In principio. Lilith- Inanna- Isthar
Según los textos de la mitología sumeria, los dioses emergieron de un mar infinito y abismal, representación figurada del caos primigenio. De todos ellos, la deidad más destacada y popular de su panteón era Inanna, reina del cielo y de la tierra, encarnación de la naturaleza, arquetipo de la diosa madre, conocida por los asirios y babilonios como Ishtar.(1)
Lilith, cuyo nombre significa "espíritu de la noche", era uno de los aspectos o prolongaciones de esa diosa madre. Actuaba como guía hacia la inmortalidad y se encargaba de custodiar las puertas que separaban el plano espiritual del físico y terrenal. Se la representaba como una mujer alada, con pies y garras de rapaz, sosteniendo en sus manos la vara y el anillo de la autoridad, coronada y flanqueada por la lechuza, pájaro de la sabiduría y, por el león, señor de las bestias.
Su imagen resulta gráficamente palpable en el relieve Burney (Mesopotamia 1800-1750 aC), conocida también como "la Reina de la Noche", se encuentra actualmente en el Museo Británico.
En este arcaico relieve aparecen representadas las facultades de la diosa Inanna-Isthar en su faceta de Lilith, ostenta alta tiara como insignia de autoridad suprema y sujeta los anillos de Shem, los signos más antiguos que muestran que alguien ha cruzado hacia la inmortalidad y alcanzado la sabiduría del Árbol del Conocimiento.(2)
No obstante, a medida que la historia va avanzando, se produce la caída del matriarcado y la eliminación del poder sacerdotal femenino. Con ello llega el despojamiento de la aureola semidivina de Lilith, quien continua rígida y coronada como la "mano de Isthar", que vincula al ser humano con el misterio oculto, flanqueada por la lechuza, pájaro de la noche y la sabiduría, pero es demonizada y expulsada al desierto, donde encontrará armonía entre los chacales y el león.
La demonología mesopotamia (asiria y babilónica, por excelencia), ejerció gran influencia sobre la cultura hebrea, por lo que no resulta difícil comprender la asociación de la Lilith sumeria con la bíblica, quien por considerarse creada con igual materia que Adán, se negó a yacer como él le exigía y, tras osar pronunciar el nombre mágico y prohibido de IHVH, se elevó por los aires cruzando el desierto y se hundió en el mar.(3)
En la interpretación helenística, los pitagóricos se habían referido a ese tipo de mujeres como las sirenas, que estaban encargadas del movimiento de las esferas y de entonar el canto cósmico en su faceta musical. A la vez, eran concebidas como las encargadas de guiar las almas errantes de los muertos, para que éstos, pudieran encontrar el camino hacia el otro lado, motivo por lo que era habitual encontrar su representación en sarcófagos.
También Ovidio, en el canto V de sus Metamorfosis, donde recoge los mitos griegos adaptándolos a la cultura latina de su época, conecta las acompañantes de Proserpina, diosa del submundo, con esas tradicionales criaturas: "¿de dónde qué pluma y pies de aves, cuando de virgen cara lleváis? ¿Acaso porque cuando recogía Proserpina primaverales flores, de sus acompañantes en el número, doctas Sirenas, estabais?"(4)
Pero será en la difusión oral, del episodio homérico de la Odisea en el s.VII a.C., donde más se propició la ambivalencia de estas mujeres aladas. En el momento en que las despechadas sirenas se arrojan al mar tras su fracasada seducción a Ulises, la visión popular las transforma e imagina en seres pisciformes adaptados a su nuevo hábitat acuático. Esta visión de la mujer-pez se reforzó por la resonancia de las lamias grecolatinas, mujeres con extremidad serpentina, que atraían a los hombres con su agradable siseo para posteriormente devorarlos.
Cuando, a través del proceso artístico y la visión metafórica de los mitos clásicos, el arte se convierte en vehículo fundamental para la enseñanza eclesiástica, la sirena pisciforme, se convierte en uno de los emblemas iconográficos más evocados para los fines catequizadores de la Iglesia.
