30 marzo 2025

*El valor de una firma


En un corro labrado que rodea la misma pilastra en el claustro del monasterio de Santes Creus, se encuentra, según la opinión de la mayoría, el autorretrato del maestro cantero que construyó gran parte de la monumental obra.


En efecto, encabezando la composición aparece modelado, el maestro, en curiosa contorsión horizontal portando en sus manos las herramientas de labor, el martillo con la derecha y el cincel con la izquierda. Acoplado a él, emerge el cuerpo de un cánido de larga cola y rostro taimadamente vivaz.

Inexplicablemente, esta figura se ha asociado a Renard Fonoll, lapicida inglés que edificó los ventanales de grandes dimensiones e impulsó el gótico florido en el claustro. No obstante, el claustro se inició en 1303 y cuando Renard fue contratado en 1332, otros maestros llevaban ya muchos años trabajando en su remodelación, por lo que las obras ya debían estar bastante avanzadas y, puede que hasta estos relieves labrados.

La seductora incógnita de quién eran ellos, es el motivo por el que he intentado recrear en pintura aquellos trazos que, prácticamente inconquistables, perduran en sus capiteles, como un homenaje a sí mismos, orgullosos de su técnica, de su instrucción y de su saber mistérico.



Misterioso simbolismo el que esgrimen los personajes centrales del circuito, cuyas extremidades inferiores, están metamorfoseadas en sibilinas colas. Frontalmente, pero con el torso forzado, comparten y muestran un libro abierto al espectador. En la otra mano, cada uno de ellos tiene su propio distintivo:  una espléndida flor abierta el que lleva el bonete en la cabeza, y, un diminuto canecillo su compañero del manto murceguillo.

Otra hipnótica atracción, esta ejercida por el hombre de mirada altiva y serena, que ampara en su mano un ave a punto de emprender el vuelo. Su torso esta fusionado con el lobato de ojos vivos y gesto dispuesto que guarda sus espaldas. 




Un vivaracho bóvido al que no le falta ningún atributo, un individuo de mueca curiosa cuya característica más relevante es su vistoso tocado y un grotesco ser alado que con descaro exhibe su boca abierta, completan esta intrigante serie esculpida. 



Lamentablemente su mampostería está muy afectada, y ese "mal de piedra", no solo se ha llevado consigo todo el esplendor de los rasgos esenciales que daban vida a las figuras, sino también la posibilidad de que podamos admirar la perfección que, a buen seguro, tenían.

He pasado horas contemplando las fotografías que hace años tomamos, con una lente de aumento siguiendo los detalles y pliegues que tímidamente persisten, repitiendo una y otra vez sus trazos sobre un papel y anhelando captar la razón de su simbolismo, que parece desintegrarse al igual que su piedra. 

No obstante, y a la vista de lo siguiente, su esencia todavía pervive.



En las fauces de la primera labra, se encuentra una exigua y casi desaparecida marca de la que se consigue intuir su forma. Qué maestro artesano pudo elaborarla?

Puesto que varios trabajaron en el proyecto, es una seña de identidad que no se puede relacionar con nadie en concreto, aún.




Otra marca similar se encuentra en el morro del diminuto can, emblema de uno de los personajes híbridos que sujetan el libro abierto. La coincidencia del lugar escogido para ubicarla no puede ser casualidad y fue lo que me impulsó a examinar la boca del tercer y último can. 



En este caso, hay un importante desconchón en el hocico, sumado a que toda la superficie de la piedra está desintegrándose, pero, aun así, en la tosca fotografía disponible y en la precisa zona donde se encuentran las otras dos marcas caninas, se distinguen unas sombras circulares unidas por una raya. Sí, muy leves, pero acaso demasiado definidas para no tenerlas en cuenta.






La curiosidad de saber por qué estos lobatones están acoplados a las figuras humanas, nos la puede aclarar la Histoire et Tradition de Jules Boucher, donde, el autor, explica que las entidades gremiales habían apelativos establecidos para denominarse entre los propios compañeros dependiendo del oficio y de la hermandad. Los talladores de piedra, por ejemplo, se identificaban como "lobos", los maestros como "renard" (zorro) y los aspirantes como "canes" (perro). Asimismo, comenta el autor que, según la procedencia de la cofradía, el nombre otorgado al compañero, podía estar formado por su nombre o apodo y su lugar de origen.

