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03 noviembre 2009

* Anotaciones sobre la figura del Maiestas Domini de Taüll




El sentido sagrado del símbolo sólo puede ser percibido por quién tiene experiencia en lo sacro, pues es la concepción sagrada del cosmos lo que determina la significación de las imágenes y no al contrario. El símbolo, pues, expresa lo inenarrable.

Desde este punto de vista el Maiestas Domini no es sino la imagen de una Teofanía abierta, la visión entronizada de Dios. Un Cristo redentor pero también creador y ordenador del Cosmos. Es el Señor de la Creación, ordenador del tiempo y del espacio. El mundo en su último grado de manifestación

Pero como Él no pertenece al mundo aunque el mundo se encuentre en Él, se le representa dentro de una forma geométrica que constituye el espacio sagrado, la almendra mística o mandorla, lo que no es sino el aspecto no manifestado de lo Absoluto. El nimbo es atributo de Santidad. 
Distintivo asimismo de la Luz irradiada.

Y en el silencio y tinieblas del centro, la realidad se vuelve cosmoteándrica. EGO SUM.




Su mano es símbolo de poder y señorío. Mano y manifestación provienen de la misma raíz, siendo manifestado aquello que puede tocarse con la mano. Ejecuta con la derecha la Ley que sujeta con su izquierda.

Al bendecir muestra los dedos índice y corazón, que representan las dos naturalezas de Cristo, divina y humana o Él, como la concepción sagrada de la existencia, el símbolo del UNO que implica la paradoja de la coincidencia oppositorum, pues es, a la vez, inmovilidad y dinamismo, Realidad y Eternidad.



La mandorla o espacio sacro esta dividida en dos medidas, la superior o parte activa, donde interviene la voluntad de Dios (como plenitud del orden cósmico aparece el triangulo trinitario que sentencia la unidad de la trinidad e igualmente la división ternaria de la unidad) y la inferior o parte pasiva, donde se asienta la organización racional (cuadrado-perfección, cuatro puntos cardinales, los cuatro ríos del Edén, los cuatro evangelistas, los cuatro elementos de la creación universal)

Es el Axis mundi, el asiento del Creador, que permite la unión del Cielo y Tierra y que posibilita la Creación al manifestarse como Unidad y Ser.

La suma de los lados del triangulo y el cuadrado suman siete, el celebre septenario, número místico por excelencia y que se repite como ningún otro entre la simbología del espíritu (siete dones del Espíritu Santo, siete iglesias, siete sellos, siete días de la creación, etc). 



En este caso queremos hacer énfasis en los siete primeros días del Génesis, que dan lugar al ciclo completo de la creación del mundo, la esfera, el microcosmos donde Cristo asienta los pies y donde el germen de la vida está latente.

De la cabeza de Cristo emana la luz el nimbo crucífero y en donde, de manera evidente, la primera y última letra del alfabeto griego cuelgan a modo de balanza del aspa horizontal de la cruz. Se nos muestra aquí una "psicostásis" que nos transfiere al concepto del pesaje del alma cósmica.



Se trata de una "cosmostásis" global y eterna. El Alfa, principio de toda la vida manifiesta permanece en equilibrio con el omega final: el lugar oculto donde la vida se gesta. Su comprensión y equilibrio sólo se consigue a través de la omnipotencia de Dios, capaz de establecer y de reconciliar el principio y el fin.

Por otra parte y de forma curiosa, observamos que en la tradición cabalista judeocristiana, se dan unos singulares paralelismos conceptuales que parecen coincidir con ciertos esquemas de la imagen del Maiestas Domini de Taüll.



Según la cábala hebrea existen cuatro mundos o planos que van desde la pulsión de la idea divina hasta la materialización física de esa idea. Del más sutil al más denso, esos cuatro espacios, son conocidos como: Emanación, Creación, Formación y Acción.

Toda la concepción del universo pasa por esas cuatro fases, todo lo que vemos o sentimos tiene su origen en un destello que emana de Dios.

En la cábala hebrea, dependiendo donde se coloque la separación entre las letras, la lectura de las primeras palabras del génesis "Berechit Bara Elohim" pueden ser interpretadas tanto como “En el Principio Dios creó” o bien, “En la Cabeza Dios creó”.



La curiosa escuadra blanca que Cristo ostenta como ornamento en el pecho tiene un trazo muy similar a la letra hebrea Resh, cuyo significado es “Cabeza”. Y, la cabeza, siempre es asociada a la Sabiduría.


En cuanto al libro abierto que Cristo apoya en su rodilla y cuya leyenda proclama:“Yo soy la luz del Mundo”, nos lo indica bien claro, ÉL es la luz que permite que veamos entre tinieblas y que aporta la esperanza de salvación.



Por otra parte tampoco podemos dejar de observar que según la lectura hebrea la palabra LUZ tiene un concepto diferente. Su significado es “Almendra”. Percibiendo este término como la simiente o el hueso interior de los frutos que guarda el núcleo del árbol. (“El libro de Adán” de Carlos del Tilo).

Por tanto podríamos también leer: “Yo soy la semilla del Mundo”, entendiendo a Cristo como el germen o grano que abarca y protege en su interior el origen de la vida. Por algo se encuentra dentro de "Almendra Mística" cuya forma de hueso almendrado encierra la esencia de todo: al Maiestas mismo.

Y por último, reparar que no sabemos de ningún otro Maiestas Domini cuyos ropajes tengan una coloración igual a la del de Taüll; colores que pasan por el azul puro de la túnica, al gris del vestido interior mezclado con blanco y moteado de rojo.



Queremos insistir en esta gama cromática puesto que se da la curiosa coincidencia que en el árbol de la vida cabalístico, compuesto por diez esferas o manifestaciones divinas, la segunda de ellas, llamada Sabiduria y la que de alguna manera podríamos comparar con la segunda persona de la Trinidad, el Hijo, se le atribuye una gama de colores que coinciden curiosamente con la vestiduras de Cristo, a saber: Azul puro, gris iridiscente y blanco moteado de rojo. ("Guía práctica Simbolismo Qabalísitico”, Gareth Knigth).

Es posible que todo sea fruto de la coincidencia pero si no fuera así, habría motivos para sospechar que nuestro admirado Maestro de Taüll pudiera tener buenos conocimientos de la cábala judeocristiana, que en aquellos siglos se prácticaba entre los judíos de nuestro país y, especialmente, en la zona pre pirenaica.

Quizá en este posible caso el Maestro de Taüll podría ser judío autóctono de la zona, posibilidad que sospechamos, aún no ha sido nunca contemplada.





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