Teniendo en cuenta todo ello, se comprende perfectamente como desde el punto de vista histórico-mitológico, la sirena pez clásica, es una desviación de la inicial mujer lechuza o ave, conductora de almas que habitaba a caballo entre dos mundos, el superior o celeste y el inferior o subterráneo. Serà a partir del s.XII cuando se va a producir la definitiva mutación en el imaginario colectivo, tanto formal como simbólicamente.
Metamorfosis de un concepto (I)
En uno de los capiteles que rematan el arco triunfal de la antigua abadía de Sant Pere de Galligans (Girona) s.XI, se encuentra esculpida una figura de paralelismos muy coincidentes, con el relieve mesopotámico antes mencionado.
En él aparece una majestuosa sirena que se yergue poderosa sobre su cola de pez, sus brazos perfilan una "W" mientras sujeta un pez en cada mano. Su cabeza está apoyada sobre una plataforma donde, a modo de tocado, hay un semicírculo de estrellas.
La gran similitud esquemática con la arcaica Lilith sumeria esculpida en el relieve Burney es evidente. Rígidas y en la misma posición frontal, se muestran ambas, esculturales, bellas e inmutables.
Los anillos de Shem, representativos del tránsito hacia la inmortalidad y el Conocimiento, son sustituidos por los peces, habitantes de las aguas profundas, que, simbólicamente, también poseen una fuerte carga psicopompa. La tiara que porta la diosa, símbolo de autoridad suprema, es representada en la sirena con un arco estrellado sobre su cabeza.
Las garras de lechuza de la Lilith se unifican en una cola de pez, mostrando unas pequeñas aletas en la zona donde "la reina de la noche" tiene los espolones. El cortejo de leones y lechuzas que acompañan a Lilith son convertidos en centauros, criaturas ambivalentes que se mueven entre las pasiones salvajes como hace el león y la visión de lo oculto, como las lechuzas.
Tras esta visualización literal de la imagen y gracias a una serie de percepciones vinculadas a la metáfora, su alegoría nos resulta fácilmente entendible. La cola de pez de la sirena, atributo característico de las profundidades marinas, arranca desde la base alzándose verticalmente hasta unir su cabeza con el ámbito estrellado o cielo, ejerciendo de puente de enlace entre el ámbito de las aguas inferiores y el de las superiores, es como un canal que conecta los dos mundos, el oculto con el palpable, el cielo con la tierra.
Asimilable al simbolo de la columna coronada, del emblemata María, que aparece erguida y majestuosa para enfatizar en su firmeza y estabilidad, que la mantiene inalterable en los momentos adversos. Y así se comporta nuestra sirena: "Hanc mare sed fortem sors inimica beta” (Aunque haya tempestad en el mar, ella se mantiene fuerte e inalterable).
Este símbolo mariano, al igual que la escalera de Jacob, son considerados como un conducto entre Dios y los hombres, según algunos Padres de la Iglesia que aplicaban también esta relación a la Santísima Virgen:
"Ésta (la Virgen) es la escalera de Jacob, que tiene doce peldaños, entre los dos lados.. El lado derecho es el desprecio de sí mismo por el amor a Dios, el lado izquierdo es el desprecio del mundo por amor al Reino.. Por estos peldaños suben los ángeles y son elevados los hombres..."(San Bernardo- Sermo ad Beatam Virginem 4).
Siendo la sirena erguida un prototipo de la escalera o enlace por el cual se puede ascender desde nuestro mundo inferior al de la comprensión divina, no hay duda, que en este caso, la sirena de Galligans queda libre de connotaciones tentadoras, siendo a la vez portadora de la sabiduría de ambos mundos.
Teniendo en cuenta que entre ambas tallas hay una diferencia de más de tres mil años de historia, es todo un prodigio que el tiempo no haya conseguido abatir los signos más característicos del mito y que hayan perdurado hasta hoy.
