tradición intelectual de los agustinos que veían en él a un gran referente cultural y literario.

En sus célebres Bucólicas, Virgilio se inspiró en los oráculos de la Sibila de Cumas y su vaticinio le dio base para los hexámetros que componen su Égloga IV, donde se menciona el fin de una era para dar paso al nacimiento de un niño que traerá una nueva Edad de Oro al mundo. La interpretación mesiánica de estos versos hizo que se le considerara un vidente que había anunciado el nacimiento de Cristo.

Virgilio, ataviado con toga clásica, sujetando sus versos épicos: 

Al niño que nace, 
para que se extinga primero la de hierro,
y en todo el mundo surja la raza de oro,
protégelo oh, casta Lucina! Ya reina tu Apolo.  
(VIRGILIO. Égloga IV)


Es más, junto a sus descripciones sobre el Tártaro y el Elíseo, en el libro VI de la Eneida donde explica rituales oscuros y el acceso al inframundo, lo convirtieron en toda una autoridad en temas escatológicos justificando su presencia en contextos de Infierno y Juicio Final.

Cuando el cristianismo comenzó a extenderse por el Imperio Romano, los versos de Virgilio ya se enseñaban en todas las escuelas de Occidente, su prestigio moral y literario era tan extraordinario que acabó erigiéndose como un simbolo del sabio maestro y de la razón. La doctrina cristiana lo equiparó a los profetas bíblicos, reinterpretando su obra y otorgándole el estatus de profeta del cristianismo. 


La Sibila de Cumas, conocida también como Eritrea

En cuanto a su musa oracular, la sibila de Cumas, cuenta la tradición que era increíblemente vieja, estaba íntimamente ligada a la naturaleza y tenia consagrados un pozo y manantiales de aguas sulfurosas. Los vaticinios y respuestas los escribía en hojas de árbol o palma que colocaba en la entrada de su cueva, donde las corrientes de viento entendidas como el soplo divino de Apolo, movían y desplazaban, interpretando el destino a través de ellas.

Según los antiguos escritos, ésta fue la sibila que anticipó tanto el nacimiento virginal como el Juicio Final, siendo una de las figuras paganas que los Padres de la Iglesia integraron en el arte y en la ceremonia litúrgica igualándola a los profetas bíblicos.

En efecto, sus supuestos vaticinios son la semilla literaria en la que se basa El Canto de la Sibila, el célebre drama litúrgico medieval, originalmente conocido en latín como Iudicii signum (Señal del Juicio), que forma parte de las celebraciones del ciclo de Navidad, que anuncia la llegada de Cristo y el Juicio Final vaticinando que tras el nacimiento del Salvador, el mundo llegará a su fin. 


Esta ceremonia litúrgica tuvo una enorme difusión durante toda la Edad Media, hasta que en el s.XVI, el Concilio de Trento, fue propiciando su desaparición. 
Actualmente, sigue perdurando en algunos lugares del arco mediterráneo y es interpretado en la misa del Gallo, la noche de Navidad, por una mujer caracterizada que sostiene una espada erguida mientras entona su desfile por la iglesia.

Su lúgubre canto empieza con una llamada de atención: "Audite quid dixerit Sibilla: Iudicii signum, tellus sudore madescet" (Oíd lo que dijo la Sibila: como señal del juicio la tierra se empapará de sudor). Y finaliza, nombrando el Ordo Prophetarum, un listado de profetas bíblicos y personajes paganos de la Antigüedad, que son invocados para anunciar y testificar sobre la llegada del Mesías y el dia del Juicio final.

En simbología apocalíptica, la palabra de Dios es representada por una espada, motivo por el cual encontramos representada a la sibila con una espada en vertical, símbolo del veredicto inapelable del Juicio Final que, según la interpretación cristiana, ella profetizó.

