28 febrero 2010

Ella baila sola

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Danza. El baile como espectáculo fue uno de los entretenimientos favoritos de los antiguos egipcios, pero es improbable que se tratara de un pasatiempo social, al menos entre las clases altas. Las bailarinas solían ser mujeres y la danza se asemejaba más a un movimiento rítmico que a uno que a uno que precisara de mucha energía. Las bailarinas solían verse en representaciones de banquetes. También aparecen en procesiones funerarias y en todo caso acompañadas de música y palmadas. Aparentemente existeron danzas de guerra y de la cosecha ejecutadas por hombres que constituyeron con probabilidad bailes nacionales. (COLI. Diccionario de arqueología egipcia).

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Según la etimología, el vocablo "danzar" proviene del fráncico"dintjan", -antigua lengua germánica occidental-, y cuyo significado sería "mecerse, balancearse, moverse de un lado a otro". Nos conceptúa ese movimiento uniforme y calmado cuya contemplación nos apacigua el alma.
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En cuanto a la etimología de "bailar", los lingüistas no tienen muy clara su procedencia, pero coinciden en indicar que la palabra habitual para designar el baile en latín, es "saltare", y que en su origen significaba "dar saltos repetidos". Dicha definición nos induce a pensar en un movimiento rápido, de más vivacidad, un movimiento extrovertido y alegre, cuyo brío nos enciende el alma.
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Actualmente tanto la palabra bailar como danzar son sinónimas, pero nos preguntamos si en la época del románico sus conceptos también eran tan intercambiables como ahora.
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Seria interesante saber si en una época más temprana para dichos criterios, las mujeres que eran iniciadas en el arte de la danza eran aleccionadas a dar saltos y acrobacias o se asociaba particularmente el danzar a balancearse gentilmente al son de la música, y si fuese así, quizá ocurríria como en el Antiguo Egipto, que sería una danza propia de un estatus de clase alta.
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Hoy hemos querido analizar el tema de la "bailarina" en la iconografía románica con el ánimo de, a través de algunas representaciones, situarnos en la gran multiplicidad de puntos de vista que la naturaleza, las cosas y los símbolos tenían para el humanista hombre del medioevo. Nos gustaría empezar por la bailarina histórica más representada en las piedras románicas: "Salomé".

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Solemos reconocer a este personaje cuando vemos a la bailarina ubicada cerca de un banquete y/o junto a la figura de Herodes Antipas, Tetrarca de Galilea, el cual y según cuenta la tradición, emocionado al contemplar la armoniosa y agradable danza de la joven, le ofreció como premio aquello que ella solicitaba, la cabeza del Bautista "en bandeja de plata."

En dichas representaciones Salomé actúa en solitario, no hay músicos acompañantes y a menudo aparece utilizando un pequeño instrumento musical que le ayuda a llevar el ritmo en sus sutiles ceremoniales del movimiento.

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A pesar de la mala reputación que el baile de Salomé ha adquirido en la enseñanza eclesiástica, hemos de considerar que el emplazamiento donde se realiza la acción junto a la presumible exigencia del magisterio coreográfico impartido a una mujer de clase alta, puede ser suficiente para denotar la solemnidad de una danza de estas características.
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Tras la figura danzante de Salomé, aparece otra representación asimilada a "mujer de malas artes" que, por la influencia de la anterior, unida a los predominantes intereses culturales de la época que manipularon el concepto con la técnica de la ambigüedad, contribuiría a que la representación de la dama que danza sola al son de tuba y giga, quedara incorporada desde la Psycomachia de Prudencio, a los ideales prototípicos del pecado de la lujuria.
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Y la danza, ese armónico balanceo que desde tiempos inmemoriales era una sublime y armoniosa creación de belleza liberadora, un reflejo sacralizado del goce por la vida, empezó a adquirir cierta reputación inmoral, pecaminosa, incluso diabólica.
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Sea como fuera, esta forma de baile seguiría siendo muy popular y nuestro románico va repleto de sus representaciones.