En principio, ya sea por un capricho del destino o por la desleal reproducción exacta del símbolo, esta transmutación bífida y ambivalente se produce de forma gradual y casi desapercibida, instaurándose como una verdad establecida sin, a nivel popular, saber ni plantearse cómo, o, de dónde, había podido ser creada.
Y en esto, los peces psicopompos que acompañan a la sirena tienen mucho que decir, puesto que ellos son los grandes protagonistas de esta mutación.
La posición ascendente que mostraban los peces sujetados por la erguida sirena primordial, se invierten en otras tallas o repeticiones de sirenas, alterándose su dirección y adulterando la fidelidad del símbolo, que quedan, a partir de entonces, tradicionalmente sujetados por la cola.
Posteriormente, sus bocas se van uniendo a las aletas que surgen de la cola de la sirena dando, visualmente, la sensación de ser dos largas prolongaciones. La sirena sigue aún erguida, pero focalmente está en preludio de división.
Un ejemplo artístico de esta mudanza, lo podemos apreciar en las pinturas del artesonado gótico-mudéjar, en Santa María de Llíria (Valencia).
En la primera imagen vemos a una mujer coronada que sujeta a dos grandes peces enfrentados. Aunque ingenua, su percepción nos transmite fortaleza y majestuosidad. No así en la segunda, donde las cabezas de los dos peces han sido totalmente fusionadas moldeando, de esa forma, unas colas que parecen formar parte de la fémina y, que además, ya ha perdido su corona. La imagen resultante es más vulgar y mundana, careciendo de la solemnidad de la primera.
El folklore religioso-popular acabará considerando a esos dos peces que unen sus bocas como las propias extremidades de la sirena y harán resurgir una lectura pecaminosa dirigida hacia la lujuria al percibirse como una apertura de sus piernas para mostrar el sexo, dando especial empuje este efecto al rematarlos, a modo de sujeta-colas, que se desparraman como melenas abiertas.
El simbolismo de la transcendencia del mundo subterráneo hacia la manifestación física retoma una connotación negativa, nace así la sirena de doble cola, emblema de lujuria, pecado y perdición.
Metamorfosis de un concepto (II)
Y sin embargo, paralelamente, en el mundo oriental bizantino se produce también otra gradual y prolongada metamorfosis simbólica, que no perdió sino que potenció el significado positivo de éste esquema.
Los medallones distintivos que llevan los obispos del rito oriental con una imagen de la Virgen llamados Panagia, remontan su origen, a las reliquias que los fieles llevaban colgadas del cuello en el interior de una cruz o un relicario.
Conocidos como enkolpion, palabra griega que significa "en el pecho", constan de dos piezas articuladas que lo permiten abrirse para guardar en su interior la pequeña reliquia que quieres llevar siempre contigo. Su uso abarcó un largo periodo, entre los siglos IV al XIII, siendo de uso muy frecuente entre los peregrinos.
Y es en estas cruces relicario, de origen apotropaico y puramente devocionales, donde hemos encontrado unas representaciones muy tempranas con evidentísimas correspondencias.
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| Croquis de un encolpion encontrado en las excavaciones de Pliska (Bulgaria) s.X-XI, con la figura de Cristo en una parte y la Virgen Platytera en la otra.(5) |
A pesar del desgaste en el encolpion, podemos observar que la imagen de la Virgen comparte unas características muy esquemáticas con la sirena de Sant Pere de Galligans.
Solemne y en la misma posición de brazos, la Virgen está acompañada de los dos peces que parecen colgar verticalmente del lado de ambas manos. Sobre la cabeza y unidos por las colas, hay tres peces enhiestos a modo de puntas de corona que nos recuerda a la tiara de tres niveles que lleva Lilith-Inanna, símbolo que la hace partícipe de los tres ámbitos o planos de existencia.