Gabriel, el profeta angélico

Y para respaldar y reforzar estas profecías, el maestro escultor ha recurrido al mensajero divino por excelencia de las tradiciones judeocristianas, el ángel Gabriel, encargado de interpretar visiones y anunciar eventos futuros, conocido por revelar los planes divinos a figuras bíblicas como Daniel, Zacarías y la Virgen María. El es el ángel vaticinador, el ángel de la Profecía.

Sabemos que uno de los atributos del Arcángel Gabriel es el lirio como anunciador de la encarnación de Cristo y también una trompeta como pregonero del Juicio Final, pero existen contextos específicos, sobre todo en el arte católico occidental, donde se ve alzando una espada en su mano derecha como portador de la palabra de Dios y heraldo en la Segunda Venida de Cristo y el Fin de los Tiempos. (Dan 9:20-27).

No queda duda del enfoque apocalíptico y mesiánico, que a través de Virgilio y los oráculos de la Sibila, nuestro admirado maestro concibió en este capitel para representar la Profecía que anuncia la llegada del Mesías y el Juicio Final del Fin de los Tiempos.


Ahuyentador de discordias, entre otras cosas

Estamos ante un maestro escultor admirable, gran experto en crear belleza a través de la armonía, la proporción y el equilibrio, encajando a la perfección los componentes simbólicos de la cultura cristiana con los de la cultura pagana sin dejar nada al azar, separando cada escena del capitel con la ornamentación de rostros de figuras semi aterradoras, reflejo visual de sus credos fetichistas; convencido que, a modo de talismán, estas figuras pavorosas ahuyentaban el mal y protegían los espacios sagrados.

Tuvo que existir un diseño iconográfico completo acorde a su maestría que, lamentablemente, no ha llegado a nuestros días y que haría, actualmente, del desaparecido claustro de Jaca, una de las siete maravillas del mundo románico.

Y en esto estamos, asegurando que la identidad de las figuras esculpidas en este capitel del antiguo claustro de Jaca son la de Virgilio, la Sibila y el ángel Gabriel, con sus correspondientes atributos vaticinadores, profetizando la llegada del mesías y a la transformación total del mundo.

Haciendo énfasis en que Virgilio no había sido nunca identificado en éste capitel, es una satisfacción para nosotros haber podido restablecer la distinción que nuestro extraordinario maestro concibió para este personaje que ha trascendido los tiempos, el príncipe de los poetas, actualmente exiliado del ciclo románico de Jaca. 





Y por muchos y muchos aplausos que reciban otras académicas versiones, ciertamente, el capitel está hablando.

Lo que pasa es que las palabras del oráculo son sibilinas, ambiguas y han de ser correctamente interpretadas.

De ahí, que este capitel incomprendido, exento, extraviado de su lugar de origen, actualmente atesorado en una urna en la iglesia de Santiago en Jaca, mostrando personajes helenísticos cuyos atributos evocan a los mismos dioses, sigue siendo motivo de tantas conjeturas y andares en círculo sobre sus símbolos, a los que intentan explicar mediante otros símbolos, inadecuados, y así sucesivamente, como los meandros laberínticos del cuerpo de la gran serpiente, evidenciando el oscurantismo del que nos tienen presos



Capitel de la Profecía 
mesiánica y el fin de los tiempos, en Jaca




Salud y románico





30 marzo 2025

*El valor de una firma


En un corro labrado que rodea la misma pilastra en el claustro del monasterio de Santes Creus, se encuentra, según la opinión de la mayoría, el autorretrato del maestro cantero que construyó gran parte de la monumental obra.


En efecto, encabezando la composición aparece modelado, el maestro, en curiosa contorsión horizontal portando en sus manos las herramientas de labor, el martillo con la derecha y el cincel con la izquierda. Acoplado a él, emerge el cuerpo de un cánido de larga cola y rostro taimadamente vivaz.

Inexplicablemente, esta figura se ha asociado a Renard Fonoll, lapicida inglés que edificó los ventanales de grandes dimensiones e impulsó el gótico florido en el claustro. No obstante, el claustro se inició en 1303 y cuando Renard fue contratado en 1332, otros maestros llevaban ya muchos años trabajando en su remodelación, por lo que las obras ya debían estar bastante avanzadas y, puede que hasta estos relieves labrados.

