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01 mayo 2012

GEMINIS, GEMINIS.

geminis

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“Avanzada la noche, Leda, hija del rey de Etolia, dormía como una reina muerta. Súbitamente, unas batientes alas vinieron a verter sobre ella perfume de ambrosia. Despertó sobresaltada, y vio bajo su lecho un cisne resplandeciente. El blanco plumaje del pájaro brillaba como el alba, y el largo cuello acariciaba su rostro.


-MUJER -le dijo el cisne-, NO TEMAS. Soy el dios de la luz y quiero que seas la ilustre madre de dos hijos iguales. Vivirán como viven el sol y la luna, cediéndose mutuamente el sitio. Se llamarán Cástor y Pólux, vendrán a ser dioses y su benevolencia endulzará la pena de la muerte.

Nueve meses después, Leda puso un huevo milagroso en la espesura de un bosque. De él salieron dos niños enteramente iguales. Desde su nacimiento, la misma estrella brilló sobre sus cabezas, y más tarde cabalgaron ambos sobre el mismo corcel y sus manos blandieron la misma lanza”.(1)


Los Dióscuros. S.I aC.
 
Dentro de las diversas variaciones que relatan el nacimiento mítico de los celebres gemelos, esta breve sinopsis podría servir para condensar el punto de partida de un arquetipo, cuya artística representación, se ha ido repitiendo a lo largo de los siglos: la que insiste en la controvertida estructura dual del hombre.

La evocación de esta aferrada idea, nos ha llegado desde sus orígenes bajo la apariencia figurativa de dos seres iguales, los dióscuros, cuya ambivalente imagen condensa perfectamente el paradójico concepto de la "igualdad diferente" de lo mismo. Ellos dieron lugar a la constelación de Géminis y, con ello, al signo zodiacal del mismo nombre.
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Dióscuros s. II aC.                   Géminis s.XII


A pesar de que hoy en día, el auge popular de esa imagen resida en el horóscopo y su vaticinio, hubo tiempos en que su aparición era producto de un saber y un desear, la necesidad de indicar la existencia de un elevado conocimiento ideológico.

La imagen de dos jóvenes muchachos, exactamente iguales y de semblante cordial, fue adoptada como insignia del mito y de su concepto. Siempre juntos, podían figurarlos sentados o de pie, separados o bien en emblemática y fraternal unión.

 



GEMINIS S. XII

Esta última actitud, con los hermanos agarrados entre sí, nos puede, rápidamente, evocar la típica pose que hacen suya los participantes del tradicional deporte de la lucha de agarre, juego que, en la edad media, era altamente practicado y muy aplaudido en fiestas y conmemoraciones populares.
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Foto: Ray
 
Quizás por ello, a muchos de los géminis románicos de nuestros templos, se les ha negado una calificación que les es propia, asimilando su posición a la de los tradicionales luchadores, tomándolos por ellos y obviando su existencia.



En los festivales de la Antigua Grecia,
la lucha estaba reconocida como un deporte mayor, y
como una excelente forma para desarrollar las destrezas físicas y mentales

Teniendo en cuenta que los Dióscuros presidían los Juegos espartanos y eran famosos tanto por su habilidad con los caballos como por su destreza en la lucha cuerpo a cuerpo, es inherente pensar que su estereotipo, se hubiera perpetuado en el medievo a través de nuestros géminis, haciendo su imagen presencia, en celebraciones y Juego, tal como les correspondía antaño.

Y qué mejor forma de honorar ese recuerdo que hacer patente, con esa postura corporal, la condición que presiden?




Aunque, por lo que se muestra en la cantidad de mitos donde los gemelos participan, no tan sólo eranaapreciados como campeones, sino como COMPAÑEROS.

La relación de los dos hermanos era ejemplar. Siempre juntos y unidos, es el símbolo del más puro y profundo amor fraternal.

La carga conceptual del mito se extiende por asimilación a las diferentes percepciones de su uso, y, si en el folclórico mundo del torneo, la esencia de géminis-dióscuros apadrinaba la lucha festiva, también dicha esencia apadrinaba, en el reservado mundo de los masones, la hermandad entre compañeros.




Una postura corporal, similar a la anteriormente descrita, también la encontramos en el románico, expresada como liturgia iniciática de los gremios de los constructores. Prueba de ello, nos lo ha dejado patente, el ingenio de los mismos canteros.



El combate simbólico del aspirante y el fraternal abrazo de su ingreso en la cofradía, forman parte de un ritual que, con pequeñas variaciones, aparece perfectamente testimoniado en algunos de los libros que hablan sobre dichos estatutos medievales (2)(3).