Por último, en uno de los lados de su faldón, podemos observar que hay tallados unos pliegues con apariencia de cola de pez, que parecen ascender desde la base hasta la mitad del cuerpo, donde unos abultamientos labrados sobresalen en el pectoral de la Virgen.
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Virgenes-sirenas con abultamientos centrales (Cruces pectorales de los s.X-XI ) |
Esos abultamientos remarcados en el pecho de la Virgen aluden a la polimastia, particularidad que tiene su reflejo en la Señora de Éfeso, Diosa Madre, Portadora de Luz, personificación de la fertilidad, imagen rígida e hierática cuya principal característica eran unas hileras con múltiples ubres, que asomaban en su cuerpo, símbolo de fecundidad y de poder sobre la vida.
Sabemos que en tiempos de los primeros cristianos, su culto se hallaba en auge, y que sus estatuillas producidas en copias reiteradas y ofrecidas por los mercaderes, eran muy adquiridas por la multitud que, en peregrinación, visitaban su templo, considerado en aquel tiempo como una de las siete maravillas de la antigüedad.
El apóstol Pablo tuvo que enfrentarse a tal práctica y creencia, dando testimonio de ello en los Hechos, 23, episodio conocido como "el tumulto de los plateros" donde el gentío alababa el nombre de la diosa: "Grande es Artemis de los Efesios!!…hay acaso algún hombre que no sepa que la ciudad de los efesios es guardiana de su templo y de la imagen que descendió del cielo?"
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| Diosa Madre de Éfeso con sus múltiples ubres, dadora de vida y fecundidad. Virgen-sirena con protuberancias similares.(6) |
Posteriormente, ya sea por el desconocimiento de su significado o precisamente para ocultarlo, se irá propiciando en los mismos medios la evolución de la imagen hacia una desaparición paulatina de la cola de la virgen-sirena, para adaptarla, esta vez sí, a un faldón de pliegues correctamente esbozados.
A la vez, su polimastia o hilera de mamas, símbolo de fertilidad en su variante sustentadora, ira desapareciendo para ubicarse en el vientre, expresado a modo de punto central, manteniendo de esa forma el mensaje de Diosa Madre, dadora de vida que gesta en su interior la semilla fecundada.
De esta forma, la idea se cristianiza, pasando a conocerse como la Virgen del Signo o Platytera, nombre que significa "más amplio o más ancho", siendo una clara insinuación a su capacidad para concebir y gestar a Iesus Xhristus (pez), ya que por esa particularidad, Ella es "más amplia que los cielos". No obstante, sigue aún coronada por la triada de peces y flanqueada por los otros dos en vertical.

Paulatinamente, la inscripción con su nombre sustituye a la Tiara, los peces de sus manos adquieren apariencia humana y el punto central toma forma, mostrándose la imagen gestada de su hijo, el Niño Dios.
Todo esto se precipitará hasta llegar a la Virgen del Signo, la que actualmente conocemos, cuya figura ha sintetizado los símbolos arcaicos de las diosas de fecundidad en un medallón-mandorla con la efigie de Niño Cristo a dos manos bendiciendo.
La antigua tiara que coronaba a la diosa de los tres ámbitos, se ha convertido en un nimbo áureo y, los peces que sujetaba en cada mano, en los arcángeles Gabriel y Miguel, figuras que, al igual que lo anillos de Shem o los peces marinos, son personajes psicopompos, o sea, actúan como custodios de las almas en tránsito para guiarlos de una orilla a la otra.

De esta forma, la diosa madre, señora del cielo estrellado, portadora de la luz, reina de las profundidades, se transforma en Virgen María, que aparece como Platytera en el reverso de la cruz, como referente importado de antiguas diosas arcaicas cuyas mitologías se han fundido de tal forma que llegan a ser indistinguibles.
Regeneración de un concepto (I)
Al margen de todo lo anteriormente expuesto y, siendo un hecho que diferentes variantes del símbolo corresponden a una misma intención, retomamos la fascinante sirena de doble cola para seguir el análisis a través de su esquema.