La seductora incógnita de quién eran ellos, es el motivo por el que he intentado recrear en pintura aquellos trazos que, prácticamente inconquistables, perduran en sus capiteles, como un homenaje a sí mismos, orgullosos de su técnica, de su instrucción y de su saber mistérico.



Misterioso simbolismo el que esgrimen los personajes centrales del circuito, cuyas extremidades inferiores, están metamorfoseadas en sibilinas colas. Frontalmente, pero con el torso forzado, comparten y muestran un libro abierto al espectador. En la otra mano, cada uno de ellos tiene su propio distintivo:  una espléndida flor abierta el que lleva el bonete en la cabeza, y, un diminuto canecillo su compañero del manto murceguillo.

Otra hipnótica atracción, esta ejercida por el hombre de mirada altiva y serena, que ampara en su mano un ave a punto de emprender el vuelo. Su torso esta fusionado con el lobato de ojos vivos y gesto dispuesto que guarda sus espaldas. 




Un vivaracho bóvido al que no le falta ningún atributo, un individuo de mueca curiosa cuya característica más relevante es su vistoso tocado y un grotesco ser alado que con descaro exhibe su boca abierta, completan esta intrigante serie esculpida. 



Lamentablemente su mampostería está muy afectada, y ese "mal de piedra", no solo se ha llevado consigo todo el esplendor de los rasgos esenciales que daban vida a las figuras, sino también la posibilidad de que podamos admirar la perfección que, a buen seguro, tenían.

He pasado horas contemplando las fotografías que hace años tomamos, con una lente de aumento siguiendo los detalles y pliegues que tímidamente persisten, repitiendo una y otra vez sus trazos sobre un papel y anhelando captar la razón de su simbolismo, que parece desintegrarse al igual que su piedra. 

No obstante, y a la vista de lo siguiente, su esencia todavía pervive.



En las fauces de la primera labra, se encuentra una exigua y casi desaparecida marca de la que se consigue intuir su forma. Qué maestro artesano pudo elaborarla?

Puesto que varios trabajaron en el proyecto, es una seña de identidad que no se puede relacionar con nadie en concreto, aún.




Otra marca similar se encuentra en el morro del diminuto can, emblema de uno de los personajes híbridos que sujetan el libro abierto. La coincidencia del lugar escogido para ubicarla no puede ser casualidad y fue lo que me impulsó a examinar la boca del tercer y último can. 



En este caso, hay un importante desconchón en el hocico, sumado a que toda la superficie de la piedra está desintegrándose, pero, aun así, en la tosca fotografía disponible y en la precisa zona donde se encuentran las otras dos marcas caninas, se distinguen unas sombras circulares unidas por una raya. Sí, muy leves, pero acaso demasiado definidas para no tenerlas en cuenta.






La curiosidad de saber por qué estos lobatones están acoplados a las figuras humanas, nos la puede aclarar la Histoire et Tradition de Jules Boucher, donde, el autor, explica que las entidades gremiales habían apelativos establecidos para denominarse entre los propios compañeros dependiendo del oficio y de la hermandad. Los talladores de piedra, por ejemplo, se identificaban como "lobos", los maestros como "renard" (zorro) y los aspirantes como "canes" (perro). Asimismo, comenta el autor que, según la procedencia de la cofradía, el nombre otorgado al compañero, podía estar formado por su nombre o apodo y su lugar de origen.

Siendo así, vemos personajes trabajando en el cenobio de Santes Creus durante y antes de la remodelación del claustro que entran perfectamente dentro de la clasificación cánida:

Bartomeu de Girona. Maestro escultor 1291
Bertrán Riquer. Arquitecto real, lapicida 1310
Pere Prenafeta, posible proyectista del claustro, lapicida 1311
Pere Bonull. Maestro escultor 1311
Francesc de Montflorit, imaginaire. Maestro escultor 1312
Bernat de Pallars, lapicida. Maestro de obras en 1325
Renard des Fonoll, lapicida. Maestro de obras en 1332



Podría ese remate esculpido ser anterior a la llegada del divulgado Renard y describir personajes o historias relacionadas con los anteriores y casi olvidados maestros?