Transcribimos a continuación alguno de esos ejemplos:

*“El iniciado es elevado hacia lo que se conoce como los cinco puntos de comunión... que son pie contra pie, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho, mejilla contra mejilla y mano en la espalda, cinco puntos que aluden a los cinco principales signos que son la cabeza, el pie, el torso, la mano y el corazón, así como a los cinco puntos de la arquitectura y a los cinco órdenes de la Masonería.”

*“¿Cuántos puntos propios hay? –Cinco: pie contra pie, rodilla contra rodilla, mano contra mano, corazón contra corazón y oreja contra oreja.”

“Los cinco puntos de comunión se establecen colocando la parte anterior del pie derecho en la interior del pie del Señor, la parte interior de tu rodilla en la parte interior de la de él, poniendo tu pecho junto al de él, la mano izquierda en la espalda del otro”



Los cinco puntos de comunión:
pie contra pie, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho,
 mejilla contra mejilla y mano en la espalda

La descripción, en dichos textos, de los ceremoniales masónicos son demasiado coincidentes con algunos relieves románicos para no establecer una relación entre ellos, su sincronía es demasiado evidente para obviar que "hablan" un mismo lenguaje:



Según dichos textos, uno de los primeros actos que el aspirante debe
realizar en su ceremonia de iniciación, es descalzarse de un pie.
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...pie contra pie, rodilla contra rodilla,
mano contra mano, oreja contra oreja...
 
Así que, ya sea entre los integrantes de reducidas agrupaciones gremiales como en la de los miembros de la alta jerarquía, el "abrazo-géminis" es una declaración manifiesta donde se profesa fraternidad y ayuda mútua. El símbolo de un compromiso entre iguales. 


Abrazo entre los Augustos. s.III
Diocleciano nombró a Maximiliano coemperador en 285,
otorgándole el título de Augusto de Occidente
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Así vemos que, de una forma u otra, la influencia del mito de los gemelos estaba siempre presente en la vida de los gremios medievales, corporaciones que, por otro lado, solían honrar con fiestas solemnes a quienes ellos consideraban sus protectores.

Pero también la advocación a los héroes paganos Cástor y Polúx fue reconvertida por la pauta ideológica de la época y el momento. Así, la logia de los constructores buscaron otro par de simbólicos "gemelos" a quienes trasladar el padrinazgo: "los dos Juanes", a quienes los masones llamaban San Juan de Verano y San Juan de Invierno y que, cuyas fiestas, coincidían con los dos solsticios. Tal vez para cumplir así el cometido pronosticado en el mito para los gemelos zodiacales que,"vivirían como el sol y la luna, cediéndose mutuamente el sitio".



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Dedicado a los preciados herederos del
Imperio de Románico Catalán, Agnès y Martí,
nuestros "sobrinitos románicos":
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Salud y románico





(1) “La leyenda dorada de los dioses" (MarioMeunier)
(3) "La puerta-Muerte y Resurrección" Arola Edición

14 marzo 2012

EL ESPINARIO: Te la sacas o te la saco?

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Frente al fruto, símbolo de cosecha y satisfacción de la vida, la espina es la representación del obstáculo, la dificultad y el dolor.

En las tradiciones antiguas, semíticas sobretodo, la espina evoca la tierra salvaje no cultivada. Alusiones hacia su perjudicial presencia las encontramos a menudo en las Sagradas Escrituras:


"... de la tierra brotará para ti maleza y espinas… “(Gn. 3,17),
“…pero la tierra que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida…” (Hebreos 6,8)

Como alegoría del hombre que se aparta del camino de la fe, sus pasos estarán malditos por recorrer un terreno lleno de "espinas", porque así como la vida es comparada con un camino, del mismo modo los pies, en sentido figurado, son la herramienta necesaria para efectuar el recorrido.

“…En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos.” (Sal.73,2)

Para Gregorio Magno, el resbalón de los pasos, el tropiezo o la espina clavada serán referidos a la conducta moral-religiosa donde cada pecado sería una espina.

Y si el pie desnudo, es símbolo de libertad de cualquier contingencia temporal, la espina clavada es la pasión que hay que extraer.

El arte románico adopta y va a utilizar este simbolismo, y es ahí donde nos encontramos con uno de los modelos iconográficos que goza de más simpatía popular: el espinario.



Espinario erótico en Vízcainos (Burgos)




Se trata de una representación bien conocida por todos, la de un personaje sentado, que se encuentra ocupado en la extracción de una espina de su pie.