Decíamos que la progresiva unión de los dos peces a las aletas de las sirenas favoreció la imagen de una cola bífida que, dentro de la cosmovisión cristiana, acabó adquiriendo una etiqueta pecaminosa de difícil rectificación.
Por fortuna, algunos de aquellos artistas hicieron gala de su claridad conceptual dejando indicios de otra vía mistérica, que ha pervivido tras apariencias vulgares.
En estas dos tallas, se aprecia como la división de ambos peces y su unión con el torso femenino, está especialmente acentuada, exhibiendo, a modo de cierre de corpiño, un ornamento que recuerda una escalera, evocando ese canal que enlaza el mundo inferior con el superior.
Otro ejemplo positivamente estructural de la sirena bífida, lo encontramos en el propio templo de la sirena erguida de Galligans, donde otra sirena, y otro capitel, nos llena de asombro tanto por la belleza de su composición como por el mensaje hermético que comprende.
En dicho capitel, el arquetipo de la sirena de doble cola aparece armoniosamente representada, seduciendo los ojos que la contemplan.
Pero si la contemplamos con atención, advertimos que esos ovalados ornamentos que se perfilan al inicio de las colas son, en realidad, los ojos de dos peces sujetados por la sirena; las bocas de los cuales convergen, como punto de encuentro, en el lugar del que emerge el torso femenino.
Apoyándonos en esta plasmación iconográfica, accedemos a una visión simbólica de gran magnitud, una enseñanza que trasciende creencias y culturas porque va arraigado en lo más profundo del ser humano, algo que se lleva implícito por naturaleza y que sólo se puede intentar vislumbrar bajo una visión particular del símbolo, la visión alquímica.
De los varios escritos alquímicos a los que hemos podido acceder, uno de ellos plasma, de forma muy apropiada, el tema que considerado. Se trata del “Pequeño tratado sobre la Piedra Filosofal”, en el que, como buen erudito del arte alquímico que fue, Abraham Lambsprink nos indica las características de esos dos peces y lo que emerge de entre ellos:
“…los filósofos dicen comúnmente que hay dos peces en nuestra mar, los dos, en verdad, sin carne ni espinas son cocidos en el agua que les es propia. Entonces saldrá de ellos la gran Mar o gran obra, que ningún hombre puede describir (es decir, el primer embrión de nuestra piedra que llegará a ser azufre perfecto). He aquí lo que por esto entienden los filósofos: Se encuentran dos peces, pero los dos no son sino uno, dos, sin embargo, y, no obstante uno solo.”
También son los componentes del famoso "solve et coagula", la operación necesaria que se repite una y otra vez hasta conseguir la unión de los dos principios de la Obra. En dicho proceso se vela por mantener dentro del "atanor" y, de forma constante, el fuego de la transformación, cuyo calor lento y ascendente hará posible la fusión de estas dos naturalezas en una sola.
A la altura de la cintura es donde las dos cualidades del ser mixto se unen, indicando el lugar concreto, el centro sagrado donde radica la capacidad de generar forma.
Ese punto corresponde al útero, al atanor, al centro, al lugar donde se gesta el milagro de lo inconcebible que, según la exégesis de la cábala cristiana, darà paso al nacimiento del Niño Luminoso o cuerpo perfecto, que llegará a poseer una cualidad pura que le será propia.
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| Atargatis o Astarte siriaca, la diosa pez o sirena virgen con el huevo a mitad de su cuerpo |
Una apreciación que permite ver con más lucidez la hibridez de la sirena: mitad humano, mitad pez, dos sustancias en una, separadas pero juntas, como las dos caras de una moneda, como la personificación del atanor alquímico y como el arquetipo de las grandes diosas de la antigüedad.
Curiosamente y a otro nivel interpretativo, el esquema de la sirena de dos colas coincide también con algunos grabados de las antiguas catacumbas cristianas, donde aparecen ambos peces junto a un áncora, trazo que recuerda enormemente la composición bífida de ellas.