Siendo así, vemos personajes trabajando en el cenobio de Santes Creus durante y antes de la remodelación del claustro que entran perfectamente dentro de la clasificación cánida:

Bartomeu de Girona. Maestro escultor 1291
Bertrán Riquer. Arquitecto real, lapicida 1310
Pere Prenafeta, posible proyectista del claustro, lapicida 1311
Pere Bonull. Maestro escultor 1311
Francesc de Montflorit, imaginaire. Maestro escultor 1312
Bernat de Pallars, lapicida. Maestro de obras en 1325
Renard des Fonoll, lapicida. Maestro de obras en 1332



Podría ese remate esculpido ser anterior a la llegada del divulgado Renard y describir personajes o historias relacionadas con los anteriores y casi olvidados maestros?

Quién pudo ser este maestro que determinó depositar su firma en un lugar tan curioso como en el hocico del animal? 






NOTA- Este sábado, 10 de mayo, hemos visitado de nuevo el claustro del monasterio. La suerte de encontrar por fin esta galería libre de andamios y vallas nos ha facilitado poder volver a fotografiarlas.

Al estar la mampostería mucho más saneada se ve todo más bonito y luminoso. Los rasgos y detalles de las figuras esculpidas son más perceptibles que antes, pero en contrapartida, la inevitable pérdida de la capa más quebradiza de la piedra tras su limpieza, hace que las tenues marcas, habidas, sean menos perceptibles. 

Las fotografías a continuación muestran el antes y después del cepillado: 



Aquí se aprecia como el trazo vertical de la izquierda ha quedado más corto y sin sus tres puntos finales. También se ha suavizado la marca de la izquierda.


Las redondas aún permanecen pero más inapreciables  



Y aquí la sorpresa: la marca en este diminuto rostro, una vez limpiada,
parece mucho más compleja que lo que mostraba en un principio. 

Una firma o más de una? La polémica está servida





*

07 febrero 2023

*NO ERES LO QUE LOGRAS, ERES LO QUE SUPERAS o LAS METAMORFOSIS EN LOARRE. CAPITEL II


Tras observar en un primer capitel (I) como las Allegoriae super Ovidii Metamorphosin están destinadas a tener espacio y relevancia en la abadía fundada por Sancho Ramírez en Loarre, seguimos vislumbrando otro nuevo ejemplo de ello: 



La historia del rey Cadmo, protagonista semi fabuloso de una larga serie de andanzas, es compleja como un cúmulo de biografías diferentes que se hubieran unido en una de sola: Cadmo fue un buscador incansable, noble viajero, introductor del alfabeto griego, del arado, guerrero, rey y fundador de linajes, gran luchador de vida y fiel servidor de dioses. 

De los múltiples cometidos efectuados por Cadmo, señalamos como punto de partida hacia su desenlace final, la intrusión, por su parte, del espacio sagrado de Ares y la aniquilación de su serpiente guardiana. 



Resumiendo a grandes rasgos, Cadmo, conducido por el oráculo de Apolo y en los preparativos de un sacrificio ritual, mandó a sus servidores en busca de agua al manantial, hasta ahora inviolado, que custodiaba la serpiente, hija de Ares. Ésta, al oír acercarse los infaustos pasos de los hombres se irguió de golpe descargando su ataque mortal y dando muerte a todos. 

Cadmo, al saberlo, fue en busca de venganza y arremetió contra ella en larga y dura pelea con todas las armas de las que disponía. Primero le arrojó una gran piedra que rebotó en su curtida piel; seguidamente, la atizó con una espada jabalina que apenas hirió sus escamas, y en su tercer y último empeño, embistió con una lanza con tal fuerza, que ensambló el cuello de la serpiente a una encina quedando doblegada por el peso.



Cineraria etrusca s,II aC
Episodio de la lucha en sus tres intentos: con una piedra, 
con una espada y, la lanzada final, en el centro.


En el instante que Cadmo observaba a su enemiga vencida oyó una voz que le interpeló por ello y le profetizó que él también acabaría siendo mirado como una serpiente: «¿Por qué, de Agenor el nacido, la perecida serpiente miras? También tú mirado serás como serpiente». (Metamorfosis, L.III, 97-98).  Este vaticinio causó al héroe tanto terror que sus cabellos se erizaron y su rostro quedó emblanquecido.


