Sacrificios paralelos
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Pese a que la representación del pasaje bíblico del sacrificio de Abraham es frecuente en nuestro Arte Románico, son escasos los trabajos que hayan abordado los orígenes de su simbolismo desde la perspectiva arquetipal en las diferentes culturas arcaicas que permitan comprender la esencia de su significado y, de ese modo, ayudar a resituar el significante de su uso en esa precisa época del medioevo, explicándolo.
Comencemos por afirmar que todo sacrificio suponía la institucionalización de un nuevo orden, en cuanto que el hombre arcaico sólo recurriría a él en última instancia; cuando todas las diligencias hechas ante los dioses, los demonios o los brujos, con el fin de alejar un padecimiento, habían fracasado. Su concepción del sufrimiento sólo es imputable a la voluntad divina, ya porque interviene directamente para producirlo, ya porque permite que otras fuerzas lo provoquen.
Por tanto, desde el punto de vista formal, la representación del sacrificio de Abraham no pasaría de ser sino el referente cultural de la concepción tradicional de arcaicas civilizaciones, en las cuales el primer hijo era considerado como el del dios y era, mediante su sacrificio, como a la divinidad se devolvía lo que solo a ella pertenecía, restaurando y regenerando el orden establecido: la circulación de la energía sagrada en el Cosmos.
Y en cierto sentido, también Isaac era hijo de un dios, pues "Yahveh hizo con Sara lo que había prometido" (Gen. 21,1), frase de tan sexual connotación que sirve para rescatar la memoria de la arcaica costumbre Oriental de que las jóvenes pasaran una noche en el templo para ser fecundadas por el dios, o por su representante o "enviado".
Como es bien sabido, el sacrificio de Isaac terminó, a petición divina, con el intercambio del joven por un carnero.
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Ifigenia es llevada a la pira.
Mosaico romano procedente de Empúries (Girona)
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Un mito, que paralelamente, se presenta en Eurípides cuando, en su obra "Ifigenia en Aúlide", relata el pasaje en que la diosa exige que le sea ofrecida en sacrificio la hija del rey Agamenón, Ifigenia, pero al igual que Isaac, por mandato de la diosa, en el último momento se ordena el sacrificio de una cierva en su lugar.
Así como el sacrificio de Ifigenia estaba destinado a propiciar vientos favorables para el despliegue de la flota, ni los textos rabínicos, ni la liturgia judía, ni tan siquiera el Génesis explican por qué Dios pide a Abraham que sacrifique a su hijo, con lo que el judeocristianismo acabaría presentando a Abraham como modelo de justa obediencia, mediante la introducción de una novedosa categoría religiosa, la “fe”.
Se trataría, así, de romper con los arquetipos de la repetición y tiempo cíclico y, en definitiva, de marcar el final de la costumbre de sacrificar al primogénito a la divinidad.
Un contrasentido irrisorio, cuando al fin y al cabo, el mito del sacrificio primordial volverá a reaparecer con la muerte en la cruz del unigénito de ese propio Dios en cuyo nombre se abolió el Antiguo Orden.
El sacrificio de Isaac encierra una teofanía, simplemente.
En cananeo, Isaac significa, "cosa de risa".
Salud y románico


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