Algo tan natural y simple como eso va a convertirse en la época románica en la encarnación masculina de la lujuria, ya que según la visión eclesiástica del momento, al tener que mantener la pierna levantada, esa posición en concreto favorecía la exhibición de los atributos sexuales, algo que, sometidos a una fuerte represión carnal, los frailes consideraban una provocación y tentación sexual.

Tanto es así que, en una de las más antiguas reglas monásticas, ya se establecieron algunas normas concretas para reducir la posibilidad que se produzca tal eventualidad:

"Nadie tenga por su cuenta una pequeña pinza para arrancar las espinas del pie, cuando por casualidad las haya pisado, excepto el prior de la casa y el segundo. Ésta estará colgada de la ventana donde se cuelgan los códices" (Precepto 82 de la Regla monástica de Pacomio). (1)

Pero sea como fuese, ese es un incidente que todos hemos experimentado en carne propia alguna vez: la crispación de ver cómo algo tan pequeño puede producirnos semejante tormento, por lo que la representación de este suceso tan familiar y cotidiano no nació con el románico, sino que es algo que nos viene de lejos y del que ya existían arcaicas representaciones:


Berga (Barcelona). Reproducción de la celebre obra helenística del s.I.
La tradición romana lo asocia al pastor Marcio que llevó un importante mensaje al Senado romano y hasta que no cumplió su tarea no se detuvo a quitarse una espina del pie. 
Foto: Pallaferro
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Pan quitándo una espina a un rústico. Louvre s. IaC-II dC 
De este grupo existen varias copias de época romana
Foto: Anarkasis
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Así como la extracción por cuenta propia de la espina acabó siendo considerada como un emblema de la lujuria masculina y de la homosexualidad, curiosamente, el otro modelo clásico del espinario, donde la extracción de la espina es cosa de dos, desencadenó un proceso diferente y acabó transformándose en una visión de carácter cristiano-moralizante, no condenatorio, que se asoció a la idea de servicio y humildad.
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En ésta representación, para extraer lo que le atormenta, el "espinado" debe confiar la labor al otro.
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El espinario así percibido, originará una serie de perspectivas que acaban trascendiendo hacia un aspecto redentor.



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La autosuficiencia, entendida como orgullo, deja paso a la humildad y aceptación de ayuda, siendo, por otro lado, un servicio de desinteresado altruismo aliviar al lastimado.

Así pues, el rito de arrancar una espina para librar a alguien del dolor se vincula al plano purificador-liberador que, por asociación de ideas, se transfiere al lavatorio de pies donde se potenciará el papel catalizador de Cristo y de su iglesia como instrumento necesario para la regeneración.
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En el medievo, igual que ahora, la posición de un hombre en la sociedad era el reflejo de su control e influencia sobre otros. El servicio y la humildad eran asociados a las tareas de esclavos, por lo que mostrar estas cualidades era una debilidad. Aceptar la visión del Maestro, realizando la operación de lavar los pies a sus discipulos, pone en duda ese sistema de valores. 

El lavatorio es un rito, una liturgia donde el ejemplo de igualdad prevalece y donde, equiparado con el espinario, se acentúa la contraposición de las ideas de éxtasis y angustia, placer y dolor.

Aquí, no es la dolorosa extracción de una "espina" lo que se intenta sacar, sino limpiar, con gozo, el "polvo del camino".



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Reflexión:

Si antiguamente la figura del espinario levantaba recelosos pensamientos de culpa, hoy, llegando a valorar factores propios e internos, a través de la propia vivencia del dolor causado por una espina clavada en el pie, podemos relacionar esa experiencia con el sufrimiento del alma causado por heridas como las penas, la culpa, la amargura o el duelo.

Pero, a su vez, el mensaje alegórico de arrancarse la espina infiere al hombre una vía de auto-sanación: debe pararse, sentarse y concentrarse para, con mano firme, extraerla del lugar donde le produce dolor.

Es la contrición, que le permite lograr, por sí sólo y sin intermediario, arrancar la espina de su culpa para volver, regenerado, a retomar la senda. Pero eso sí, siempre manteniendo esa prudente posición para no dejar el culo al descubierto.
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Salud y románico

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01 enero 2012

Los enigmáticos capiteles de Teza de Losa

Reconfiguración del bestiario románico (II)

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No cabe duda que las merindades burgalesas atesoran unos exponentes del románico de incomparable simbolismo y belleza en multitud de capiteles, tímpanos, canecillos o arquivoltas. Templos de grandes tallas alzan la voz en numerosas guías del románico burgalés con el afán de atraer al gran público.