Tras ello y, siguiendo los dictados de Atenea, Cadmo utilizó los dientes de la serpiente vencida como simiente para una nueva estirpe que fundaría la ciudad griega de Tebas y que daría origen a su linaje como rey. Paralelismo curioso con el proceder de Sancho Ramírez que, siguiendo los designios de la Santa Sede, también sepultó el rito mozárabe como una simiente para el nuevo rito romano, negociando con ese vasallaje su título de rey y emancipando las tierras aragonesas de la tutela del reino de Navarra.




Como expiación a la ofensa cometida a Ares, Cadmo estuvo ocho años a su servicio y fue, en ese tiempo, que el dios le ofreció a su hija Harmonía como esposa. Su unión fue tan altamente celebrada que se sentaron junto a los humanos, en la mesa, los propios dioses. 

Sin embargo, la vida de Cadmo estuvo llena de desastres relacionados con su linaje. El más  definitivo de ellos fue la muerte de su hija Sémele, incitado por la diosa Juno, celosa al saber que la joven esperaba un hijo de Júpiter. 

El anciano rey, abrumado por el pesar que le causó considerar muertos a su hija y su nieto, vencido por grandes males abatidos sobre él, abandona su ciudad y, acompañado de su esposa, llega hasta la frontera de Iliria donde al rememorar el origen de su linaje, y a la serpiente a quien dio muerte, y cuyos dientes sembró como semillas, pide a los dioses convertirse en serpiente él mismo:


"yo mismo, lo suplico, como serpiente sobre mi largo vientre me extienda"
dijo, y como serpiente sobre su largo vientre se tiende
y a su endurecida piel que escamas le crecen siente
y que su negro cuerpo se variega con azules gotas
y sobre su pecho cae de bruces, y reunidas en una sola,
poco a poco se atenúan en una redondeada punta sus piernas

(Metamorfosis L.IV 575-589)



Los brazos ya le restan: los que le restan, los brazos tiende
y con lágrimas por su todavía humana cara manando:
“Acércate, oh, esposa, acércate, tristísima”, dijo,
“y mientras algo queda de mí, me toca, y mi mano
coge, mientras mano es, mientras no todo lo ocupa la serpiente.”




Entristecida, la esposa, se golpea el pecho y ruega a los dioses, a su vez, ser transformada también en serpiente. Tras ello, los dos esposos se refugian en el bosque. 

La cosmovisión cristiana explica esta metamorfosis en clave educativa: Convierte la fábula á Cadmo en serpiente, que es el símbolo de la prudencia, para manifestar que este príncipe llegó á ser sabio á fuerza de sufrir desgracias. (*)



Metamorfosis de Ovidio, Ms. français 137 , f. 61r

Las metamorfosis de los esposos en serpientes marcan la transición a una condición diferente a la anterior, un cambio de mentalidad radical que alude a la superación de sus convencionalismos tras el resultado de la experiencia de vida.

 


Algo que San Pablo vaticina nos sucederá a todos en plena desesperación apocalíptica:
"En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, todos seremos transformados. Porque esto que es corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto que es mortal tiene que vestirse de inmortalidad" (Corintios 15:52-54)

La mutación ocurrida a Cadmo no se aleja de lo que vivimos en carne propia al querer modelar la vida según nuestras expectativas.

Al final es ella, la vida, en sus circunstancias, la que nos modela para garantizar nuestra metamorfosis espiritual, a costa, muchas veces, de perder todo aquello que hemos logrado.  


Serás aquello que superas y, eres aquello que has superado.


Salud y románico


Para saber más y mejor:

(1) Ovidio Nasón, Publio

(2) Metamorfosis Ovidio en prosa


08 noviembre 2022

*Más claro que el agua: Afrodita Valdeolmilla




A escasos kilómetros al noreste de Palencia se encuentra Valdeolmillos, lugar enigmático asentado sobre la ladera de un altozano en cuya cima se ubica la iglesia de San Juan Bautista.

Su silueta románica nos atrae, igual que los muchos elementos arquitectónicos que guarda en su interior. Bien que, de todos ellos, lo que sin duda más nos fascina, son el par de capiteles de la arcada triunfal.

A pesar de su tosca elaboración y del repintado catastrófico que los afea, son totalmente curiosos, sorprendentes y con inéditas figuraciones ya que prevalece una iconografía temprana, donde la idea preexistente, esta prácticamente sin adulterar:



En el primero de ellos, a la izquierda del ábside, aparece tallada una figura femenina que con aspecto sereno, e imperturbable, domina con ambas manos los arcos que empuñan unos sagitarios amenazando la saeta hacia ella.