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Uno de los ejemplos más bellos de baile románico, lo tenemos en la famosa bailarina que contorsionándose hacia atrás, posiciona sus brazos en la cintura en forma de jarro mientras exhibe su larga cabellera a ras de suelo. Su contemplación nos sugiere una imagen alegre y desenfadada a la vez que admirable y reveladora.
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Entre los diferentes talleres que cincelaron esta concreta escena, las más admiradas por los romanicófilos son sin duda las atribuidas al taller del maestro de Agüero, y es en ellas, donde percatamos una curiosa "norma" que parece predominar en este taller:
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En este específíco "paso de baile" en el que la mujer vuelca su cuerpo hasta barrer el suelo con su cabello aparece formando dúo con un solo músico, curiosamente cuando el instrumento musical utilizado es una tuba o similar, la bailarina está acompañada de un hombre, en cambio, salvo algunas excepciones, cuando el instrumento utilizado es un arpa, la bailarina forma pareja con otra mujer.
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El problema en la comprensión de estas escenificaciones del baile radica en el desconocimiento de los códigos de sus movimientos, por lo que nos preguntamos si tanto cuidado detalle es casualidad o responde a un significado real que nos es desconocido por el momento.
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Por otro lado, también contamos con otra popular escenificación románica: la del baile de la farándula, la bailarina-acróbata, que salta, brinca y se contorsiona. Una figura que solemos encontrar rodeada de músicos, juglares y saltimbanquis.
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El calmo y sofisticado movimiento de las danzantes, quizá de una clase social más elevada, deja paso aquí a la mujer plebeya que utiliza el "saltare" como método de subsistencia, ligado a los orígenes del teatro y el circo, grupos itinerantes de mala reputación normalmente asociados a charlatanes y titiriteros, destinados a ir de ciudad en ciudad para seguir con sus ocupaciones y tareas ambulantes, las cuales son pregonar y divertir al gentío que pasa.
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Y como ejemplos románicos a diferenciar entre danzante y contorsionista, hemos querido traer a estudio dos representaciones distantes, geográfica y cronológicamente:
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Nos referimos a la del templo románico de la Magdalena de Tudela (Navarra) y la del San Pablo de Úbeda (Jaén). Ambas figuras están junto a un músico compañero y ambas conforman con su cuerpo una U invertida. La posición de las manos diferencian una disciplina de otra, pues mientras la danzante navarra coloca sus manos a la altura de la cintura, la contorsionista andaluza los alza por encima de su cabeza con finalidad de apoyo en el suelo.
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El misterio de la danza se condensa en la figura de la contorsionista. Ella es todo, se recompensa, se castiga, se divierte.
Con su oficio, su espectáculo es eternamente nuevo, pues crea incesantemente contempladores y se acerca con las manos vacías y sin miedo a la muerte porque ella, la muerte, como juego amigable, es el medio de vida más grande.
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La danza que fuera relegada por las religiones monoteístas al interior de los hogares como pasatiempo social, ha dejado de ser parte de las ceremonias para convertirse en simple entretenimiento.

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Qué lejos queda el tosco "saltare" y el sublime "dintjan", pero sin embargo, sus conceptos ya están unidos y fusionados.
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Para más imagenes y comentarios sobre el tema: http://foros.hispavista.com/foro-blogs-del-romanico--desiderata-/42664/931379/m/ella-baila-sola/



Salud y románico.

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13 comentarios:

pallaferro dijo...

Tal vez haya todavía algún vestigio en la actualidad de esa diferencia entre la distinguida danza y el acrobático baile. El "dintjan" y el "saltare" de vuestra entrada.

Normalmente queremos que nuestras hijas aprendan "ballet" de pequeñas, o solemos apuntar a nuestros hijos a grupos de danza tradicional. Una parte de nuestra razón radica en la finalidad que tengan buenas dotes de danza y, tal vez, otra está en aspectos de identidad, ya sea de tipo territorial o de estatus social.

También normalmente en la sociedad coexiste contemporáneamente un baile saltarín, extrovertido, vivaz y alegre. Va cambiando de nombre y de ritmo según la época, pero todos se atreven a bailarlo con mejor o peor gracia. Son bailes a los que tiene acceso todo el pueblo.

Pienso que, también, en el medievo ocurriría algún fenómeno similar. Si se podía económicamente, se aleccionaba a los descendientes en ese arte de la danza. Si no se podía, siempre quedaba el baile desinhibidor del que, como bien apuntáis, sería muy probablemente un medio de vida para algunos grupos de titiriteros itinerantes.

Felicidades por vuestro artículo. Me alegro que lo hayáis podido sintetizar finalmente, después de varios balanceos danzarines y alguna contursión acrobática.

Un abrazo,

KALMA dijo...

Hola! ¿Quién bailaba y quién danzaba? jjjj.
Aquí una bruja muy danzarina ¡Qué bonito!
Danzar o bailar, siempre había pensado que eran sinónimos, aunque veo que en origen había algún matiz.
La danza de Salomé, a veces la danza es un arma de seducción similar al canto de las sirenas, capaz de embelesar al más fuerte guerrero.
Aunque prefiero pensar en el baile como una manifestación de alegría que genera mucha endorfina, con más o menos ritmo, un momento en que nos dejamos llevar por una melodía y gozamos, incluso a veces ¡Ligamos!
Las fotos son fantásticas, recuerdo la danzarina de Ejea, su pelo… ¡Qué belleza!

KALMA dijo...

Y abrazos.

Cabestany dijo...