Sin embargo, en las merindades también hay, además, un románico escondido, tímido, que nos enmudece al contemplarlo y que nos fascina con su genuino simbolismo cosmogónico.

Así, en plenas merindades, la parroquia de San Nicolás se alza modestamente en la localidad de Teza de Losa. La iglesia, construída a finales del siglo XIII, ha sufrido numerosas reformas quedando, en la actualidad, con un austero aspecto exterior y, sin embargo, tras la satisfacción de franquear la puerta del cerrado atrio, se accede a la portada principal formada por dos arquivoltas apuntadas y dos singulares capiteles, objetivo principal de nuestra visita a esta parroquia.





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Los enigmáticos capiteles de Teza de Losa:
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Después de perseguirlos durante más de dos años, tenemos la satisfacción de poder dedicar a nuestra colegas románicos las imágenes de unos peculiares capiteles, que prácticamente han permanecido "virtualmente ocultos" hasta el momento, cuya consecución fotográfica fue para nosotros toda una hazaña épica, y nunca mejor dicho.
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En el capitel izquierdo se haya tallada la imagen de una mujer desnuda cuya cabeza esta cubierta con toca medieval. Se mantiene hieráticamente erguida mientras dos enormes serpientes que se nutren de sus senos rodean su cuerpo a modo de abrigo. La mujer sitúa sus manos sobre el vientre y con su derecha señala una peculiarísima espiral perfectamente trazada que parece tener su núcleo en el ombligo. Dos simétricos pájaros permanecen estáticos sobre cada una de las serpientes.
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En el capitel derecho aparece una figura en clara posición paritoria. Su cabeza esta mutilada por una cruz labrada en su lugar, puesto que actualmente este capitel es utilizado de pila benditera. A pesar de ello, podemos deducir que de su boca surgen, hacia ambos lados del capitel, unos cabos ornamentales de forma entrelazada. En este caso, el personaje sitúa su mano izquierda sobre su pecho mientras que su brazo izquierdo lo dispone, de manera natural, hacia abajo.










Para la correcta interpretación de estas imágenes contamos con la valiosa opinión de nuestro erudito y apreciado amigo ALKAEST, cuyo conocimiento sobre el simbolismo de la Magna Mater es inigualable y cuya interpretación, que compartimos, reproducimos a continuación:

"Algo que nadie se ha preocupado de hacer, es diferenciar claramente entre el símbolo de la mujer castigada por la lujuria: atormentada por bichos que le muerden "las partes placenteras", y el símbolo de la "mater nutricia": la que amamanta a diversos bichos pero sin sufrimiento alguno.

En este último caso, se trata de la evolución de un tema de la Antigua Religión, el "Tellus" o "Terra Mater", según la representación que se hacía del mismo: una mujer joven, semidesnuda, que amamantaba diversos animales, como toros, leones, corderos, o serpientes. La mitología judeo-cristiana, inicialmente, continuó representando ideas de la Antigua Religión que se había apropiado y personificaban fuerzas de la Naturaleza, como acompañamiento de sus figuras sagradas, así entre los marfiles y pinturas carolingios y otonianos, vemos que el Cristo está acompañado por genios de las aguas, el Sol y la Luna, e incluso la Diosa Madre Tierra en el acto de amamantar a sus criaturas, entre ellas una serpiente.

La veneración a la Diosa, estaba tan implantada en la devoción popular que, hasta no ser sustituida por la veneración a la Virgen, se continuó manifestando, siquiera sea de forma solapada, en estas imágenes de la "Terra Mater". Una mujer que alimenta con su leche a las criaturas de la naturaleza, con el rostro sereno, sin sufrimiento alguno. Al contrario que aquellas otras mujeres, pecadoras, atormentadas por animalejos, con rostro sufriente.

Las teorías del pecado, y de toda la imaginería sexual como pecado, nacidas del Concilio de Trento, y de la mente de los integristas judeo-cristianos, ha metido en el mismo saco a la "mujer pecadora" y a la "Terra Mater", y los lacayos académicos, al servicio de la secta judeo-cristiana han cargado gustosos con ese saco sobre sus espaldas. Y no se han privado de esparcir, entre los fieles simples, el veneno que contiene dicho saco.

