27 enero 2008

Dioses sois...

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En el tiempo en que los animales hablaban, las leyes de los hombres no habían sido creadas, no había costumbres absurdas, no había malicias que separaban y no había creencias que destruían.

Sólo había armonía que borboteaba clara y cristalina.
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De ella se nutrían todos los que entonces existían y no necesitaban nada más para alimentar su propia alma.

El corazón estaba en paz y sostenía el cielo con una mano y la tierra con la otra.

Paraíso dorado. Los animales hablaban y todo el mundo entendía.
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Nunca sabremos qué viento sopló y qué semillas arrojó, pero echaron raíces, sus tallos y ramas crecieron raudas imponiendo a partir de entonces sus venenosas espinas.

Hemos perdido la edad dorada y el camino para encontrarla permanece lleno de zarzas.
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Paraíso oculto. Los animales hablan pero ya no entendemos.

Confundidos y solitarios cada cual busca ahora su Paraíso allí donde le es permitido, aunque sólo sea para volver a rozar un instante esa edad dorada.
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Todos dioses sois... pero como hombres moriréis (Salmo 82,6-7)
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Saludyrománico

15 comentarios:

juancar347 dijo...

La Edad de Oro, un paradigma que parece haber sobrevivido a todas las civilizaciones. El mito del eterno retorno, como lo definía Mircea Eliade, ampliado más allá de la figura del retorno de Cristo o de Maitreya. En efecto, un mensaje simbólico que se ha perdido, y que ahora, en la actualidad, parece imposible volver a encontrar. Parafraseando a Juan Parellada de Cardellac: claves ocultas de la Historia...Un abrazo

Baruk dijo...

Juancar, el añorado canto a la Edad de Oro ha sido entonado por numerosos personajes a lo largo de la historia, quizá el más famoso y que más ha dado que hablar: Virgilio.

"Han llegado los tiempos últimos de que habla la Sibila:

Va a comenzar de nuevo el curso inmenso de los siglos.

De lo más alto de los cielos nos va a ser enviado un reparador.

Alégrate, casta Lucina, por el nacimiento de este niño,

que hará cesar la Edad de Hierro, reinante hasta ahora,

y extenderá la Edad de Oro por todo el universo...

El que debe obrar estas maravillas será engendrado en el mismo seno de Dios..."


Pero yo me pregunto y dudo... realmente hablaba de lo que la gente dice que habla o cada uno lo interpreta de la forma que quiere entenderla?


Abrazines de oro

juancar347 dijo...

No sé, Baruk. Creo que se refiere a ese famoso episodio en el que intervino un famoso emperador romano, que preconizaba el advenimiento de una Nueva Era (nacimiendo de Cristo) y el fin de los viejos dioses. Pero a pesar de todas mis impreciones, de lo que no me cabe la menor duda, amigüita, es que siempre metes el dedo en la llaga de un tema interesante. El día que me decepciones, en cuanto a la calidad que me tienes (tenéis) acostumbrado, os doy una colleja. Un abrazo

KALMA dijo...

Hola Baruk! Realmente da que pensar, el equilibrio natural de "La Edad Dorada" como cantaba Moglie "Lo que es necesidad, no más, mama naturaleza te lo da" a partir del "Derecho Romano" ¡Plof! Las fotos son fantásticas. Besos.

Jan dijo...

En los "Trabajos y los días" del poeta Esíodo (S.VIII a.c.), se encuentra quizá la versión más antigua del mito de la edad de oro en la cultura occidental. De una forma muy hermosa se narra como los hombres y los dioses tuvieron un mismo origen, pudiéndose encontrar también aquí esa constante arquetipal en la que se vería reflejada la doble condición del ser humano mortal-inmortal. Algo que podría traslucirse en las palabras del Salmo que dejáis al final de vuestra entrada.

"Al principio los inmortales que habitan mansiones olímpicas crearon una dorada estirpe de hombres mortales. Existieron aquéllos en tiempos de Cronos, cuando reinaba en el cielo; vivían como dioses, con el corazón libre de preocupaciones, sin fatiga ni miseria; y no se cernía sobre ellos la vejez despreciable, sino que, siempre con igual vitalidad en piernas y brazos, se recreaban con fiestas ajenos a todo tipo de males. Morían como sumidos en un sueño; poseían toda clase de alegrías, y el campo fértil producía espontáneamente abundantes y excelentes frutos. Ellos contentos y tranquilos alternaban sus faenas con numerosos deleites. Eran ricos en rebaños entrañables a los dioses bienaventurados".

De este origen "paradisíaco" la cosa iría decayendo pasando por diferentes edades llegando a la del Hierro en la que los hombres se encontarían en una situación muy diferente:

"Nunca durante el día se verán libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche, y los dioses les procurarán ásperas inquietudes; pero no obstante, también se mezclarán alegrías con sus males."

Luego habla de una segunda edad de hierro en la que dice que el hombre será viejo ya en el momento de nacer y cosas como: "Ningún reconocimiento habra para el que cumpla su palabra ni para el justo ni el honrado, sino que tendrán en más consideración al malhechor y el hombre violento.(...)el malvado tratará de perjudicar al varón más virtuoso con retorcidos discursos y además se valdrá del juramento. La envidia murmurará, gustosa del mal y repugnante, acompañará a todos los hombres miserables."

Todo esto y otras terribles delicias se encuentran al final de esta versión del mito de las edades, donde podemos apreciar un tono profético.

Esta visión de un devenír degenerativo de la condición humana y la nostalgia por recuperar el estado divino de los orígenes parece ser de los más recurrentes en la mayoría de las culturas.

Saludos

Syr dijo...