Quién pudo ser este maestro que determinó depositar su firma en un lugar tan curioso como en el hocico del animal? 






NOTA- Este sábado, 10 de mayo, hemos visitado de nuevo el claustro del monasterio. La suerte de encontrar por fin esta galería libre de andamios y vallas nos ha facilitado poder volver a fotografiarlas.

Al estar la mampostería mucho más saneada se ve todo más bonito y luminoso. Los rasgos y detalles de las figuras esculpidas son más perceptibles que antes, pero en contrapartida, la inevitable pérdida de la capa más quebradiza de la piedra tras su limpieza, hace que las tenues marcas, habidas, sean menos perceptibles. 

Las fotografías a continuación muestran el antes y después del cepillado: 



Aquí se aprecia como el trazo vertical de la izquierda ha quedado más corto y sin sus tres puntos finales. También se ha suavizado la marca de la izquierda.


Las redondas aún permanecen pero más inapreciables  



Y aquí la sorpresa: la marca en este diminuto rostro, una vez limpiada,
parece mucho más compleja que lo que mostraba en un principio. 

Una firma o más de una? La polémica está servida





*

07 febrero 2023

*NO ERES LO QUE LOGRAS, ERES LO QUE SUPERAS o LAS METAMORFOSIS EN LOARRE. CAPITEL II


Tras observar en un primer capitel (I) como las Allegoriae super Ovidii Metamorphosin están destinadas a tener espacio y relevancia en la abadía fundada por Sancho Ramírez en Loarre, seguimos vislumbrando otro nuevo ejemplo de ello: 



La historia del rey Cadmo, protagonista semi fabuloso de una larga serie de andanzas, es compleja como un cúmulo de biografías diferentes que se hubieran unido en una de sola: Cadmo fue un buscador incansable, noble viajero, introductor del alfabeto griego, del arado, guerrero, rey y fundador de linajes, gran luchador de vida y fiel servidor de dioses. 

De los múltiples cometidos efectuados por Cadmo, señalamos como punto de partida hacia su desenlace final, la intrusión, por su parte, del espacio sagrado de Ares y la aniquilación de su serpiente guardiana. 



Resumiendo a grandes rasgos, Cadmo, conducido por el oráculo de Apolo y en los preparativos de un sacrificio ritual, mandó a sus servidores en busca de agua al manantial, hasta ahora inviolado, que custodiaba la serpiente, hija de Ares. Ésta, al oír acercarse los infaustos pasos de los hombres se irguió de golpe descargando su ataque mortal y dando muerte a todos. 

Cadmo, al saberlo, fue en busca de venganza y arremetió contra ella en larga y dura pelea con todas las armas de las que disponía. Primero le arrojó una gran piedra que rebotó en su curtida piel; seguidamente, la atizó con una espada jabalina que apenas hirió sus escamas, y en su tercer y último empeño, embistió con una lanza con tal fuerza, que ensambló el cuello de la serpiente a una encina quedando doblegada por el peso.



Cineraria etrusca s,II aC
Episodio de la lucha en sus tres intentos: con una piedra, 
con una espada y, la lanzada final, en el centro.


En el instante que Cadmo observaba a su enemiga vencida oyó una voz que le interpeló por ello y le profetizó que él también acabaría siendo mirado como una serpiente: «¿Por qué, de Agenor el nacido, la perecida serpiente miras? También tú mirado serás como serpiente». (Metamorfosis, L.III, 97-98).  Este vaticinio causó al héroe tanto terror que sus cabellos se erizaron y su rostro quedó emblanquecido.