El capitel que nos ocupa (o los dos capiteles) creo que están claramente en la línea de la "Terra Mater", alejada de todo pecado, con los seres de la Naturaleza alimentándose de su fuerza nutricia. El otro capitel no está muy claro, porque al haberle destrozado el rostro, con esa fea cruz judeo-cristiana, no se distingue si es hombre o mujer, y la aparente mutilación de su sexo tampoco ayuda. Se ve claramente que brotan unos tallos vegetales de su boca, lo que parece indicar que se trata de un "hombre verde", pues resulta muy raro encontrar "mujeres verdes", que podría representar el compañero masculino de la Madre Tierra. Si se tratase de una mujer, representaría la fertilidad de la Tierra, por los vegetales que produce, y por la postura que en apariencia semeja la del parto.

Si lo que la "Terra Mater" de las serpientes sostiene entre sus manos es una espiral, indicaría la evolución cíclica de la Naturaleza, que avanza y se repite en las estaciones. Si en vez de espiral, se trata de círculos concéntricos, podría invocar el disco solar, mediante cuya energía la fertilidad de la Tierra se desarrolla.

En fin, el "hombre verde" sería el complemento necesario, para generar la vida. De la conjunción de lo celeste -masculino- y lo terrestre -femenino- surge la vida, en todos los sentidos. Aunque esa dualidad es tan solo simbólica, porque ambos principios son únicamente diferentes facetas del Principio único, que no es ni masculino ni femenino".








Magna Mater


Desde la infinitud de su omnipotencia y anterior a cualquier otro tiempo, la divinidad imprime sus huellas tanto en el cosmos como en el corazón humano. Independientemente de que el hombre las vea o no, esas huellas producen en la persona una incesante inquietud teologica. Ante la incapacidad humana de llegar al conocimiento claro y perfecto de la deidad se promueven, en este sentido, gran diversidad de credos.


Uno de ellos, innato en el origen más profundo del hombre, radica en considerar la acción de la superficie terrestre sobre sus pobladores como una teofanía telúrica, es decir, una teofanía vinculada a los fenómenos naturales de fertilidad agraria, que encierra en sus entrañas el misterio vegetal del cultivo de los campos, del hombre, de los animales y de todas las cosas que vienen de la tierra y a ella retornan.

La religiosidad telúrica llegó de algún modo a lo divino a través de esta eclosión misteriosa y maravillosa de la naturaleza.

Siendo así, el hombre veneró el seno fecundo de la Telus (Tierra-Telus), "madre de todas las cosas" (Homero), pero sobre todo se extasió ante el maravilloso e inesperado alumbramiento -anual y puntualmente repetido-, de la naturaleza en primavera.
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Entre todos sus epítetos resalta, por su continuidad y extensión, el de Magna que dio origen a "la Gran Madre" (Magna Mater), significativa de la Tierra madre en cualquiera de sus múltiples teofanías.

La vegetación fue personificada y deificada representándola primeramente en forma de animal, sobre todo de la llamada «hija de la tierra» por los autores greco-latinos: la serpiente, animal telúrico por antonomasia, pues inverna aletargada como muerta en las entrañas de la tierra, para después “mudar de piel o revivir” en primavera, salir de la tierra y arrastrarse sobre ella.

Como epifanía de la suprema deidad terrestre, la serpiente concentra y refleja parte de las virtudes de la Telus, entre las que se encuentran aspectos fundamentales de la vida humana: su origen (fecundidad), su cuidado y preservación (salud), prevención de su desarrollo (vaticinio) y subsistencia de ultratumba (alma), donde la serpiente es soporte de lo superviviente del hombre tras la muerte. De ahí los abundantes relieves funerarios en los que el alma aparece encarnada en la serpiente o, al menos, simbolizada por ella en actitud de beber el líquido puesto en un recipiente.



Tan acertado y desacertado resulta el nombre de "dios" como el de "diosa". No obstante este último suena a blasfemia a, nosotros, los hombres enraizados en el mundo indo-europeo-semita. Sin embargo, los miembros de la religiosidad telúrica y los de la mistérica se prosternaron ante una divinidad suprema concebida como mujer e invocada con nombre femenino: Cibeles, Isis, etc.

Y como prueba de esa resonancia tenemos los capiteles de Teza, en los que nos hallamos ante la diosa maternal, diosa suprema, motivadora e impulsora del proceso de vida, cuya función básica es la fertilidad agraria y la fecundidad humana.
 


Salud y románico

Bibliografía:

* "La serpiente epifanía y encarnación de la suprema divinidad telúrico mistérica". Manuel Guerra Gómez

14 noviembre 2011

Santa Catalina de Ciriza (Azcona-Arizaleta): SANSO, leyenda de piedra.