Excelente comentario, Jan, en la línea que nos tienes acostumbrados. Precisa, preciosa y documentada.
Efectivamente, el primer hombre y la primera mujer viven en un estado de ocio e inocencia primitivo, hasta que osan desafiar el deseo divino de la inmortalidad de uno de los dos árboles del Jardín. Dos árboles, pues dos son las tradiciones originales que el redactor bíblico unifica. Y en cuanto desafían el mandamiento, Dios los condena a una vida de sufrimiento y esfuerzo, negándoles la vida eterna (Gén. 3, 22-24).
Y en ese sentido, nos parecemos a Dios, pero morimos. Es la limitación humana.
Como conoces, diversos mitos cuentan que la humanidad es mortal porque alguien fracasó al ingerir el alimento mágico que le hubiera hecho vivir eternamente (los mesopotámicos en el Gigamessh y los canaeos).

Y... ¡ aquí estamos¡. En la permanente búsqueda personal de nuestro propio Paraíso.

Polvorilla dijo...

No sé si los filósofos, los poetas, los místicos y los pensadoes de todas las épocas, tendrán o no razón. No sé si la "Edad de Oro" pasó y estamos en la "edad de la chatarra". Lo único que sé, y lo sé de verdad es que esa "edad" es la que cada uno de nosotros lleva dentro. ¿Están los de "salud y románico" en ella? ¡Claro que sí! Su espíritu, su búsqueda,su encuentro con los afines, su deseo de conocimiento trascendente desde el "sólo sé que no sé nada" los pone en el círculo dorado, los aleja de la vulgaridad, la mediocridad y el materialismo. ¿No podría ser esa Edad de Oro un estado del alma? ¿Quién dice que no?...

Alkaest dijo...

Todo esto, no es sino una parte del concepto más amplio, más antiguo y extendido, del "Eterno retorno".

Un concepto filosófico que, en cierto momento, llegó a "contaminar" el propio credo mitológico judeo-cristiano, con curiosísimas consecuencias en el campo del arte románico...

Era una idea muy extendida, en la antigüedad, que la existencia de la Tierra y sus habitantes, humanos, animales y vegetales, es algo cíclico.
Comienza por una "Edad de Oro", con toda clase de ventajas, pero va degenerando, hasta acabar en un "apocalipsis". Tras el cual resurge todo, de nuevo limpio, cómodo, satisfactorio.

Desarrollar ésto y filosofar sobre ello, nos llevaría varias vidas y varias "edades cíclicas"...

[En cuanto a Virgilio y la Sibila, ya es sabido y reconocido que, los judeo-cristianos, sacaron de contexto los textos clásicos, para que "dijesen" lo que a ellos les convenía que dijesen. Es decir, que su religión es "la única verdadera, anunciada ya incluso por los paganos". O sea que a todos los demás, fuego eterno y azufre hirviendo...]

Salud y frtaernidad.

pallaferro dijo...

Lo único que sé de todo esto del "eterno retorno" es que creo siempre todos vosotros ya estáis de vuelta cuando yo todavía voy errante en busca de mi Paraiso, procurando rozar en el camino algún destello extraviado de esa edad dorada.

Gracias por guiarme con vuestra luz.

Fendes jardinero dijo...

Estimada amiga Baruk, la idea del "retorno a la inocencia original" diferencia, entre otras cosas, al hombre de los animales; ellos, en su ignorancia, viven sin saber que sus ojos algún día perderán la luz. Los hombres en cambio imaginan en la vida celeste el huerto de Adán y Eva.
El verdadero paraiso, el único, se esconde detrás de los ojos de la persona amada. El jardín del edén se riega con la fuente del amor.

Salud, románico y un pase gratuito, con derecho a consumición, al paraiso interior de esta fraga. Besos efusivos a las bellas damas y un saludo cortés, pero sin demasiado afán, a los caballeros (por quedar bien).

Baruk dijo...

Savias tus palabras querido Fendes, por fuerza has de tener razón cuando dices que el Amor es la fuente que riega el Paraíso... quién decía aquello de que lo único que importa al final de la vida es que hayas amado?

Y en cuanto a la Edad de Oro, se comenta que no es el esperar una vida eterna en el más allá, sino que al alcanzar la Edad de Oro el hombre "pleno" ignora toda religión y vive limitandose a dar gracias y a disfrutar de lo que le ha sido otorgado. Es el reconocimiento emocionado de un alma simple y el afecto sin límite que lo vincula al macrocosmos.

No somos dioses, por eso morimos como hombres.

Efusivos besos para ti también

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Té la mà Maria - Reus dijo...

dando un vistazo a tu blog
saludos desde Reus

Anderea dijo...

No sé nada de todo esto. Casi no entiendo lo que decís. Pero esta entrada y sus comentarios me parecen de una gran belleza.

Gracias.

Pilar Moreno Wallace dijo...

En busca del Paraíso ... tan extraordinario ..., pero, ¿somos merecedores de ser acogidos en él?
Quizás sea esto: acogerse a tus letras y dejarse llevar hasta ese lado oculto que tu nos dejas entreveer...

Syr dijo...

No sólo creo que somos merecedores de él, Pilar, sino que cada uno de nosotros podemos reconstruir el paraíso allá donde encontramos nuestro propio reino. Tenemos la suerte de poder reconstruirlo casi en cualquier sitio, un pequeño rincón donde nos dejem plantar algunas cosas que arraiguen en nosotros.
Lo que no podemos olvidar es que, como dice Fende y Baruk, el Amor es la fuente que riega el Paraíso y que lo único que importa al final de la vida es que hayas amado.

Salud y románico

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