En el capitel contrario, vemos representada una sirena erguida sobre su cola de pez que exprime sus cabellos tramados en dos mechones. Junto a ella dos compañeras aladas, sirenas ave, complementan la comitiva.

Un tema recurrente en la iconografia románica es la mujer mediadora entre dos enfrentadas criaturas, ya sean caballeros, caballos, leones u otras criaturas; pero nunca antes la hemos visto siendo ella el blanco bélico ni que sus manos con las de sus atacantes se fusionaran en una sola, como dando a entender que es la propia, como si fueran la misma esencia y sujetaran el mismo arco.

Por otro lado, sirenas, tanto de ave como de pez, las encontraremos a cientos a lo largo de nuestra geografía románica, pero sería tan raro como improbable encontrar otro capitel con la hechura exhibida en este templo palentino. 




Dicha hechura podríamos vincularla con la, también iconografía pronta, s.XI, de la sirena de Galligans (*), la única de características parecidas. O bien, podríamos relacionarla con la diosa minoica de las serpientes, por la misma razón.

Pero, aunque lo más posible es que exista un enlace común, que las conecta y las deriva a una fuente original, basamos nuestra atención en la diferencia, quizá sutil, de lo que cada una de ellas sujeta.

La protagonista de nuestro capitel no aparece sosteniendo dos peces ni dos serpientes, sino que estruja sus cabellos divididos en dos mitades.





Venus Anadyómena es una representación iconográfica de la diosa Afrodita saliendo del mar, que el pintor Apeles plasmó en el templo de Esculapio, y que llegó a ser extremadamente famosa y popular en la antigüedad. Dicha pintura, desapareció, pero Plinio la refiere en su Naturalis Historia de esta forma:

"La Venus salida del mar fue consagrada por el divino Augusto en el templo de su padre César. Esta pintura, llamada Anadiómena, ha sido elogiada en los versos griegos, vencida por el tiempo, pero glorificada. La parte inferior ha sido dañada y no se ha podido encontrar a nadie capaz de restaurarla. En verdad, el propio daño ha contribuido a la gloria del artista."

La leyenda de Afrodita naciendo de la espuma que se formo alrededor del miembro viril de Urano, mutilado por Cronos, es la principal explicación del nombre Anadyomene, es decir " la que ha surgido de entre las aguas y reina sobre ellas"   

Afrodita Anadyomene en un fresco de Pompeya

La versión Anadyomene se convirtió por excelencia en la representación más solicitada de Venus en la edad antigua, siendo uno de sus principales atributos iconográficos mostrar a la diosa en actitud de escurrirse el pelo. Así, cuando veían una figura femenina con ese atributo, aunque no tuviera ningún otro elemento iconográfico, sabían que se trataba de la diosa del amor, Afrodita.

Paralelamente tuvo fama otra antigua y conocida versión de la diosa, de cariz diferente y de la que actualmente solo se conservan copias romanas. Se trata de la escultura de bronce realizada por Calamis 460aC conocida como la Afrodita Sosandra "la que salva a los hombres".




Con esta apariencia, cubierta de pies a cabeza, la diosa era colocada en la entrada de los Propileos de la Acrópolis de Atenas y llamaba la atención por su gestualidad pura y venerable. Aquí Afrodita se alejaba de sus habituales características de sensualidad para convertirse en  representante de la verdad moral y el saber supremo, severa y protectora, la diosa del amor y mediadora, que armoniza y salva las almas de los hombres.

En el románico, esa capacidad de equilibrar las fuerzas opuestas entre el espíritu y los instintos, cualidad de Afrodita Sosandra, fue representada mediante la figura de una mujer que se interpone entre dos caballeros, bien sujetando sus armas o las riendas de sus caballos.

En el afán por dar nombre a aquello que aún no tenia, la visión cristiana propuso llamarla "paz o tregua de Dios" ignorando, posiblemente, de dónde proviene el destello de esta iluminante escena y, el porqué, de una figura femenina personificando la tregua. 



Coronación de Venus, s.IV (Túnez)

Venus se encuentra en el centro,
mediadora entre el día y la noche, entre el mar y la tierra, entre lo divino y lo humano
.


