10 mayo 2010

Los amantes de Fuentidueña (I)

Abrazos y besos, repican a... "eso".
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En el alero exterior de la nave meridional del templo segoviano de San Miguel de Fuentidueña, se encuentra, quizá, el canecillo más fotografiado y antonomásico del románico erótico español. En él, una pareja realiza el coito en una expresión que se aleja de la temática pecaminosa para mostrarse con un significado casi regocijante.

Ajenos a una maraña de personajes y rostros monstruosos, estos amantes parecen trascender al mensaje de la dualidad hombre-mal donde ciertas actitudes subrayan su debilidad moral, para centrarse en un significado catequético aún más concreto sobre el rito de la fertilidad festiva.

Amparado por el contexto del marco iconoclástico en que se sitúa, destaca el vecino canecillo de una cabeza masculina de torso desnudo y noble apariencia de madurez, el cual se adorna con un casquete de cérvida cornamenta. En el otro extremo, otro busto, el de una ataviada mujer, mira de forma serena y condescendiente.

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¿Serán ellos los que se encuentran a medio camino para participar del acto más profano y sagrado a la vez?
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En la costa suroeste de Inglaterra, en el condado de Dorset, se alza el tesoro románico del templo de San Nicolás de Studland.
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Construido originariamente por artistas sajones, su estado actual es obra de la intervención normanda realizada en el siglo XII, cuya impronta de conquista se limita al reforzamiento de la estructura con contrafuertes en la torre con fin de insertar algunos bloques de sillería y reforzar la parte superior, la cual adornaron con canecillos animalísticos y algunas cabezas humanas distorsionadas y monstruosas, denotando una finalidad propagandística de reescribir la historia con el propio molde de esta minoría invasora.
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Pues bien, bajo el alero del voladizo de este templo de San Nicolás de Studlan, y también en el muro exterior de la nave sur, una pareja de amantes se abrazan en plena cópula ajenos a las grandes boqueadas de su canecillo vecino de rostro bifronte.
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Aún sin ignorar el tratamiento diverso que el escultor normando otorga a la manera de asirse, no nos pasa inadvertido su tratamiento regocijante y carente de exhibicionismo que relaciona posición y temática de este canecillo británico con el segoviano de San Miguel de Fuentidueña como ningún otro de cuantos puedan encontrarse en todo el elenco del vasto y rico repertorio erótico del románico español, debiendo ser entendida las restantes diferencias como simple inspiración del artista para dar cabida a la representación del sagus o cucullus mesetario como vestimenta rural adecuada al tiempo y lugar de su ejecución.

Pero de lo que no cabe duda es que, del estudio de ambos canecillos, puede extraerse la convicción de la existencia de una traslación de modelos iconográficos desde costas británicas hasta nuestro románico castellano.
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Salud y románico

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9 comentarios:

RIVIERE dijo...

Glups...atacan de nuevo...Muy buena observación,afinada como siempre.
Enseñad,que cuando el hombre enseña,aprende.(Séneca dixit,o su porquero...).
Un abrazo.

juancar347 dijo...

Interesante reflexión, aunque tengo mis dudas con respecto a que este canecillo picarón de Fuentidueña sea el más fotografiado y antonomásico del románico español. Ahí tienes, por ejemplo, los dos canecillos eróticos del ábside de la iglesia de Castillejo de Robledo, que es lo primero que van buscando los visitantes. O ese otro canecillo, en forma de 'H', de la iglesia de San Bartolomé, que muchos fotografían sin saber en principio lo que están fotografiando...Pero es una interesante reflexión sobre un modelo llegado allende los mares, que desde luego, nos ilustra y nos da pistas de otras influencias y de cómo, en el fondo, el tema sexual no deja de ser un concepto universal con los mismos elementos paradigmáticos añadidos. Un abrazo

pallaferro dijo...

El orden y emplazamiento de los canecillos, como mínimo en los de Fuentidueña, es bastante probable que responda a una razón. Tal vez. Hubo quien apuntaba que, tal vez, el dotado personaje masculino era un gran maestro del románico. Poco probable, pero tal vez...

Aunque puestos a elucubrar, tal vez me inclino por otra opción: se trata del campanero que, entre el toque de las matinas y el repicar del ángelus, se encarga de complacer a su amada en una unión tan potente que ha quedado eternizada hasta nuestros días.

Impresionante, no?

Baruk dijo...

Un buen sentido común nos aporta una vida feliz y completa, y por lo que parece este par de dos estaban gozando de la vida completamente.

Posiblemente su sentido común seria mucho más saludable que aquellos que han preferido como estatua póstuma mostrarse ensartando la espada en el cuerpo de otro o montados sobre un caballo batallador. Retratos a los que aún hoy en dia se les llama sin ningún pudor "honorificos" ...en fin, seran cosas del sentido común.


"Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor...aunque la violencia se practica a plena luz del día" (John Lennon)


Haz el amor y no la guerra, si es que hasta las piedras lo proclaman!!

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Alkaest dijo...

Si vuestras pretensiones son "tirarme de la lengua", quebrantando así mi cartujano voto de silencio, respecto a este lujurioso tema, habéis "herrado" el tiro...

Solo diré que los Magister y sus talleres, eran itinerantes, iban recorriendo toda Europa -e incluso llegaron a Palestina durante las cruzadas-, levantando edificios y aprendiendo de los que encontraban.
Unos Magister que eran "muy bien mandaos", que hacían su arte "por encargo"...

Y como dicen que decía el cínico Diógenes, cuando lo censuraban por "ayuntarse" en público con las hembras de su especie:

"No es razón que a ver un hombre
morir se junten tantos
y el ver fabricar a otro les asombre
para que hagan espantos".

Salud y fraternidad.

Jaume dijo...

No puede ser de otra forma, la unión de las dos naturalezas ha de ser completa, y gráficamente así se debe expresar.

Un abrazo

Pilar Moreno Wallace dijo...

Interesantísimo como siempre, me descubre temas que no he sabido. Es increible todo lo que se encuentra trabajado en la piedra ... De ahora en adelante buscaré más allá de los altares e imágenes de las iglesias...
Abrazos.

Casía dijo...

¿y la iglesia los dejó ahí? raro raro raro

Alkaest dijo...

¡La Iglesia, sí, la Iglesia!
Como dijo aquel: "Si no eres parte de la solución, es que eres parte del problema".

A buen entendedor, pocos canecillos bastan...

Salud y fraternidad.

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