.Santa Catalina de Alejandría. Románico Valle de Yerri. Navarra
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El templo de Santa Catalina de Alejandría, situado en el valle de Yerri, es un magnífico exponente del románico rural navarro. 

Levantado en los albores del s.XIII, la que nos parece hoy una preciosa ermita en un despoblado, fue, en su día, la iglesia parroquial del desaparecido poblado de Ciriza, habitado casi en su totalidad por hidalgos. Santa Catalina -hoy facero entre Arizaleta y Azcona- se levanta sobre uno de los yacimientos utilizados para la construcción de los templos y edificios románicos de Estella y del propio monasterio de Irache.

Su estructura, sobria y discreta, testifica la influencia de las construcciones monásticas del Cister. L
o más notable a primera vista es la imaginería que lo adorna, en especial los interesantes modillones que engalanan su cornisa.





Uno de estos canecillos -el que más estupor nos produjo al contemplarlo-, va a ser el protagonista de nuestro artículo:

Se trata del busto de un hombre de semblante desenfadado y acusada calvicie que, tensándose con el índice el párpado inferior hacia abajo, nos muestra la señal arquetípica del ojo avizor.



Ensalzado por amplias hojas vegetales sostiene en su brazo izquierdo una piedra de forma redondeada donde, con grandes letras, hay una escritura que parece identificarlo como SANSO.

Ilustres catedráticos y especialistas en el Arte Románico creen ver en dicha inscripción la referencia, en latín, de Sansón. Ello, unido al pasaje del Libro de Los Jueces (14,4-5) que narra su pasión tras ser capturado por los filisteos, les lleva a deducir que dicho canecillo representaría a Sansón ciego sometido al tormento de hacer girar una rueda de molino y que su gesto alude, precisamente, a la falta de visión. (Gerardo Boto Varela, Margarita Ruiz Maldonado, Pradalier, etc)
Otros, al igual que el cartel informativo colocado frente a la iglesia, estiman que podría representar a uno de los escultores responsables del templo que quiso inmortalizarse en piedra llegando, en su afán de notoriedad, a dejar su nombre propio, que han entendido como “Sanso García”.


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Lo cierto es que, al encontrarnos frente al personaje en cuestión y observar su ademán, incitó nuestra curiosidad, pues dicho gesto habla por sí mismo. Con seguridad es sobreentendido por todos y lo hemos visto o realizado en más de una ocasión.

Esta seña comprende toda una serie de atributos adquiridos: perspicacia, viveza, astucia, atención, vigilar, mirar… cualquiera de estos adjetivos servirían para calificarlo.

Ello, junto a esa peculiar grafía inscrita en el canecillo cuyas interpretaciones anteriores no nos acababan de convencer, nos animó a intentar aproximarnos hacía una nueva línea de interpretación que nuestros aventajados predecesores, quizá, habían pasado por alto.


Mucho tiempo estuvimos observando a Sanso que nos incitaba, con su convincente gesto, a que nos fijáramos en esa piedra esférica que sujetaba. Si la imagen nos hablaba bien claro, no lo hacía así su letra, al menos en un primer análisis.

No parece haber dudas ante la lectura de la primera palabra, SANSO, pues sus caracteres están perfectamente definidos distinguiéndolos sin problemas, pero en el segundo renglón, la cosa no se manifiesta tan clara. El signo que sigue a la "R" es de difícil deducción, lo que deja la siguiente lectura: sanso hA R ? IA


SANSO hA-R?IA

Sospechamos que ese signo discordante pudiera tratarse de una ligadura tipográfica y barajamos mil hipótesis por cuáles letras podría estar formada. Meditamos también algún fonema medieval ya perdido y buscamos si pudiera tratarse de una posible abreviatura sincopada, pero cualquier teoría quedaba censurada al desconocer a qué sonido oral podía corresponder esa representación gráfica.

Lo curioso es que, apegados al arte románico y habituados a visitar sus edificios, ese signo nos resultaba familiar. Intuíamos que habíamos visto alguna grafía parecida en algún sitio, pero entre el gran abanico de lugares que nos acudían a la cabeza no recordábamos dónde.

Tuvimos que dejar hibernar nuestra pesquisa durante casi un año hasta que un buen dia se evocó un posible lugar en nuestra memoria.





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Se trataba de la fantástica portada de la iglesia de San Miguel en Estella, cuyas magníficas tallas, según parece, fueron labradas entre 1187-1196 (1), refiriéndonos en concreto, a la representación de las Santas Mujeres, donde al pie de las cuales hay una inscripción que testifica la identidad de ellas: "MARIA MAGDALENE, MARIA IACOBI, ALTERA MARIA". 