Tras ello y, siguiendo los dictados de Atenea, Cadmo utilizó los dientes de la serpiente vencida como simiente para una nueva estirpe que fundaría la ciudad griega de Tebas y que daría origen a su linaje como rey. Paralelismo curioso con el proceder de Sancho Ramírez que, siguiendo los designios de la Santa Sede, también sepultó el rito mozárabe como una simiente para el nuevo rito romano, negociando con ese vasallaje su título de rey y emancipando las tierras aragonesas de la tutela del reino de Navarra.




Como expiación a la ofensa cometida a Ares, Cadmo estuvo ocho años a su servicio y fue, en ese tiempo, que el dios le ofreció a su hija Harmonía como esposa. Su unión fue tan altamente celebrada que se sentaron junto a los humanos, en la mesa, los propios dioses. 

Sin embargo, la vida de Cadmo estuvo llena de desastres relacionados con su linaje. El más  definitivo de ellos fue la muerte de su hija Sémele, incitado por la diosa Juno, celosa al saber que la joven esperaba un hijo de Júpiter. 

El anciano rey, abrumado por el pesar que le causó considerar muertos a su hija y su nieto, vencido por grandes males abatidos sobre él, abandona su ciudad y, acompañado de su esposa, llega hasta la frontera de Iliria donde al rememorar el origen de su linaje, y a la serpiente a quien dio muerte, y cuyos dientes sembró como semillas, pide a los dioses convertirse en serpiente él mismo:


"yo mismo, lo suplico, como serpiente sobre mi largo vientre me extienda"
dijo, y como serpiente sobre su largo vientre se tiende
y a su endurecida piel que escamas le crecen siente
y que su negro cuerpo se variega con azules gotas
y sobre su pecho cae de bruces, y reunidas en una sola,
poco a poco se atenúan en una redondeada punta sus piernas

(Metamorfosis L.IV 575-589)



Los brazos ya le restan: los que le restan, los brazos tiende
y con lágrimas por su todavía humana cara manando:
“Acércate, oh, esposa, acércate, tristísima”, dijo,
“y mientras algo queda de mí, me toca, y mi mano
coge, mientras mano es, mientras no todo lo ocupa la serpiente.”




Entristecida, la esposa, se golpea el pecho y ruega a los dioses, a su vez, ser transformada también en serpiente. Tras ello, los dos esposos se refugian en el bosque. 

La cosmovisión cristiana explica esta metamorfosis en clave educativa: Convierte la fábula á Cadmo en serpiente, que es el símbolo de la prudencia, para manifestar que este príncipe llegó á ser sabio á fuerza de sufrir desgracias. (*)



Metamorfosis de Ovidio, Ms. français 137 , f. 61r

Las metamorfosis de los esposos en serpientes marcan la transición a una condición diferente a la anterior, un cambio de mentalidad radical que alude a la superación de sus convencionalismos tras el resultado de la experiencia de vida.

 


Algo que San Pablo vaticina nos sucederá a todos en plena desesperación apocalíptica:
"En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, todos seremos transformados. Porque esto que es corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto que es mortal tiene que vestirse de inmortalidad" (Corintios 15:52-54)

La mutación ocurrida a Cadmo no se aleja de lo que vivimos en carne propia al querer modelar la vida según nuestras expectativas.

Al final es ella, la vida, en sus circunstancias, la que nos modela para garantizar nuestra metamorfosis espiritual, a costa, muchas veces, de perder todo aquello que hemos logrado.  


Serás aquello que superas y, eres aquello que has superado.


Salud y románico


Para saber más y mejor:

(1) Ovidio Nasón, Publio

(2) Metamorfosis Ovidio en prosa


08 noviembre 2022

*Más claro que el agua: Afrodita Valdeolmilla




A escasos kilómetros al noreste de Palencia se encuentra Valdeolmillos, lugar enigmático asentado sobre la ladera de un altozano en cuya cima se ubica la iglesia de San Juan Bautista.

Su silueta románica nos atrae, igual que los muchos elementos arquitectónicos que guarda en su interior. Bien que, de todos ellos, lo que sin duda más nos fascina, son el par de capiteles de la arcada triunfal.