Las raíces de la iconografía de Afrodia en su versión Anadyomene, se pueden encontrar en textos griegos arcaicos, como la Teogonía de Hesíodo y el Himno homérico del siglo VIII a. C., así como en estatuillas votivas o pinturas de mujeres bañándose en jarrones del s.V aC.



Los lugares de hallazgo conocidos para las representaciones de Anadyomene se pueden agrupar en cuatro contextos: tumbas, santuarios, fuentes o baños y casas.

Se desconoce si estos contextos: tumbas, santuarios, baños o fuentes pudieron darse en Valdeolmillos, o, donde actualmente se encuentra la iglesia del Bautista o cerca de ella. Porque de Valdeolmillos nada se sabe, nada de nada, como si de un borrado infame de sus vestigios de población se tratara, hasta finales del siglo IX cuando los ejércitos cristianos de Alfonso III reconquistaron la zona y la repoblaron.



Pero si sabemos que la intención sacramental de los lugares religiosos tiende a fosilizarse y que las divinidades salientes transfieren sus propiedades de identidad a las entrantes.

También sabemos que los antiguos consideraban que existían dos facetas del amor, el amor puro o espiritual y el amor vulgar o material. El primero era atribuido a la Venus celeste o Urania, hija de Urano, que nació de la espuma del mar y cuyo reino nos lleva más allá de los sentidos; mientras que el otro amor se atribuye a la Venus terrena o Vulgar, que rige el mundo de los sentidos y es hija de una diosa terrenal. 

No seria extraño que esos credos entrantes mezclaran la intención antigua y acabaran por desacreditar la renombrada Anadyomene relacionándola con la Venus vulgar, el amor material y contraponiéndola a su otra faceta divina, Sosandra, la que salva a los hombres. Nuestros dos capiteles.


Baptisterio arriano en Ravenna s.VI /         Anadyomena en Suso s.II-VI


Pero el resarcimiento de la diosa es artero y perspicaz. Nos gustaría pensar que un lugar sagrado relacionado con Anaydomene adoptó posteriormente el nombre del más grande santo asociado con el poder purificador del agua, San Juan Bautista, cuya fiesta es más que popularmente celebrada e invocada para la abundancia de agua en los ríos y en las siembras. Santo que bautizó al propio Cristo y de cuya agua naces totalmente purificado, como la Venus de la espuma del mar. 

Incluso aún sigue la creencia que en ese día el agua adquiere propiedades fecundantes y sanadoras.




Aislada en tierras de campos, lejos del agua que la vio nacer, esta sirena anadiomeda, levantada sobre su cola de pez, vinculada a conocimientos arcaicos, es indicio de una veneración venusiana que existió y cuya resonancia quedó petrificada en la iglesia de San Juan Bautista de Valdeolmillos.

No hemos encontrado nada escrito sobre ese pasado pagano, pero nuestra Afrodita Valdeolmilla lo deja bien claro. Estuvieron. La exclusiva particularidad de estos capiteles aporta una importancia antropológica que no debería pasar desapercibida a los ojos de los historiadores.



Y entre las ruinas de sus palacios resonarán los ecos de los búhos, y cantarán las sirenas en aquellos lugares que fueron consagrados al deleite." (Isaías,13)

 

22 febrero 2022

*POR SU TOCADO LOS RECONOCERAS o LAS METAMORFOSIS DE LOARRE. CAPITEL I



El topónimo ibérico de Loarre significa "la trinchera natural de piedras sobrecogedora", explicación que se detalla en el estudio de Toponimia altoaragonesa (31) del profesor Bienvenido Mascaray. (1)  Y que, por otra parte, podemos confirmar tan solo con visitar y contemplar el paraje.

A igual que todo el llano ibérico, esa gran muralla natural ocupada en principio por los iberos acabó, tras los tiempos de Sertorio (2) , impregnada de cultura romana: "Dos Calagurris menciona Plinio existentes en su época, una de ciudadanos romanos con el sobrenombre de Nássica, otra de pueblos estipendiarios (sometidos) con el de Fibularia. Los anticuarios convienen en que la una es Calahorra sita en la Vasconia, y la otra en el territorio de los llergetes es Loarre". (3)

No hay duda que, aún subyugada, la esencia cultural y religiosa de los pueblos iberos no desapareció de la noche a la mañana. La incorporación y unificación de conceptos fundamentales en ambas culturas debió ser un hecho. El sentido común así lo dicta. Y también, la de numerosos historiadores que aseguran que la expansión de los cultos mistéricos en las provincias romanas se debe, generalmente, al movimiento de los ejércitos cuyos soldados asociaban su religión con los cultos de los pueblos sometidos asimilándolos como propios.