Es aquí donde se encuentra el signo con evidente parecido y que vocaliza la segunda “A” del nombre Maria.




Creemos que es bastante acertado considerar el parecido entre un trazo y el otro, y teniéndo en cuenta la cercanía de los dos grabados tanto en el tiempo como en el espacio, nos preguntábamos si quizá ambas inscripciones pudieran haber sido trazadas por la misma mano.


Tanto si era así, como si no, comprobar el perfil de esa letra que daba voz al misterioso signo del canecillo de Santa Catalina nos infundió una nueva perspectiva, porque ahora conseguíamos leer lo siguiente:

SANSO hA RAIA.

SANSO hA RAIA

Considerando que debíamos ubicar el texto a su época y territorio geográfico, consultamos algunas publicaciones específicas sobre la historia de dicha región. Entre éstas, hay un interesante estudio sobre el gran crecimiento social que experimentó la zona de Estella a lo largo de los siglos XI y XII a consecuencia de la gran inmigración de gente, en su mayoría procedente del otro lado de los Pirineos, que acabaron asentándose en dichas tierras, lo que, lingüísticamente hablando, provocó la aparición de tres diferentes focos de comunicación oral: el euskera, el romance navarro y el occitano(2).


Las lenguas romances, junto al latín, fueron las lenguas del saber de las minorías cultas y de la administración oficial, tanto civil como eclesiástica. Los escribanos utilizaban el romance para escribir, aunque la lengua de uso cotidiano fuera el vascuence(3).

En la zona que nos ocupa, por ejemplo, predominaba el euskera, excepto en la propia localidad de Estella, que era un enclave de lengua occitana, y algo similar ocurría en Pamplona, donde había dos demarcaciones, una de habla occitana y otra de vascuence.


Junto a estas especificaciones sobre el antiguo bilingüismo territorial, visitamos a lo largo de nuestra ruta hacía Navarra, lugares cuyos nombres actuales eran resultantes de mudanzas fonéticas relacionadas con ese término: ARAIA, ARRAIZA, LARRAYA... Cada vez teníamos mayor convencimiento que el idioma en que grabaron esa inscripción no era latín.


Documentada en el s.XII-XIII  como Ha-r-ha-ih-a 

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Asimismo, presentíamos que un modillón de tan cuidada labra y con una posición gestual tan forzada, debía ser un diseño perfectamente estudiado para evidenciar un aspecto o una ocupación característica del personaje en cuestión, pero si él era SANSO, qué era o qué concebía hA-RAIA?


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Llegados a este punto, detallaremos brevemente nuestra búsqueda del término y su posible origen.
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En el diccionario castellano-euskera Labayru Ikastegia no encontramos hA-RAIA, pero si:

*ARRAIA, línea, raya, término, límite

Palabra que volvemos a encontrar en los doctos diccionarios etimológicos de J.Corominas y J.A.Pascual y que la enlazan a:

-Vasco dialectal:
*ARRAIL/*ARRAILA, grieta, astilla, hendidura, rallar.

-Aragonés:
*ARRALLA/*RALLA, palabras utilizadas en el habla viva del Alto Aragón, Rohlfs la define entre otras acepciones, como “piedra gruesa en el campo” y como “ladera de una montaña cubierta de piedras o rocas”, cf. dicc, p. 257. En ambas definiciones aparece clara la relación con el vasco (H)ARRI «piedra» «roca». Aparece también atestiguada en varios puntos oscenses como: “cresta rocosa de una montaña”, “roca”, “ladera cubierta de grandes piedras”, “piedra redonda de gran tamaño” y en Navarra (Javier), como “filón o veta de piedra en un campo” (4) 

-Gascón:
*ARRALHÀ/*ARRALLÈ, rajar, badar, abrir, astillar, piedra, banco de rocas


-Occitano:
*ARRAJAR/*RAJA/*RAIÀ raya, línea o banda estrecha, descampado, arenal


-Catalán dialectal:
*ARRALLAR/*RALLA/*RAIA, línea que señala un término, frontera, surco, raja, grieta.


Nos cuenta Cantalausa en su Diccionario General Occitano DGOC, que el "AR" inicial- es un prefijo aumentativo i/o expresivo delante de los verbos empezados con R y sus derivados:

 (H)ARRAIA, raya, línea. (H)ARRALHÈ, piedras, rocas desprendidas, (H)ARRALLA Piedra gruesa en el campo, mojón, cantera.

