15 mayo 2011

El Dragón en el románico.

Apuntes para un símbolo:
dragon
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Concepto: Originariamente, el dragón empezó siendo concebido como una serpiente alada, a la que progresivamente se le acabaron por añadir patas. A veces, su cuerpo se asemeja más al cocodrilo. Está relacionado con el fuego, ya que una de sus cualidades es arrojar llamas por la boca. Es un animal guardián de algún recinto o tesoro.
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Origenes y evolución:

En la cultura mesopotámica de la Creación (Enuma elish) la imaginería atribuye al dragón Marduk la cualidad de hijo del dios Ea que, tras vencer a la diosa demoníaca Tiamat y recuperar las Tablas del Destino adhiriéndolas a su pecho, creó las Estrellas y los Planetas con la parte superior de su cuerpo y la Tierra con la inferior, y de sus ojos, manaron los ríos Tigres e Eúfrates.

También en la mitología griega, el dragón aparece como hijo de un dios. Esta vez, como una enorme serpiente con tres lenguas y triple hilera de dientes. Su padre era Ares y su misión consistía en custodiar una fuente consagrada al dios ( no en vano la raíz griega de su nombre, dercein, viendo), y al que Cadmo, hijo de Agenor , hermano de Fineo – el que sufriera el ataque de las Harpías- y fundador de la ciudad de Tebas, acabó dando muerte con la ayuda de Atenea.

En la mitología romana, aparecerá de nuevo en su papel de guardián enroscado en el manzano de oro que Madre Tierra había obsequiado a Hera como regalo de bodas, y cuyas manzanas hurtaban las Hespérides. Simbolismo éste que, posteriormente, sería adoptado por la medicina, como ciencia del conocimiento de los impulsos vitales.
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En el imaginario popular, el dragón era generalmente una criatura primitiva y poderosa que debía ser vencida por los dioses. Posteriormente, héroes y antepasados asumen el papel de dragón.

Es, quizá, en las Escrituras, donde por vez primera se produce la asociación del dragón al diablo. Tanto en el Libro de Isaías (27,1) como en el de Daniel (14,23-27) aparece la figura del dragón adorado como un dios en contraposición a Yahvé. El Apocalipsis está lleno de bestias infernales serpentiformes. En el Capítulo 20, 2 el ángel que tiene la llave del abismo “ prendió al Dragón, la antigua serpiente, que es el Diablo, Satanás, y lo encadenó por mil años”, insistiendo, repetidamente, en la dualidad opuesta del Cordeo, el Bien, frente al Dragón, el Mal. En Ap.12,1-18 aparece el símbolo más espectacular de todo el Apocalipsis, el dragón de siete cabezas enfrentado a la mujer fecundada por sí misma, la representación del más profundo principio de la vida amenazado por la muerte, su gran enemigo destructor.

En la patrística, Arnobio escribió que “Dios creó al Dragón, creando igualmente la naturaleza del diablo, que por su mala voluntad se convirtió en dragón”. Para los Padres de la Iglesia, los dragones eran una especie de serpientes de enormes dimensiones que vivían inmersos en aguas pestilentes.

En los bestiarios, acabará por perpetuarse su imagen negativa. Así en el de Cambridge, no sólo constituye una ampliación del Fisiólogo, sino que sigue a Solino, Ambrosio y, sobretodo, a Isidoro de Sevilla, para quien el demonio sería el más enorme de todos los reptiles, como un dragón, con cresta o corona.



En el arte cristiano, el dragón aparece como símbolo del Infierno. Desde el siglo III, los emperadores cristianos se adjudicaron el honor de haber triunfado contra la idolatría y se hacían representar pisando al dragón infernal. Así, en monedas se harían representar Constancio II, Aecio, Valentiniano III y Marciano atravesando a Atila, con lanza crucífera, en forma de serpiente con cabeza humana, copia de Glykón como represalia y condena al mayor escándalo pagano de Alejandro de Abonotichos (145 a.de C). El cristianismo concibió la existencia como una dura y permanente lucha contra el Mal, y nada mejor para expresarla que el combate del guerrero y el dragón. Tanto en la Siria cristiana como en el Egipto copto, se llegó a representar así a los santos nacionales, incluso a Cristo. El tema adquirió tal importancia que, incluso, llegó a tomarse como origen de la dinastía imperial Abisinia y ya en una leyenda etíope de hace más de 3.000 años, un dragón enfurecido de la región de Eritrea que devoraba doncellas, propició el origen de un héroe, padre de Belkis, reina de Saba, que, a la postre conquistaría el corazón de Salomón y engendraría a Menelik I, primer emperador etíope.