La misma norma se aplicó cuando por el s.IV penetró el cristianismo como religión alternativa a la oficial. Teniendo necesidad de invalidar las creencias paganas, el nuevo credo religioso hizo lo propio, absorbiendo los mitos de las religiones salientes y, a medida que iba pasando el tiempo, interpretándolas y alegorizándolas. 

Una de las técnicas más efectivas para ello fue la utilizada por los escribas. Estos redactaban las creencias antiguas y, posteriormente, anotaban sus comentarios e interpretaciones personales. De este modo se ofrecía una serie de preceptos morales que servía para satisfacer las exigencias y las convenciones de la iglesia. 

Los textos de Ovidio, uno de los poetas romanos más influentes de la historia, se convirtieron en fuente inagotable de moralizaciones, en especial, sus MetamorfosisLa primera copia de su obra de la que se tiene noticia aparece en el s.XI, en Irlanda, por lo que los historiadores sugieren que los monjes irlandeses pudieran haber llevado consigo un códice de las Metamorfosis cuando pasaron al continente. O bien, que el obispo Teodulfo de Orleans, gran lector de Ovidio y consejero teológico de Carlomagno, aportara por las mismas épocas un manuscrito a la corte del soberano.

De la misma escuela catedralicia, el ilustrado Arnolfo d'Orleans, en una justificación ética del mito con la religión comenta sus Allegoriae super Ovidii Metamorphosin, teniendo un éxito extraordinario, dadas las continuas citas y transcripciones que se han hecho de ellas. En cuanto a lengua romance, L'OVIDI MORALISÉ, de autor anónimo y de fecha desconocida parece haber servido de inspiración a Alfonso X cuando compuso su General Estoria, con la misma trayectoria medieval que ovidio moralizado.

Sea como fuera, en pleno Renacimiento Carolingio, especialmente en los monasterios benedictinos, se redescubre a Ovidio. Y su obra, que había estado a punto de desaparecer, se convierte en los siglos XI y XII en una de las más copiadas, leídas, estudiadas, comentadas, alegorizadas, traducidas e imitadas, en monasterios y centros de saber y poder europeos (4)




Por aquellas alturas de la historia, Sancho Ramírez, que en el 1068 se declaró vasallo de la Santa Sede y defensor de la cristiandad, habia tenido la iniciativa de fundar una abadía de canónigos agustinos en Loarre convirtiendo la fortaleza en un centro religioso, además de la función militar que ya poseía.

De estas importantes reformas destacaron especialmente la cripta de Santa Quiteria y la Iglesia de San Pedro, que contó con la protección papal, por bula de Alejandro II en el 1071. A partir de entonces se iría introduciendo paulatinamente en Aragón el rito romano en detrimento del mozárabe.

Por tanto, mientras los valores religiosos entrantes ejercen de antropófagos con los salientes, en San Pedro de Loarre se van componiendo bellos elementos para decorar los muros del nuevo templo cristiano: ribetes palmeados, bestiarios, labras con ondulados tallos, capiteles historiados de textos sagrados y, según vemos tallado en la arquería absidal del templo, escenas de los textos moralizados de Ovidio, lo que englobará el actual trabajo:


La escena de este capitel, que nos ocupa, muestra frontalmente tallado un personaje con tocado sacramental, semblante hermético y porte suntuoso. Con ambas manos mantiene sujetos a unos seres simiescos, que parecen cargar con dos cuerpos humanos, hombre y mujer.

En sus laterales hay esculpidas unas figuras soberanamente ataviadas y con tocados similares agarrando por la  correa a los híbridos cuadrúmanos. El primero porta una vara gruesa que va rematada por grandes hojas y el otro, de gesto rígido y airado, descansa la mano entre los troncos enlazados de un arbusto recio. No parecen simples mortales, su porte solemne, impenetrable, sacro y sacerdotal así lo indica




Lo altamente revelador en torno a este capitel son los comentarios en la obra fundamental y enormemente consultada del literato Arnolfo d'Orleans que, bajo una línea ética y moral, en su ovidio moralizado trata de los Cécropes y de los jovenes Atalanta e Hipómedes. (Libro XIV,95-100 y Libro X,685-700 respectivamente)
 



Bien conocida es la fábula que relata como Atalanta cambió de forma, pues prevenida por un oráculo que el día que se casara se transformaría en un animal puso todo su empeño en evitarlo. Sin embargo, las coyunturas del destino hicieron que la joven junto a su amado acabaran cediendo a los instintos y, para más inri, en el interior de en un templo sagrado. A ambos se les arrebató su condición humana y fueron convertidos en leones de Cibeles.