A pesar de su tosca elaboración y del repintado catastrófico que los afea, son totalmente curiosos, sorprendentes y con inéditas figuraciones ya que prevalece una iconografía temprana, donde la idea preexistente, esta prácticamente sin adulterar:



En el primero de ellos, a la izquierda del ábside, aparece tallada una figura femenina que con aspecto sereno, e imperturbable, domina con ambas manos los arcos que empuñan unos sagitarios amenazando la saeta hacia ella.

En el capitel contrario, vemos representada una sirena erguida sobre su cola de pez que exprime sus cabellos tramados en dos mechones. Junto a ella dos compañeras aladas, sirenas ave, complementan la comitiva.

Un tema recurrente en la iconografia románica es la mujer mediadora entre dos enfrentadas criaturas, ya sean caballeros, caballos, leones u otras criaturas; pero nunca antes la hemos visto siendo ella el blanco bélico ni que sus manos con las de sus atacantes se fusionaran en una sola, como dando a entender que es la propia, como si fueran la misma esencia y sujetaran el mismo arco.

Por otro lado, sirenas, tanto de ave como de pez, las encontraremos a cientos a lo largo de nuestra geografía románica, pero sería tan raro como improbable encontrar otro capitel con la hechura exhibida en este templo palentino. 




Dicha hechura podríamos vincularla con la, también iconografía pronta, s.XI, de la sirena de Galligans (*), la única de características parecidas. O bien, podríamos relacionarla con la diosa minoica de las serpientes, por la misma razón.

Pero, aunque lo más posible es que exista un enlace común, que las conecta y las deriva a una fuente original, basamos nuestra atención en la diferencia, quizá sutil, de lo que cada una de ellas sujeta.

La protagonista de nuestro capitel no aparece sosteniendo dos peces ni dos serpientes, sino que estruja sus cabellos divididos en dos mitades.





Venus Anadyómena es una representación iconográfica de la diosa Afrodita saliendo del mar, que el pintor Apeles plasmó en el templo de Esculapio, y que llegó a ser extremadamente famosa y popular en la antigüedad. Dicha pintura, desapareció, pero Plinio la refiere en su Naturalis Historia de esta forma:

"La Venus salida del mar fue consagrada por el divino Augusto en el templo de su padre César. Esta pintura, llamada Anadiómena, ha sido elogiada en los versos griegos, vencida por el tiempo, pero glorificada. La parte inferior ha sido dañada y no se ha podido encontrar a nadie capaz de restaurarla. En verdad, el propio daño ha contribuido a la gloria del artista."

La leyenda de Afrodita naciendo de la espuma que se formo alrededor del miembro viril de Urano, mutilado por Cronos, es la principal explicación del nombre Anadyomene, es decir " la que ha surgido de entre las aguas y reina sobre ellas"   

Afrodita Anadyomene en un fresco de Pompeya

La versión Anadyomene se convirtió por excelencia en la representación más solicitada de Venus en la edad antigua, siendo uno de sus principales atributos iconográficos mostrar a la diosa en actitud de escurrirse el pelo. Así, cuando veían una figura femenina con ese atributo, aunque no tuviera ningún otro elemento iconográfico, sabían que se trataba de la diosa del amor, Afrodita.

Paralelamente tuvo fama otra antigua y conocida versión de la diosa, de cariz diferente y de la que actualmente solo se conservan copias romanas. Se trata de la escultura de bronce realizada por Calamis 460aC conocida como la Afrodita Sosandra "la que salva a los hombres".




Con esta apariencia, cubierta de pies a cabeza, la diosa era colocada en la entrada de los Propileos de la Acrópolis de Atenas y llamaba la atención por su gestualidad pura y venerable. Aquí Afrodita se alejaba de sus habituales características de sensualidad para convertirse en  representante de la verdad moral y el saber supremo, severa y protectora, la diosa del amor y mediadora, que armoniza y salva las almas de los hombres.