En la hagiografía, pronto aparecerán los santos sometiendo al dragón. Entre ellos, el más famoso y difundido santo guerrero vencedor del dragón, será San Jorge. Nacido en Lidia y martirizado en Nicodemia en 303, su figura hunde raíces en el dios Horus egipcio para acabar como invención tardía del siglo XII. La versión última, sería la de Santiago Matamoros, invención del siglo XII paradigma de la ingeniería política (impulsar la Reconquista) y fiscal (instauración del impuesto llamado “voto de Santiago”).
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Mención aparte merece en el apartado hagiográfico la figura de Santa Margarita de Antioquia, quien no en vano acabaría siendo la patrona de las parteras, pues tras haber sido devorada por un dragón, por virtud de la señal de la cruz, desgarró, de arriba abajo, las entrañas del monstruo saliendo del vientre del dragón “sin haber padecido dolor alguno”, reminiscencia sincretizada de la leyenda egipcia del hidrus respecto al cocodrilo. El cocodrilo es el símbolo del infierno, y el hydrus de nuestro Señor Jesucristo.
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En alquimia y según la disciplina de las diferentes escuelas, se utiliza la representación del dragón para establecer relaciones con las diversas fases de la metamorfosis del alma. Se asocia al dragón la unión de los cuatro elementos, el fuego que escupe por la boca, el aire representado por sus alas, su larga cola inspira el elemento del agua y la tierra sus garras poderosas. Asumido el dragón como la materia prima, espera ser sometido por el buscador de la Obra que tendrá que pacificarlo con suavidad. El dragón es la fuerza que permite regenerarse y evolucionar, es la experiencia que pone en tela de juicio las ideas mentales que tienes preconcebidas.

Así pues, estemos siempre vigilantes y nunca hagamos cosquillas a un dragón dormido, porque... 

“Draco dormiens nunquam tittilandus”
 "Un dragón dormido, nunca parpadea".
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Salud y románico

6 comentarios:

JAN dijo...

Muy interesante el repaso a la trayectoria de tan fantástico animal.

Después de leerlo desayunando ya puedo irme a trabajar y a enfrentarme a los dragones cotidianos con más energía.

Ah... y por cierto, feliz coincidencia (sincronicidad que diría algún seguidor de Jung), ayer mismo publicaba una entrada donde también aparece un dragón. Si es que están por todas partes...

Un abrazo !

cdeburgos dijo...

Muy bonita e interesante descripción sobre los dragones, son tan misteriosos y no parecen tan malos despues de todo, me recuerda un poco su mala "prensa" a la que le daban a los indios americanos en las películas de western. ¡vaya historia la de santa Margarita! Besos Carlota

juancar347 dijo...

Estupenda exposición acerca del simbolismo del dragón a través de las diferentes mitologías, aunque en este punto, he echado de menos una referencia a los clásicos egipcios, referidos a las figuras de Seth y Apofis. Y por otro lado, especificar la contrapartida oriental en relación al simbolismo del dragón, evidente y totalmente opuesta a la interpretación que de su figura hace el Cristianismo en general. Pero como siempre, y valga la redundancia, una exposición genial. Un abrazo

pallaferro dijo...

Siempre me ha quedado en la cabeza un detalle que, ahora, he visto reflejado muy sutilmente en esta entrada: el dragón es sometido, vencido... pero nunca muere.

Un abrazo, con suavidad y cuidado. No vayamos a despertar al dragón que llevamos dentro!

Antonio Banus Pascual dijo...

Me ha parecido fantastico, tenia que haber muchos asi de sencillos y didacticos. Enhorabuena.
Antonio

Baruk dijo...

Gracias Antonio por tus palabras y bienvenido a este espacio virtual.

Un abrazo

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