Menos conocida pero igual de reveladora es la fábula de los Cércopes, de naturaleza embaucadora y pícara intentaron engañar al propio Zeus y acabaron convertidos en monos: "Habiéndoles el padre de los dioses encargado un trabajo, ellos, obligados por las pagas aceptadas, la fidelidad prometida y el juramento, en seguida, conservando las pagas, se burlaban de él, ya que empleaban muchos engaños con todos. Júpiter, indignado por los perjurios, los convirtió en monos". 

Veamos lo que Arnolfo d'Orleans comenta sobre los Cécropes, a los que considera maliciosos y estafadores: Están "cambiados" por el mismo Júpiter porque son menospreciables debido al crimen y engaño innato en los simios o porque son burladores, como los simios se burlan de quienes viven alrededor de las montañas distorsionándose la boca (631 Cfr.XIV .2) 

A la vez, su moralidad también considera bestias a Atalanta e Hipómenes: "Pero porque ambos están en el templo de Cibeles. Se acostaron juntos y actuaron como una bestia en esto, y de esta historia se dio lugar, porque fueron transformados en bestias. (664 Cfr.X.12). 

 

En un escenario se conoce como "cruce paralelo" al converger dos historias diferentes en una misma imagen. Este es el caso del capitel que tratamos, pues engloba las dos fábulas moralizadas: en cada una de las historias se produce el mismo resultado, como castigo y por mandato divino, son convertidos en animales.

Y así lo vemos en el capitel, hombre y mujer a juzgar por su aspecto, supeditados al preciso instante del castigo, transformándose delante de las mayestáticas figuras, cuyo porte majestuoso y sacro, salta a la vista.



Y también salta a la vista el elaborado tocado que adorna sus cabezas, que destacan, sobremanera, de los canones que acostumbramos a ver en los otros capiteles. No exhiben la corona o la mitra habitual para personajes de tal magna categoría, ni la cogulla de las ordenes mas sencillas y ni siquiera la humilde tonsura romana del fraile o anacoreta.

Sin embargo ostentan unos peinados minuciosos y muy trabajados que evocan las costumbres ornamentales de los pobladores anteriores: los nudos anillados con pelo trenzado que les colgaban a los oficiantes iberos o los tocados de los sacerdotes de Cibeles, eunucos cuyo aspecto debía asemejarse a las mujeres llevando el pelo engalanado, anudado sobre la frente con zarcillos, collares y abalorios diferentes. De todos ellos, el Archigallo era el sumo sacerdote, personificación viviente del consorte de la diosa: el legendario Atis.

Y por su tocado los reconocemos. Así lo quiso el artista al que se le encargó ilustrar el capitel


Para personificar la alegoría de la fábula de Hipomenes y Atalanta, dotó a la teofanía del relato con los atributos correspondientes, en este caso los de la diosa Cibeles y su Archigallo, o de Júpiter en caso de los Cécropes, por derivación.

En este "cruce paralelo", la interpretación arnolfiana de la transformación de los pecadores, en animales, tiene un punto de encuentro en las dos historias. Los dos amantes por deshonrar el lugar sagrado de los dioses y, los dos embaucadores, por intentar engañarlos. 

El desenlace de la moralina confluye en el mismo resultado: la conversión de los transgresores en bestias. Castigo que los vincula directamente a lo ocurrido en el mito bíblico de Adán y Eva, que al quebrantar el mandato divino y ser expulsados del Paraíso Dios los "vistió" con túnicas de piel.



No es la primera vez que encontramos una plasmación de las Metamorfosis de Ovidio en un capitel románico. 
En Frómista se encuentra una espectacular talla de ello: CIBELES EN FRÓMISTA




Lejos de la majestuosidad del capitel palentino, pero, siendo reconocidas las enormes relaciones estilistas que tienen algunos capiteles de Loarre, con los de Frómista, parecería que éste podría ser uno de ellos, no en la labra, por descontado, pero sí en el concepto.


Salud y románico










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