Hay quienes creen ver en ello una relación con algunos textos bíblicos que mencionan este elemento como alegoría de la esperanza:"...los que buscamos un refugio asiéndonos a la esperanza que tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma..." (Hb 6, 18-19).
Así pues, el ancla también está asociada al alma humana y, la esencia de este símbolo, radica en la resistencia de mantener una embarcación en el mar, firme e inalterable, tal como debe mantenerse la sirena ante la tempestad o, bien el alma, ante la fluctuación de los vaivenes de la vida.
Por este mismo hecho también se constituyó como alegoría de la esperanza y la salvación manteniendo un nexo común con la figura de la Santísima Virgen como mediadora, tal y como en la iconología mariana se atestigua.
Esta cohesión de conceptos entre el Alma, la Esperanza y la Virgen se aglutina en una figura virginal, con atributos similares al de la Platytera bizantina, pero cuyo desarrollo iconográfico es más occidental, se trata de la Virgen de la Esperanza o mejor dicho de "la buena esperanza".
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| Virgen de la Esperanza en Blanes (Barcelona) |
Su iconología sigue manteniendo los principales atributos que la identifican como receptáculo de ese conocimiento hermético: sobre su cabeza el signo astral por excelencia, las doce estrellas o cinturón zodiacal que indica esa comunicación constante con el mundo cósmico o aguas superiores. Bajo sus pies, un ancla, señal que apunta al contacto y dominio sobre las aguas profundas, subterráneas, que son fuente y raíz de todo germen de vida.
Todo ello junto a la disposición oferente de sus brazos abiertos, nos remite a las imágenes anteriormente expuestas de la Diosa Madre que abarca toda manifestación subterránea y, como naturaleza hermafrodita, encierra la virtud fermentativa y el espíritu universal del mundo, conocido también como Alma Mundi. Una Virgen encinta que alude al principio de conexión entre el mundo de lo oculto y la manifestación visible.
Ella es la heredera legítima de la mujer del Apocalípsis 12, en cuya visión Juan la describe vestida de sol, con la luna a los pies, coronada por doce estrellas y en disposición de alumbrar.
VIRGO PARITURA
La Mujer Virgen que en la angustia de dar a luz protagoniza la escena más misteriosa y comentada del Apocalipsis, la Virgo Paritura, el principio femenino que es fecundo por sí mismo, el secreto más fuerte y misterioso que la razón nunca podrá descubrir. (7)
Es la fuerza universal innata y eterna, que estalla y evoluciona con clara comprensión y aceptación de su cambio, el Alma Mundi arcaica y gestante. Su imagen es un signo inequívoco del más auténtico origen de la vida, el principio femenino con la semilla latente en su interior, la madre cósmica y nutriente desde donde brota la vida gracias a su propio impulso creador.
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Un resumen que recopila lo expuesto hasta ahora nos lo aporta esta excepcional figura del Palacio Comunal de Pola (Croacia): erguida sobre su acuosa cola, fundamenta una columna perfecta que concluye en la corona de tres picas que ciñe su cabeza. Los dos peces, fusionados, se testimonian perfectamente en las aletas y colas de sus cuerpos que, confluyen, en el punto donde se manifiesta un abombamiento gestante.
En esta imagen de forma muy explícita se condensa todo el itinerario de lo anteriormente expuesto y, como un objetivo visual, cumple su cometido. La sirena como paradigma del cuerpo mixto se muestra como símbolo de esa escalera que une la zona abismal con la superior, a la vez se revela como el único recipiente apropiado para abarcar y contener a las dos fuerzas antagónicas que, unificadas, precipitará el estado de “buena esperanza”, el embrión del Niño Luminoso o Piedra Filosofal, por medio del cual, conoceremos la ciencia de la regeneración física y completa del hombre.