Así pues, tenemos una clara relación de hA-RAIA que implica raya/línea (con claro sentido de límite), roca, piedra redonda de gran tamaño (mojón), raja, grieta, cresta de una montaña, filón de piedra en el campo (cantera), etc.

Curiosamente y según nos informó muy amablemente Gonzalo Arrarás (5) -el cordial guía turístico del templo-, Santa Catalina se encuentra precisamente situada sobre una de esos filones de piedra.
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RAIA DE ARRALLAS  Foto: RIVIERE

ARRAJAR

Que una de las designaciones que determina una piedra como la que porta Sanso figure escrito en la imagen del elemento en cuestión, nos da que pensar. Creemos que la sincronía es demasiado obvia para ser casual. Pero, para qué escribir el nombre de algo que ya es evidente de por sí, a no ser, que se quiera hacer énfasis en ello?.

Es más, esos términos no parecen tener ninguna relación con su expresiva actitud del ojo avizor…o quizá si.

Corominas nos da una pista al aplicar la traducción “badaloc” y “badar” en los conceptos de ARRAILA/ARRALHÀ, para indicar una obertura vertical del terreno, una raja o grieta.
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Bada. Oberturas estrechas producidas por separación de la roca
que forman una especie de atalayas naturales .
 Foto: RIVIERE

El término BADA/BADAR es una expresión que sigue siendo muy utilizada en occitano y catalán.

Dicha palabra tiene dos sentidos fundamentales: uno de ellos es derivado del acto de abrir, agrietar, hender: …"No badar boca" (no abrir boca), pero hay otro que es derivado de la acción de mirar o vigilar: ..“No val a badar”, expresión para advertir que se ha de obrar con atención y prudencia.
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- Occitano:
* BADA, centinela, vigilante, emplazamiento elevado para hacer la guardia, velar. Dicc. Gral. Occitan Cantalausa

- Catalán:
*BADA/*BADAR, acto de vigilar o mirar con atención para descubrir cualquier cosa lejana u oscura. Persona que vigila desde algún lugar elevado para descubrir enemigos u otra cosa lejana. Dicc.L’Alcover doc.1315 “Hi pren la bada del castell” (tomar la guardia del castillo).

Vemos aquí un nexo entre el concepto de abrir con el de mirar: “Badar els ulls” (abrir los ojos para vigilar, estar atento a aquello que puede sobrevenir)

Posiblemente la voz hA-RAIA tuviera homofonía, ese fenómeno lingüístico que hace coincidir dos o más vocablos diferentes con el mismo sonido y la misma forma externa, permitiendo así un juego de palabras con el que se puede crear un mensaje con doble o más sentidos.


Pero, quién es Sanso?, un jugador del juego de "la raia"? un centinela que prestó su rostro a ese templo "hidalgo"? ...seguramente su imagen fue perpetuada en esos muros por alguna otra razón, alguna razón que posiblemente permenacerá en secreto, aunque, quizá algún que otro término nos puedan hacer intuir su condición:

 -Vasco dialectal: *ARRAYAZ, arraéz  - Catalán: *ARRAIS, cabecilla.

Voces procedentes del aràbe "ar-rāys"jefe, patrón, capataz... en definitiva,

"el que manda" 

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Pasando por hA RAIA
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CONCLUSIONES:


Por un lado, las equivalencias acústicas y, por otro, el confusionismo morfológico junto con el desconocimiento del léxico, facilitaban en el medievo la variedad de términos similares para un mismo significado y viceversa.

El modillón en su conjunto muestra el agudo ingenio de su creador, quién basándose en el doble sentido de las palabras quiso dejar un polifacético mensaje.

A partir del conjunto de definiciones y traducciones aquí expuestas y, considerar que, básicamente, las lenguas utilizadas en los escritos de la zona en esa época eran romances, creemos acertar en abstraer las palabras "SANSO hA RAIA" en un conjunto de ideas, en un "doble o múltiple sentido" :

Asentado sobre un filón de veta rocosa o "arraia", Sanso parece escrutar el horizonte al que también llamaban "la raya", reclamando nuestra atención sobre las rocas o "rallas", advirtiéndonos sobre una posible grieta o "raja", controlando el límite fronterizo o "la raia", y, ejerciendo de vigía de su cantera o "arralla", o simplemente calculando la distancia a la que debe lanzar la roca para hacer hA RAIA! 



Nuestro agradecimiento a
Ibon Sarasola y Xabier Kintana, miembros de Euskalzaindia, que gentilmente nos prestaron su acreditado asesoramiento y disiparon las dudas al respecto.

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