En el románico, esa capacidad de equilibrar las fuerzas opuestas entre el espíritu y los instintos, cualidad de Afrodita Sosandra, fue representada mediante la figura de una mujer que se interpone entre dos caballeros, bien sujetando sus armas o las riendas de sus caballos.

En el afán por dar nombre a aquello que aún no tenia, la visión cristiana propuso llamarla "paz o tregua de Dios" ignorando, posiblemente, de dónde proviene el destello de esta iluminante escena y, el porqué, de una figura femenina personificando la tregua. 



Coronación de Venus, s.IV (Túnez)

Venus se encuentra en el centro,
mediadora entre el día y la noche, entre el mar y la tierra, entre lo divino y lo humano
.


Las raíces de la iconografía de Afrodia en su versión Anadyomene, se pueden encontrar en textos griegos arcaicos, como la Teogonía de Hesíodo y el Himno homérico del siglo VIII a. C., así como en estatuillas votivas o pinturas de mujeres bañándose en jarrones del s.V aC.



Los lugares de hallazgo conocidos para las representaciones de Anadyomene se pueden agrupar en cuatro contextos: tumbas, santuarios, fuentes o baños y casas.

Se desconoce si estos contextos: tumbas, santuarios, baños o fuentes pudieron darse en Valdeolmillos, o, donde actualmente se encuentra la iglesia del Bautista o cerca de ella. Porque de Valdeolmillos nada se sabe, nada de nada, como si de un borrado infame de sus vestigios de población se tratara, hasta finales del siglo IX cuando los ejércitos cristianos de Alfonso III reconquistaron la zona y la repoblaron.



Pero si sabemos que la intención sacramental de los lugares religiosos tiende a fosilizarse y que las divinidades salientes transfieren sus propiedades de identidad a las entrantes.

También sabemos que los antiguos consideraban que existían dos facetas del amor, el amor puro o espiritual y el amor vulgar o material. El primero era atribuido a la Venus celeste o Urania, hija de Urano, que nació de la espuma del mar y cuyo reino nos lleva más allá de los sentidos; mientras que el otro amor se atribuye a la Venus terrena o Vulgar, que rige el mundo de los sentidos y es hija de una diosa terrenal. 

No seria extraño que esos credos entrantes mezclaran la intención antigua y acabaran por desacreditar la renombrada Anadyomene relacionándola con la Venus vulgar, el amor material y contraponiéndola a su otra faceta divina, Sosandra, la que salva a los hombres. Nuestros dos capiteles.


Baptisterio arriano en Ravenna s.VI /         Anadyomena en Suso s.II-VI


Pero el resarcimiento de la diosa es artero y perspicaz. Nos gustaría pensar que un lugar sagrado relacionado con Anaydomene adoptó posteriormente el nombre del más grande santo asociado con el poder purificador del agua, San Juan Bautista, cuya fiesta es más que popularmente celebrada e invocada para la abundancia de agua en los ríos y en las siembras. Santo que bautizó al propio Cristo y de cuya agua naces totalmente purificado, como la Venus de la espuma del mar. 

Incluso aún sigue la creencia que en ese día el agua adquiere propiedades fecundantes y sanadoras.




Aislada en tierras de campos, lejos del agua que la vio nacer, esta sirena anadiomeda, levantada sobre su cola de pez, vinculada a conocimientos arcaicos, es indicio de una veneración venusiana que existió y cuya resonancia quedó petrificada en la iglesia de San Juan Bautista de Valdeolmillos.

No hemos encontrado nada escrito sobre ese pasado pagano, pero nuestra Afrodita Valdeolmilla lo deja bien claro. Estuvieron. La exclusiva particularidad de estos capiteles aporta una importancia antropológica que no debería pasar desapercibida a los ojos de los historiadores.


  
Y entre las ruinas de sus palacios resonarán los ecos de los búhos, y cantarán las sirenas en aquellos lugares que fueron consagrados al deleite." (Isaías,13)


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