La vida es un baile que, a cada poco, cambia de ritmo, melodía y tono.
Hay que estar preparado para todos sus registros, e improvisar si hace falta.

Las danzarinas románicas son todas bonitas, lleguen sus cabellos al suelo o alcen los brazos hacia el cielo. Negatividad y positivismo quizás: lo primera porque el movimiento sensual del cuerpo femenino junto con la exuberante melena y el realce de sus atributos pecaminosos lleva al observador (masculino) a renovar su instinto lujurioso, y la segunda porque un modo digno de glorificar al señor es mediante el baile virtuoso y la danza espiritual, tal como hiciera David (creo) al celebrar la llegada del Arca a su ciudad.

Coincido con Kalma que las fotos son chulísimas.

Saludos, y felicidades por el artículo.

Nos vemosssss.

Alkaest dijo...

Interesante entrada, aplausos y unas moneditas al sombrero...

Como he sido "acusado" de ser un "tiquismiquis románico", ahora me siento libre de ejercer.
Así que voy a precisar, que el instrumento que tocan esos personajes, no es una "tuba", sino un "albogue" o "alboka".
Su nombre parece derivar del árabe, con el significado genérico de "trompeta", o similar.
Consiste en uno o dos tubos de madera o caña, con varios agujeros encima y debajo, que pueden llevar dos pabellones de cuerno a cada extremo: uno como lengüeta y otro como amplificador. Su escala puede ir, desde el La al Fa sostenido.
Su sonido es chillón y chirriante, muy apropiado a ese tipo de danza "contoneada" o "contorsionada", propia de juglares y saltimbanquis callejeros.
De niños, todavía alcanzamos a ver algunos músicos callejeros, "los zíngaros", que utilizaban albogues para ambientar al niño contorsionista, y a la cabra equilibrista...

Salud y fraternidad.

SenyorSunyer dijo...

Ostras! No conocía este blog.Me alegro muchísimo de haber caído en él por casualidad. Me han fascinado muchas de las entradas. Sinceras felicidades por un blog tan cuidado.

Lo seguiré de cerca.

juancar347 dijo...

No deja de ser curioso como algo que nació para honrar a la Divinidad, ha terminado generando en lo que es hoy día. Y también, naciendo como ha nacido, cómo la iglesia católica ha terminado condenándolo haciéndolo sinónimo de lujuria, de placeres ocultos y pecaminosos. Siempre me han llamado la atención las figuras de las bailarinas, los acróbatas (éstos quizás más corrientes en el románico francés)...en cierto modo, los parias de la Edad Media que, dignos exponentes de la época representaban, sin embargo para el clero, el ejemplo a no seguir. Fenomenal entrada y gracias por recordarme a esta bailarina de Ejea de los Caballeros que algo me dice que quizás conozca pronto en persona. Un abrazo

Pilar Moreno Wallace dijo...

Qué interesante es el tema! No me había parado a pensar en ello, ni tampoco que estuviera tan representado en el arte.
Saludos.

chis dijo...

La bailarina del maestro de Agüero, y las demás nos siguen "encantando", como a Herodes.
En Alquézar la representación de Salomé está debajo de la mesa, con ese toque naïf tan delicioso que tiene ese claustro (o más bien atrio).
Siempre es un placer aprender en esta como en todas las entradas que presentais. Espero ver pronto bailarinas y mucho más románico en mi tierra, aprendiendo de vuestra mirada.
Un abrazo

Àvols Fembres dijo...

Muy interesante la entrada sobre las bailarinas en los capiteles. Por cierto de los instrumentos de percusión (lo que tu en tu entrada llamas "sonajero musical") hice hace tiempo un artículo que te adjunto para www.ibercalafell.org.es. El románico es uno de los periodos más interesantes del arte. Parece todo muy sobrio pero si escarbas un poco descubres muchísimas cosas de la vida privada del momento.


Creo que es factible que una prostituta mostrase sus encantos mediante un baile. Pero se podría distinguir entre bailarina, cortesana y prostituta ("de calle" o trabajando en un burdel)... Si quieres conocer algo más de las prostitutas en la Baja Edad Media visita este enlace. www.avolsfembres.blogspot.com

He adjuntado los links de tus dos blogs en el mío si quieres puedes hacer lo mismo y así darnos a conocer mejor.

Estamos en contacto!

Sirena dijo...

Que interesante, documentado y bonito blog, lo visito hace tiempo, aunque es la primera vez que te escribo, muchos Saludos
Sirena Laynez

peponia dijo...

Excelente artículo!!
Tenía ganas de hacer un estudio al respecto....... pero después de esto mejor me callo. 😉👏

peponia dijo...

Excelente artículo!!
Tenía ganas de hacer un estudio al respecto....... pero después de esto mejor me callo. 😉👏

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