Regeneración de un concepto (II)
Tanto Solve como Coagula son operaciones que van de la mano de esa "sirena", de esa cualidad mixta que actúa de conexión entre las dos naturalezas hermanas. "Solve y coagula" no es más, en esencia, que la misma operación. Un flujo de eterna y continua mezcla y separación entre las dos naturalezas, la sutil y la material.
Por esto las dos operaciones son representadas iguales, en equilibrio, en ambos extremos de los brazos de la simbólica balanza. La manifestación exterior-visible y la interior-subterránea.
De esta forma, la diosa madre, señora del cielo estrellado, portadora de la luz, reina de las profundidades, se transforma en la madre de Dios, referente importado y mutado de dos aspectos universalmente inseparables: luz-oscuridad; mundo-submundo; nacimiento-muerte; principio y fin.
Salud y Románico
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(1) (Kramer y Wolkstein) "Innana: Reina del Cielo y la Tierra./
(2) (Joseph Campbell). "El descenso de Inanna"
(3) (Graves y Patai) "Los mitos hebreos" ./
(3) (Graves y Patai) "Los mitos hebreos" ./
(4) Ovidio "Las Metamorfosis canto V- 555"
(5) Pliska,100 años de excavaciones arqueológicas (Rasho Rashev, Yanko)
(6) Omni Numismática/ en especial a Findus, Pondus y Tesalia, custodios del enkolpión.
(7) (Xabier Pikaza). Apocalipsis.



























10 comentarios:
Excelente trabajo sobre las sirenas, el más completo que he leído.
......p pater, A genitus, duplex est spíritus almus......
Magnífico trabajo que redondea el ya estupendo anterior. Seguir investigando , digan lo que digan es seguir avanzando y eso es un valor inmenso y una suerte para nosotros. Lectura pausada, relectura para ahondar en esos pequeños detalles que no se nos deben escapar... Y no lo dudéis que el emblema de la Syrenita arrastra una cohorte de seguidores , pese a quien le pese. Y por muchos años. Gracias por vuestra dedicación y generosidad al compartirlo.
Gracias por vuestro magnifico artículo. he aprendido un montón.
Magnífico trabajo!!!
Increíble que sagacidad, estáis al quite en todo, no dais puntada sin hilo.
Fantástica la forma en que presentáis la evolución de los tipos iconográficos y como mantienen ese simbolismo de conexión de lo terrenal-marítimo con lo celeste. Es fascinante ver como se mantiene el gesto de conexión con lo divino en el gesto de los brazos en v en los sacerdotes en la oración-imploración.
Salud y románico, una cuadrilla siempre en efervescencia, en ebullición y dando el punto de cocción adecuado al menú. Enhorabuena.
Muchas gracias.
Hacia mucho tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un trabajo tan elaborado y documentado. Me habéis llevado a los orígenes de la mente trascendente humana en un recorrido fascinante.
De nuevo, muchas gracias.
Muchísimas gracias por el estudio tan interesante que has realizado. Me fascina la mitología y el lenguaje visual simbólico y, por supuesto, el románico.
Un saludo,
Victoria
Nos alegramos mucho de teneros por aquí, Victoria, Rafael, Mikel, Juan Carlos, Rosi...y algún que otro desconocido, nos animan mucho vuestras palabras. Muchas gracias por vuestra lectura y por vuestro tiempo. Un buen abrazo a todos!
Hola, me ha gustado muchísimo el trabajo y las interpretaciones iconográficas. Nunca había percibido la sucesión iconográfica que el artículo plantea. Muy bueno.
A mi mente vino, siguiendo la forma del símbolo, dos elementos que quizás, en algún momento se relacionen: la Reime Pedauque y el festina lente de: "El sueño de Poliphilo" y Aldo Manuzzio
Muchas gracias, comentarios como el tuyo nos alegran y animan a continuar. Interesante lo que nos planteas, tendremos que repasar el sueño de Poliphilo. Un abrazo!
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